Redescubriendo a Pani

A más de 60 años de su construcción, Río Balsas 37 renace como una opción atemporal y fuera de
Claudia A. Arozqueta

Mario Pani (1911-1993) fue uno los arquitectos mexicanos más prolíficos durante el siglo XX. Además de la introducción de los multifamiliares y condominios habitacionales en México, se le deben la gestión de la Ley de Condominios; el Centro Urbano Presidente Alemán (en Félix Cuevas y Av. Coyoacán); la creación de la Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco; una participación decisiva en la planificación de Ciudad Universitaria y Ciudad Satélite, así como la modelación del perfil urbano de varias zonas y avenidas de la Ciudad de México.

Uno de los edificios habitacionales creados por Pani, ubicado en la calle de Río Balsas número 37, en la colonia Cuauhtémoc, ha tomado un nuevo aire gracias a los trabajos de  renovación que ha llevado a cabo Alter Arquitectura —un taller de jóvenes arquitectos fundado por Juan Carral O’Gorman, Juan Pablo y José Miguel Valdés Basaguren. Este condominio es uno de la serie de edificaciones de gran altura que erigió Pani en la década de los cuarenta, con el deseo de densificar a la ciudad para evitar un crecimiento desmedido.

No convencional, genial
Construido entre 1943 y 1945, el inmueble fue esquinado en el terreno con el objeto de que fueran visibles las cuatro fachadas: la frontal, donde destaca la columna de ventanales flanqueada por balcones que cercan las estancias; la posterior, en donde se observa la escalera curva, así como dos grandes muros recubiertos de ladrillo donde destacan los marcos de concreto que enmarcan las ventanas circulares y rectangulares, y las fachadas laterales, donde se aprecian las terrazas y un paramento de cantera con pequeñas ventanillas cuadradas. La distribución interior resulta en un modelo audaz y espacialmente sugerente, en una solución de dos departamentos por cada tres niveles o “dos en tres” como le llamaba Pani.

El acceso a cada pareja de apartamentos ocurre mediante puertas vecinas en el mismo piso, compartiendo esa planta con muro de por medio. Después, comunicados por escaleras encontradas, continúa uno hacia arriba y otro hacia abajo desembarcando independientes en pisos completos. Con este sistema, las estancias en hemiciclo de cada uno ganan mayor altura al desplantarse sobre plataformas a medios niveles. La planta baja del inmueble alberga un amplio vestíbulo y un local comercial que originalmente era otro departamento. Los cuartos de servicio se encuentran en un edificio independiente de tres niveles ubicado detrás y donde actualmente residen las oficinas de Alter.

Buenos cimientos
En el año 2005, después de adquirir la propiedad, Alter Arquitectura inició el proyecto de rescate del edificio de Río Balsas. El arquitecto Juan Carral O’Gorman, miembro fundador de esta empresa, comenta para Obras que el edificio sufrió alteraciones hechas por el dueño anterior: “Cambiaron por completo la paleta, las texturas y el aspecto exterior del edificio. El interior del inmueble lo encontramos en mejor estado, aunque con modificaciones que no tenían nada que ver con el proyecto original. Nos encontramos ante un edificio tan contemporáneo en funcionamiento, ubicación, calidad espacial y sistema constructivo, que es de llamar la atención el estado de abandono en el que se encontraba”. A pesar de que varias construcciones de Mario Pani desaparecieron con el temblor de 1985 —entre ellos algunos edificios de Tlateloco y la torre de la Escuela Normal de Maestros—, este condominio no requirió ser intervenido ya que en 1957 fue recimentado bajo la dirección de Leonardo Zeevaert y Wolfgang Streu, tras sufrir un inclinamiento importante meses antes del temblor que hizo caer al Ángel de la Independencia: “Se reniveló con gatos hidráulicos y se colaron nueve pilas Caisson de concreto, con las cuales el edificio hoy en día se mantiene en muy buen estado estructural”, asegura Carral O’Gorman.

Respeto póstumo
Los trabajos de renovación consistieron en eliminar todo aquello que no estuviese apegado al proyecto original. Se retiraron varias capas de pintura que cubrían el tabique, las cuales lo conservaron en buen estado; se retiró toda la cancelería de aluminio dorado y se instaló herrería blanca apegada al modelo inicial; se cambiaron vidrios; se renovaron tanto las instalaciones hidráulicas y sanitarias como las de gas; se lijaron y pulieron todos los acabados en madera; se acondicionaron los departamentos con cocinas y baños nuevos de la mejor calidad. Asimismo, gracias a fotos antiguas del edificio, se pudieron reconstruir las barras de cantina que forman parte indispensable de cada departamento. La inversión aproximada ascendió a seis millones de pesos.

Desgraciadamente, la idea de dejar libres las fachadas fue afectada en la década de los 60 al ser construida una torre con la misma altura y materiales en el espacio que ocupaba el jardín. Hoy, ese edificio está siendo remodelado por Alter con un estilo completamente distinto. Como resultado del trabajo realizado por este taller de arquitectos y su equipo de trabajadores, el edificio de Río Balsas 37 ha recobrado su elegancia y presencia, colocándolo de nuevo entre uno de los edificios habitacionales más funcionales, emblemáticos y bellos de la ciudad.

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