La metamorfosis de una antigua prisión

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—Paola Rosado González

El Archivo General de la Nación (AGN) alberga el acervo documental histórico más grande de Latinoamérica, pero los muros de este inmueble —de arquitectura panóptica— alguna vez fueron testigos de actos atroces cuando a este edificio se le conocía como "El Palacio Negro". En 1900 cuando Porfirio Díaz inauguró la Penitenciaría de Lecumberri que se había empezado a construir 15 años antes. La obra, que constaba de siete edificios alrededor de un patio circular donde estaba dispuesta la torre de vigilancia, fue bien aprovechada por el arquitecto Jorge L. Medellín, quien en 1977, por encargo del entonces secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, comenzó los trabajos de remodelación para que esta prisión se convirtiera en la sede del AGN. En 2006, la Secretaría de Gobernación invirtió 55.1 millones de pesos en la construcción de una nueva galería de 2,200 m2 al Sur-Oriente del conjunto Lecumberri, con lo que crecerá 43% su espacio, además de contar con nuevos sistemas de aire acondicionado, hidráulicos, de detección y extinción de incendios, y de vigilancia, a fin de minimizar las condiciones de alto riesgo en las que se encuentra —por estar situado encima de una falla geológica— y cumplir con los niveles adecuados de temperatura y humedad para la conservación de los documentos. El escenario de injustos encarcelamientos y fugas de peligrosos reos, sigue siendo un sitio para resguardar, esta vez, al más valioso patrimonio documental de México.

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