Reconstrucción altruista

Fomento Social Banamex trabaja en la reconstrucción de zonas afectadas por desastres naturales.
Hugo Salvatierra Arreguín

Fomento Social Banamex trabaja en la reconstrucción de zonas afectadas por el tsunami y los huracanes Paulina, Isidoro, Stan y Katrina. Al respecto habla Fernando Peón, director general de Fomento Social Banamex.

¿Es buena la primera solución que recibe un damnificado?
La falta de prevención y planificación que tenemos en el país nos lleva a ver cosas tremendas, que no son lo que nosotros quisiéramos en cuanto a la dignidad del ser humano, su familia, su espacio y su hábitat. Siento que estamos atrasados en el diseño de modelos de prevención adecuados para los diferentes grupos sociales, lo que evitaría muchas pérdidas humanas y materiales.

A lo largo de estos años he visto construcciones muy bellas, pero también verdaderos desastres. Me ha tocado ver casos donde, por razones políticas y la prisa, se hacen edificaciones que no están adaptadas a las necesidades de la gente, ni al entorno en el que se construyen, ni tampoco fuera de las zonas de riesgo. Creo que es algo que conjuntamente debemos aprender a enfrentar.

¿Ha tenido una mala experiencia?
Más que malas, han sido experiencias interesantes. Por ejemplo, tras el huracán Isidoro, en Yucatán, a la hora de la reconstrucción nos encontramos con que muchas veces las viviendas no estaban legalmente inscritas y eran del padre, pero ya tenía hijos y nietos y había una disputa por los espacios. Tuvimos que llamar a notarios públicos.

¿La industria de la construcción es dada a la filantropía?
Yo siento que debemos hacer un esfuerzo para que cada día se involucre más. Sin lugar a dudas, el tema de la vivienda forma parte de las pocas cosas que una familia y un ser humano puede tener como su patrimonio sumado a su fuente productiva; esta conciencia se ha ido abriendo y me gustaría muchísimo fortalecerla a través de parámetros que nos permitan ubicar quién es quién en la vivienda —los modelos, el material, la transparencia de los costos, la construcción y la ubicación—, para hacer edificaciones adecuadas a su entorno y que permanezcan en el  tiempo.

Hay muchas cosas que pulir: dejar perfectamente claro cuándo se está hablando de filantropía y cuándo de negocios, y ser terriblemente estricto en la transparencia, para no mezclar peras con manzanas. Con las constructoras hemos ido delimitando dónde termina el negocio y dónde empieza el beneficio solidario con los directamente afectados.

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