Cuando ayudar es estratégico

Muchas empresas de la construcción presumen de ser socialmente responsables.
Alejandra Leglisse

Ser una empresa socialmente responsable reditúa. A tal grado que comienzan a aparecer incluso en las bolsas de valores internacionales. El índice Dow Jones Sustainability World (DJSI World), en EU, tiene un capital de mercado de 10,713 millones de dólares (mdd) y está compuesto únicamente por acciones de empresas líderes en negocios sustentables. La base del índice son criterios económicos, pero también ambientales y sociales. Un estudio de la Reserva Federal de los Estados Unidos dice que de cada 900 dólares de los activos de una empresa, 600 corresponden a activos intangibles como la imagen empresarial y la percepción que tienen de ella los consumidores y los inversionistas.

En México la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) apenas está tomando relevancia. El Consejo Coordinador Empresarial (CCE), la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (Concamin) han formado la Alianza por la Responsabilidad Social Empresarial en México (AliaRSE) para fomentar que el empresariado nacional lo incorpore en sus estrategias de negocios.

La Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC) también está presente en la alianza. “Queremos promover la RSE en la industria, comenzando con nuestros afiliados y llegando a toda la cadena productiva”, explica Nicolás Mariscal, vicepresidente del Comité de Responsabilidad Social de la CMIC. No son muchas empresas las que contemplan esta cuestión. De las 174 empresas consideradas socialmente responsables en México, sólo 11 son de construcción.

Que sus negocios sean apreciados por las comunidades donde operan es el factor que realmente lleva a las empresas a dedicarse al entorno en el que se desenvuelven. “Más que un gasto es una inversión, porque  generan una buena reputación; les da mayor confianza a los inversionistas y por tanto mayor capacidad para obtener capital y rentabilidad en el largo plazo”, explica Jesús González Arellano, socio-analista de KPMG, consultora que asesora y verifica que las empresas cumplan con los estándares internacionales necesarios para ser socialmente responsables.

“La responsabilidad social no es un gesto gracioso, es todo un esquema de negocios”, explica Jaime Del Río, director de Relación con Inversionistas de Casas ARA. Según una encuesta realizada en 2002 por el Banco Mundial, 55% de los consumidores a nivel mundial premian o castigan a las empresas a causa de su conducta social.

Cada empresa decide a qué aspecto de la sociedad le dedica su actitud responsable. No hay una pauta, explica González Arellano, depende de su estrategia de negocios y sus procesos internos. “No es sólo filantropía”, explica. A pesar de esto, hay modelos comunes para algunas compañías. Las empresas del ramo de la construcción, de proveedores a desarrolladores de vivienda pasando por financieras, centran sus esfuerzos en dos rubros: el cuidado del medio ambiente y la construcción de casas para las familias más desfavorecidas.

Sin embargo, y aunque es una tendencia en auge, en México la responsabilidad social sigue siendo una actitud voluntaria. “Tenemos que despertar muy rápido”, dice González Arellano, de KPMG. Las mismas empresas realizan un autodiagnóstico, asesoradas por el Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi), para recibir el distintivo ESR (con vigencia de un año y renovable). Para ello, tienen que invertir cuando menos 50,000 pesos, que es lo que cuesta inscribirse al Cemefi. “Se les asesora para que identifiquen en que áreas son ya socialmente responsables y en cuáles tienen que trabajar”, explica Juan Felipe Cajiga, director de Responsabilidad Social del Cemefi.

Para ser socialmente responsable, el Cemefi valora cuestiones como la vinculación e impacto en la comunidad y la generación de valor agregado a diferentes actores como accionistas, empleados y el entorno en el que desarrolla su actividad. Con esto, la empresa establece sus estrategias para hacer más efectiva y eficiente la manera en que la responsabilidad social se integra a las estrategias medulares. “Tienen que cumplir cuando menos con 75% de los 120 indicadores que establecemos”, explica Cajiga.

El ESR es el distintivo más reconocido a nivel nacional, pero a nivel internacional existen otros organismos certificadores que establecen estándares para las empresas, pero igualmente voluntarios, como el GRI (Global Reporting Initiative), que es un modelo de reporte público, la norma SA8000, que es una certificación voluntaria y el AA1000 que facilita lineamientos voluntarios.

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