Dólares a la vista en las marinas

Las marinas salen a flote gracias al impulso del sector inmobiliario Se cuadruplicará en tres a
Se espera que en los próximos tres años el número de marinas
Cristina Calvo

Cansados de viajar por todo el Pacífico y el Mar de Cortés sin encontrar un lugar para atracar su embarcación y tomar un descanso, María Teresa y Eddy Grossman decidieron construir su propia marina en San Carlos en el estado de Sonora.

Tardaron siete años en terminarla pero hoy tiene 350 posiciones de atraque y 500 embarcaciones en su parte seca. Pero no todos los navegantes pueden hacer lo mismo que los Grossman, la mayoría prefiere navegar en otras costas debido a la precaria infraestructura náutica con la que cuenta el país actualmente.  Por esa razón, las marinas mexicanas no habían podido salir a flote a pesar de que en otros países son uno de los negocios más rentables del turismo náutico. Sin embargo, hoy en día están recibiendo un fuerte impulso por parte de los desarrollos inmobiliarios que han visto en ellas una veta de oro. “Una marina llega a elevar hasta cinco veces la plusvalía de un desarrollo residencial”, dice Teresa Celis Grossman, quien ahora dirige la Asociación Mexicana de Marinas Tu­rísticas (AMMT).

Con los desarrollos inmobiliarios de estandarte, la marinas mexicanas renacen. De acuerdo con el Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET) durante los próximos 10 años se construirán 563 marinas. Actualmente existen 48 con 5,500 espacios (en Baja California, Sonora, Sinaloa, Jalisco, Colima, Guerrero, Oaxaca, Veracruz y Quintana Roo), según registros de la AMMT.

Las marinas implican inversiones millonarias. “Una natural, con 100 posiciones de atraque, requiere de 10 a 15 mdp; en una artificial la inversión se duplica”, estima Julio Martínez, director general de JMH, empresa dedicada a la planeación, proyecto y construcción de marinas.

El propósito principal de una marina es dar plusvalía a los terrenos colindantes; sólo son rentables si forman parte de un desarrollo inmobiliario. De lo contrario,  resulta muy complicado recuperar la inversión únicamente con el servicio de atraque, dice Celis Grossman.

Todos al abordaje
Difícilmente se encuentra un mercado tan grande a tan corto alcance, pues sólo el costo por posición de atraque oscila entre 25,000 y 50,000 dólares por embarcación, dice Celis Grossman. Cada embarcación extranjera deportiva que llega al país deja una derrama económica de 10,000 dólares anuales, afirma la Secretaría de Turismo (Sectur). El potencial es enorme, por lo que ya se están repartiendo el mercado. Grupo Questro, de Eduardo Sánchez Navarro, está construyendo una marina en Puerto Los Cabos, en Baja California Sur, con una inversión de 500 mdp. En Nayarit se construye La Cruz Yacht Club bajo la batuta de Pedro Fernández del Valle, con una inversión de 350 mdp; El Dorado en Veracruz, de la familia Ruiz Ortiz, con 100 mdp; Playa Mujeres Resort, que encabeza la familia Hank, que en conjunto implica más de 380 mdd y concluirá en 2010; Marina Majahua en Puerto Marqués, Guerrero, con 400 mdp a cargo de Proyecto Promotora Majahua filial de Grupo Mexicano de Desarrollo (GMD); los Grossman iniciaron la tercera etapa de la Marina San Carlos con 55 mdp; otro más es Puerto Cancún, en Quintana Roo de Michael Eugene Kelly, en Fideicomiso con Fonatur con 500 mdp.La lista sigue.

Desde hace 25 años se venía promocionando turísticamente al Golfo de California con el proyecto Escalera Náutica, un ambicioso plan gubernamental que pretendía impulsar la zona desarrollando marinas. El plan era construir 27 marinas para yates en los litorales del Pacífico y del Mar de Cortés en la Península de Baja California, Sonora, Sinaloa y Nayarit pero el proyecto no se terminó. Hasta ahora se han invertido 1,500 mdp y faltan cuando menos 400 millones más para terminarlo, explica Miguel Gómez Mont, director de Fonatur.  Se han integrado 12 marinas al proyecto pero siguen pendientes las de Bahía de los Ángeles y Santa María, en Baja California, y las de San Blas y Topolobambo, en Sinaloa, detalla.

En noviembre pasado el Gobierno Federal otorgó a Nafin la concesión para desarrollar una marina en Santa Rosaliíta, Ensenada, en Baja California con tres muelles, 45 posiciones de atraque y una inversión de 39 mdp.

Las marinas son una mina de oro; sólo en la costa oeste de Estados Unidos hay 8,000 navegantes que podrían desplazarse a aguas mexicanas y 13,500 embarcaciones remolcables más, que podrían hacerlo por vía terrestre según datos de Fonatur.

Estados Unidos concentra más del 50% de las 30 millones de embarcaciones turísticas del mundo, tiene 12,000 marinas con 875,000 espacios de atraque; solamente Rhode Island tiene 300, según la Asociación Nacional de Manufactureras Marinas de ese país.

Si México captara 1% de ese mercado potencial, tendría un ingreso de 1,400 millones de dólares por año, estima Sectur.  Pero el país sólo recibe 10 mil embarcaciones, dice Celis Grossman.

Las marinas tienen un freno verde porque su impacto ambiental llega a ser muy negativo. “Puede desplazar manglares, marismas, cuerpos lagunares, selvas o terrenos agrícolas”, afirma el doctor Francisco Flores, investigador del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, por lo que su desarrollo debe ser cuidadoso.

Pero el mayor obstáculo que enfrentan los desarrolladores de marinas es la falta de financiamientos. “Se necesitan créditos blandos para construir (concesiones y permisos) y para la operación (registro de embarcaciones, trámites aduanales y regulación tributaria) para incentivar la entrada de embarcaciones al país”, dice Thomas Cortés, director de energía y puertos de GMD,  a cargo de Puerto Isla Mujeres en Cancún, Quintana Roo y Majahua, en Acapulco, Guerrero.

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