El negocio está en el cielo

México impulsa su industria aeronáutica con un cluster de tecnología y ayuda de los británicos.
La fabricación de piezas aeronáuticas es un mercado con gran  (Foto: )
Miriam Pineda

México está  bajo la mira de la industria aeroespacial británica y tiene grandes posibilidades de captar inversiones millonarias por parte de las empresas que lideran este sector. En la última década esta industria ha madurado rápidamente en el país; actualmente las cerca de 180 empresas instaladas en el país facturan alrededor de 2,700 millones de dólares (mdd) anuales en partes de aeronaves, pero ello es sólo un pequeño trozo de lo que podría llegar a ser, ante un mercado con un valor de más de 103 mdd tan sólo en aeronaves nuevas, según estimaciones de la firma Aerostrategy.

Las perspectivas para que la producción en México continúe creciendo son favorables, particularmente ante el decidido interés de las empresas británicas.

“Dado el ámbito de experiencia y tecnología que el Reino Unido tiene para ofrecer, y el creciente número de empresas que nacen o migran para operar en México, está claro que estaremos viendo más y más vínculos comerciales entre ambos países”, señala un estudio de la Embajada Británica en México.

La británica GKN es una de las firmas  más activas. Recientemente adquirió una planta en San Luis Potosí —anteriormente propiedad de la norteamericana Teleflex— y  tiene fábricas de componentes aeronáuticos en Baja California Norte y de autopartes en Guanajuato.

“Las relaciones comerciales también se incrementaron fuertemente debido al rápido crecimiento que en los últimos años han tenido las aerolíneas de bajo costo en México. Airbus y Rolls Royce han asegurado contratos con operadores líderes tales como Interjet y Volaris para su flota y sus motores respectivamente”, reportan los británicos.

El Reino Unido alberga a la segunda industria aeroespacial a nivel mundial con una facturación anual de 46 mil millones de libras, al poseer una de las cadenas de proveedores más grandes a nivel mundial, conformada por cerca de 3 mil compañías. Estas empresas además de brindar empleo a más de 66 mil personas tan sólo en sus operaciones dentro del país, ofrecen un valioso capital tecnológico.

De acuerdo con Emilio Otero, presidente de la Federación Mexicana de la Industria Aeroespacial Mexicana (FEMIA), la posibilidad de la llegada de capital británico y en general europeo al sector aeroespacial mexicano sería un tanto coyuntural y dependería también de que se ganen algunos contratos que están gestionando algunas filiales de Airbus con el Departamento de Defensa estadounidense. “De alguna manera a todas las empresas europeas se les ha encendido la banderita de que el euro está imposible y de que tienen que irse a zona dólar y dentro de la zona dólar, si bien Estados Unidos es una zona de bajo costo, un tanto más asequible está México, sobre todo al contar con sus tratados de libre comercio”, señaló.

El también director de Turborreactores ITR México (empresa trasnacional con sede en Querétaro), destacó que también habría capacidad para captar inversión de empresas francesas, alemanas y españolas, que igualmente están siendo afectadas por el mismo entorno macroeconómico.

A pesar de la situación potencial benéfica para los inversionistas internacionales de reducir sus costos entre 10 y 30% al asentarse en el país, según afirman cifras de Bancomext, aún falta mucho para que México sea el lugar perfecto para invertir. El país debe trabajar en varios frentes, tales como la creación de capital humano especializado, el desarrollo y certificación a sus proveedores en materia aeronáutica, así como potenciar su evolución de ser maquilador a ofrecer valor agregado a través de la ingeniería y el diseño.

Actualmente ya existen distintas iniciativas para promover la formación de profesionales y técnicos con una alto nivel de especialización, como es la creación del Consejo Mexicano de Educación Aeroespacial (COMAE). Y es que el capital humano es —a decir por los especialistas— el que mayor tiene peso en la decisión de una empresa extranjera para instalarse en México. Es así que el Consejo busca afinar la respuesta que se le da a la industria aeronáutica y contempla intercambio de profesores, alumnos y programas de estudio, además de profundizar en áreas de investigación y crear diversas redes de colaboración.

Como segundo factor de decisión de inversión destaca la existencia de suficientes proveedores certificados según la normativa aeronáutica. No obstante, ejemplos de la necesidad de impulsar este rubro abundan en la industria: “Hay una empresa en Mexicali que se llama Volare Engineering que no puede exportar o vender sus productos directamente por carecer de certificación, tienen que trabajar a través de empresas americanas y europeas que los subcontratan y finalmente el valor agregado se lo quedan esas grandes empresas”, señaló Gilberto Elías, consultor de Producen, empresa especializada en el sector. Es así que el tema de certificación es algo crítico en la industria, ya que en México hay poco personal para certificar en AS9000, que es la requerida para este sector. Paralelamente, puntualizó, se debe implementar el acuerdo que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) firmó en septiembre de 2007 con el gobierno de Estados Unidos y que permite que inspectores mexicanos certificados puedan inspeccionar piezas de aviones que se producen en el país y éstas puedan ser exportadas, sin necesidad de ser aprobadas por un tercero.

Al respecto, Luis Téllez, titular de SCT, señaló que dicho acuerdo “ha sido fundamental para que la industria aeroespacial de América del Norte se establezca en México”. Adelantó que en breve el Gobierno Federal abrirá negociaciones para un acuerdo similar con la Unión Europea, denominado BASA (Bilateral Aviation Safety Agreement), para que Airbus pueda producir piezas en México y también ser inspeccionadas aquí por inspectores mexicanos.

Estos factores, si bien son importantes para el establecimiento de empresas aeronáuticas en el país, destacó el presidente de la FEMIA, deberían ser parte de un plan nacional para la industria aeroespacial, que coordine los esfuerzos en este sector y que involucre a la banca de desarrollo para incentivar tecnología propia, al ofrecer préstamos con tasas y plazos adecuados para el desarrollo de tecnología, tal y como existe en Europa con el caso de Airbus. Incluso, agregó, convendría incluir la creación de un fondo multianual de promoción del sector, para tener la capacidad de dar seguimiento al desarrollo de tecnología, así como el establecimiento de un organismo al que se le otorgue la capacidad de revisar todas la compras gubernamentales y que dé prioridad a las empresas nacionales que desarrollen tecnología. Este mecanismo es empleado en otros países con éxito y sería una estrategia que prácticamente no implicaría ningún costo.

México tiene la oportunidad de enfocar sus objetivos en desarrollar estas estrategias a fin de potenciar con mayor efectividad las inversiones que intensivamente procuran los estados y el Gobierno Federal mediante Proméxico, un fondo que opera en coordinación con el Banco de Comercio Exterior (Bancomext) y la Secretaría de Economía. Si bien Proméxico ha sido fundamental en el acelerado crecimiento en esta industria —que tan sólo en 2007 registró la incorporación de 34 empresas— el verdadero reto es que México desarrolle alas propias que hagan despegar a esta industria.Los primeros pasos ya se dieron con el diseño, fabricación y comercialización del primer avión no tripulado producido en México, por Hydra Technologies de México bajo el auspicio del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Raúl Castillón, ejecutivo de la británica Doncasters, con sede en Nuevo León, considera que ciertas zonas del país han dejado de ser simple mano de obra barata y están siendo consideradas para fabricar piezas de alta ingeniería.

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