De entre las cenizas Ave Fénix

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Ángel Mendoza Cruz

La madrugada del 20 de octubre de 2000, la vida nocturna de la  Ciudad de México se interrumpe por un incendio en la discoteca Lobohombo. El inmueble desaparece en medio del fuego. Con tan sólo dos salidas y alrededor de 200 personas dentro, el caos reina, hay muertos y heridos.

El incendio exhibe la red de complicidad que une a autoridades corruptas con sitios carentes de medidas de seguridad, pero también pone al descubierto la falta de infraestructura adecuada para enfrentar este tipo de siniestros.

De esas cenizas, un beneficio queda: el surgimiento de la Unidad de Protección Ciudadana Ave Fénix, construida sobre el terreno expropiado —1,300 m2—, que ocupara el Lobohombo, en la avenida Insurgentes de la colonia San Rafael.

Después de sortear durante seis años dificultades económicas y legales, el proyecto es inaugurado, aunque inconcluso, el 30 de noviembre de 2006. Los 100 millones de pesos (mdp) que costó —46 mdp por construcción— provienen del Gobierno del Distrito Federal (DF), el Fideicomiso Ave Fénix y el Heroico Cuerpo de Donadores, AC.

El nuevo edificio, de cuatro niveles, va más allá de una estación de bomberos; es la central más moderna de su tipo en América Latina. En sus instalaciones alberga la primera escuela de prevención de accidentes y desastres, un instituto de profesionalización, centro de control de mando para recibir información de las 14 estaciones del DF, dormitorios, comedor, estancia, gimnasio, helipuerto y “bomberoteca”.

El proyecto del arquitecto Bernardo Gómez-Pimienta (Bruselas, 1961) cuenta con una fachada reflejante e interiores cubiertos en rojo, negro y blanco. La Unidad de Protección Ciudadana Ave Fénix conjunta diseño arquitectónico vanguardista y equipo de alta tecnología.

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