Una grande en el banquillo

GUTSA se enfrenta a la opinión pública en la Autopista del Sol.
Ricardo J. Galarza

La noticia saltó a los medios nacionales hace unos meses. Caminos y Puentes Federales de Ingresos y Servicios Conexos (Capufe), responsable de la administración de las carreteras del país, acusaba a GUTSA de no cumplir en la reparación de la Autopista del Sol, la Cuernavaca–Acapulco, y le retiraba la concesión a la vez que la inhabilitaba por un año para participar en otras licitaciones.

Obras tuvo acceso a la documentación que muestra que la empresa honró sus compromisos. No fue hasta después de asignada la obra que los ingenieros de la compañía advirtieron que el proyecto presentado por Capufe no correspondía a las condiciones reales de la autopista, por lo que inmediatamente solicitaron a la dependencia de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) que reclasificara el proyecto en sus dimensiones y costos.

Capufe no lo hizo. Un año y medio más tarde, GUTSA volvió a solicitar la reclasificación del proyecto, a lo que la dependencia respondió con un nuevo proyecto inadecuado. Fue tres años después, en agosto de 2006, que Capufe modificó el proyecto de acuerdo con lo solicitado por la empresa. Entonces se reanudaron las obras, pero ya habían pasado tres años.

La inhabilitación afecta a la empresa fundamentalmente en su reputación, opina Carlos González, analista de Grupo Financiero IXE. “En la medida en que se repitan estas cosas, podría perjudicarla en futuras licitaciones”. En cualquier caso, GUTSA tiene numerosos proyectos carreteros y de puentes en el Estado de México, de edificación en Baja California y otros 17 estados, y otros tantos proyectos con Petróleos Mexicanos (Pemex), que no dependen de Capufe y que, por tanto, pueden mantener.

“Lo de Capufe es un problema pasajero que se resolverá en las intancias correspondientes”, dice Alejandro Alencaster, director general de GUTSA. “Nosotros siempre le apostamos a México y al futuro”. Y agrega: “Éste será el sexenio de la infraestructura, y nosotros queremos ser parte viva de esos esfuerzos”.

El Plan Nacional de Infraestructura prevé en el mejor escenario una inversión de hasta 8% del Producto Interno Bruto (PIB) en el rubro en este sexenio, mientras que en la administración anterior se invirtió sólo entre 1 y 1.5%. En el peor de los casos, apunta González, de IXE, la inversión sería de 3% del PIB. “Ya estamos hablando del doble”, explica refiriéndose al sexenio anterior.

De momento, GUTSA cuenta con una cartera de 100 contratos de obra en 19 estados del país, tiene una plantilla de 650 empleados —sin contar los que tiene en obra— y factura cerca de 300 millones de dólares (mdd), con un crecimiento promedio de 30% anual en los últimos tres años.

Y sin embargo se mueve
El problema con Capufe ha diluido la imagen de una de las compañías de construcción más importantes de México. Desde su fundación en 1944, la empresa ha levantado algunas de las obras más emblemáticas del país, como el Palacio Federal de Torreón, su primer gran proyecto, el acueducto de la Ciudad de México, la autopista México-Querétaro, o el Museo Rufino Tamayo, también en la capital.

Fue a partir de fines de los 80 bajo la batuta del actual presidente, Juan Diego Gutiérrez Cortina, que GUTSA se convierte en un holding de alcance mundial. A través de asociaciones con las grandes empresas internacionales del sector logró llevar a cabo proyectos tanto en México como en el exterior, fundamentalmente Centroamérica. Además, la empresa construyó algunas de las obras de mayor trascendencia y vanguardia para la capital del país: el World Trade Center, el Centro Corporativo Marco Dine en Santa Fe (conocido como el edificio Pantalón), la Torre del Caballito o los corporativos 3M, IBM y Televisa en Santa Fe.

Sin embargo, los coletazos de la crisis del 94 pusieron en peligro sus 60 años de existencia. GUTSA vio reducida su producción un 50%. “Fue muy fuerte, apalancarse en dólares y venir a cumplir con todo el mundo nos costó muchísimo”, recuerda Alencaster. Los sexenios de Zedillo y Fox resultaron magros en obra pública, por lo que la recuperación de la empresa no fue todo lo acelerada que sus directivos hubieran deseado. Pero Alencaster es optimista. En este periodo de fuerte impulso al sector esperan crecer como nunca. “Ahora que vienen tiempos mejores, vislumbro una GUTSA muy fortalecida”.

Hoy tiene a su cargo obras como el Distribuidor 2, un puente de 3.6 kilómetros de largo que unirá al Viaducto con la nueva terminal del Aeropuerto de la Ciudad de México, con un costo de 50 mdd. Otras son el Microcircuito de Distribución de Agua Potable, en el Estado de México; el Agrocentro Siglo XXI, en Veracruz, y numerosos proyectos viales, puentes y carreteras, también en el Estado de México. Sólo el proyecto de adecuaciones a las vialidades de las torres de alta tensión en Toluca asciende a los 130 mdd.

A esos se suman sus obras con Pemex, otras en el Aeropuerto de la Ciudad de México, el Aeropuerto de Guadalajara y otros que alcanzan los 30 mdd. Pero sin duda uno de los más importantes está en Rosarito, en Baja California (ver p. XX). Es un complejo residencial de lujo que están levantando para el magnate estadounidense Donald Trump, un proyecto de 140 mdd. Si pronto la atención se centra en este importante complejo, GUTSA logrará hacer olvidar la mala prensa a propios y extraños con una buena obra en la que todos querrán descansar.

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