La nueva versión

Cuando se cumplen 40 años de la creación de Cancún, Fonatur quiere evitar los mismos errores
Héctor Parra

Playas de fina y blanca arena, aguas turquesas que contienen la segunda barrera de arrecifes de coral más grande del mundo, ríos y cuevas subterráneas en medio de la selva tropical… Hace apenas 10 años era un destino virgen para viajeros en busca de aventuras en comunión con la naturaleza salvaje. Hoy, la franja de 130 km en la costa oriental de Quintana Roo conocida como Riviera Maya está en plena explosión turística bajo la batuta del Fondo Nacional de Promoción Turística (Fonatur), que quiere hacer de este lugar paradisíaco un nuevo Cancún.

En sólo una década se han construido 30,000 cuartos de hotel en la zona. Es el nuevo Centro Integralmente Planeado (CIP) de Fonatur. La idea es evitar la concentración vertical y ofrecer resorts en equilibrio con la naturaleza. Para 2025 Fonatur quiere 11 millones de turistas y 110,000 cuartos de hotel.

De todos los destinos que promueve Fonatur, la Riviera Maya es el que mayor crecimiento proyecta tanto en hoteles como en condominios. En 1995 tenía 1,470 habitaciones, mientras que el año pasado ya eran 30,705 cuartos, distribuidos en 332 hoteles. Durante los últimos tres años el ritmo de crecimiento relativo a la industria hotelera en la Riviera Maya ha sido de 9.3%, con un promedio de 2,694 cuartos nuevos por año. La construcción es vertiginosa. En lo que resta de 2007 se terminarán al menos ocho grandes hoteles (3,408 habitaciones más), para cerrar el año con 34,113 cuartos, según el Fideicomiso de Promoción Turística de la Riviera Maya.

Para poder atender a todos los turistas que van a estar llenando estos cuartos de hotel Fonatur tiene previsto también nueva infraestructura. La carretera que hoy conecta Cancún con la Riviera se convertirá en un bulevar turístico. También tiene previsto instalar un tren rápido de pasajeros entre Cancún y Tulum. Entre los interesados en la concesión está Fernando Chico Pardo, director de Aeropuertos del Sureste (ASUR), quien declaró estar “abiertamente interesado en desarrollarlo no sólo para los turistas, sino para los trabajadores de la zona”.

Respetar la naturaleza
Uno de los objetivos en la zona es que las construcciones no dañen tanto el entorno natural, porque el turista que llega busca el contacto con la naturaleza, a diferencia del que llega a Cancún. Los complejos Mayakobá, Fairmont, Xpu Ha Palace y Mandarín, en construcción, tienen un perfil diferente a lo desarrollado en Cancún. “Son ejemplos a nivel mundial de cómo se puede construir respetando el entorno”, señala Manuel Paredes, director de la Asociación de Hoteles de la Riviera Maya (AHRM).

El proyecto Mayakobá, de la española OHL, invirtió seis años y 6 millones de dólares (mdd) en investigaciones y trabajos para el rescate de los recursos naturales del lugar. El resultado son manglares, playas, dunas, barreras arrecifales y cuevas en los que habitan monos, tortugas, pelícanos y flamencos, dentro de un desarrollo de hotel de lujo, con campo de golf. Los edificios son pequeños y reservan la mitad del terreno para la vegetación. Las zonas urbanizadas, los clubes de playa, el manglar y la jungla del compllejo están unidos a través de una red de canales y lagunas que aprovechan el agua subterránea. La inversión total es de 1,500 mdd y tardará en completarse siete años.

La idea es llegar a turistas que todavía no visitan esta zona, que gastan más y producen un menor impacto, diferentes de los golferos, los que hacen turismo náutico y de cruceros, que suelen llegar a Cancún. Los nuevos visitantes buscan una experiencia más cercana al ecoturismo, con visitas a zonas relativamente inalteradas. Es por esto que, a diferencia de Cancún, se quiere propiciar la participación de los pobladores locales en los procesos de planificación, sobre todo de los desarrollos más pequeños. “La experiencia nos ha demostrado que debemos hacer mejor las cosas, los hoteles que se están construyendo ahora están mucho más preocupados”, explica Paredes, de la AHRM.

Las piedras en el camino
El desarrollo turístico de la Riviera Maya ha ido ligado al de Cancún, ya que esta ciudad es la única que posee un aeropuerto internacional en la zona. El crecimiento y la cantidad de movimientos diarios en el aeropuerto cancunense ha sido el detonante de la propuesta de construcción de una terminal aérea.

Pero ahora se empieza a plantear un nuevo aeropuerto, independiente del cancunense, en la Riviera Maya. El proyecto fue anunciado el año pasado por el gobierno federal, todavía bajo el mandato de Fox, pero hasta ahora no ha lanzado la licitación. El nuevo aeropuerto requiere una inversión de 120 mdd. Los interesados no faltan, pero los opositores tampoco. Aeropuertos del Sureste (ASUR), responsable de la gestión del aeropuerto de Cancún, se opuso ante la posibilidad de perder pasajeros en Cancún. Sin embargo, ahora estudian la posibilidad de quedarse los dos.

La polémica está servida, ya que muchos piensan que si se llega a realizar este aeropuerto Cancún dejará de recibir muchos turistas que ahora pasan antes de llegar a la Riviera Maya. Más de 70% de los turistas que llegan a Quintana Roo por avión tienen como destino final la Riviera Maya, que recibe cada año más de dos millones de turistas.  

Un nuevo aeropuerto podría aumentar, por otro lado, la presión de población en la zona. El crecimiento tan brutal de las construcciones en la costa rivierense conlleva algunos problemas como la falta de vivienda para los trabajadores que primero construyen y luego dan servicio a hoteles y condominios. En su mayoría, viven en Cancún, donde los problemas urbanos son muchos (ver Obras 415, Plato roto). Los errores del primer CIP, en menor escala, se repiten sobre todo en los centros urbanos, como el Ejido de Playa del Carmen, donde la planeación y el desarrollo urbano tienen significativos rezagos.

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