Rescate Monumental

Después de diversas intervenciones, la Catedral Metropolitana ya luce libre de andamios
Marcos G. Betanzos Correa

El monumento religioso más importante de México ha recobrado su esplendor y finalmente se ha garantizado su estabilidad estructural. La Catedral Metropolitana —edificación considerada patrimonio arquitectónico de América Latina— luce pletórica: libre de andamios, escaleras o dispositivos de control geométrico. Se han ido aquellos sonidos de herramientas que en los últimos años hacían eco al celebrarse la homilía.

Restaurar un monumento de tal importancia cultural e histórica no fue fácil, mucho menos reunir la voluntad política para realizarla, asegura el Dr. Xavier Cortés Rocha, titular de la Dirección de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural. Los trabajos realizados requirieron una inversión superior a 120 millones de pesos, provenientes de los gobiernos Federal, capitalino y de España, además de aportaciones de diversas asociaciones civiles, empresas y particulares.

Según Cortés Rocha, los daños generados en el monumento son producto del hundimiento sufrido por la Catedral, que ha derivado en una pérdida de la vertical entre la cúpula y el piso. Este proceso puede dividirse en dos etapas: la primera, registrada entre 1573 y 1900, y la segunda de 1901 a 1989 cuando se alcanzó un desnivel máximo de 2.4 m, sin duda el momento más crítico a nivel estructural.

Los daños ocasionados —fisuras, roturas, desprendimiento de piezas, etcétera— en algunos de los elementos arquitectónicos y artísticos del monumento como la cúpula principal, las portadas laterales, columnas, ventanas, retablos, pinturas, entre otros, han sido ocasionados por los hundimientos diferenciales, por los sismos frecuentes de regular intensidad, un incendio ocurrido en 1967, y por las obras mismas de corrección geométrica y rehabilitación estructural emprendidas entre 1989 y 2000.

Los trabajos de estabilización estructural ya finalizaron y los diversos tensores de acero dispuestos en la zona de cruceros (que evitaron la tendencia de desplome existente en las portadas) fueron retirados; la colocación de refuerzos de acero en la zona de feligresía dejaron la catedral perfectamente ligada a la cimentación para evitar que los momentos actuantes puedan hacer daño a la estructura que ya había sido reparada en años anteriores. El péndulo ubicado en el crucero principal atestigua lo que se ha recuperado: “La meta era regresar al desnivel que se tenía en 1940, ya que intentar enderezarla completamente hubiera sido una locura”, asegura el Dr. Cortés Rocha.

La estructura sigue vigilándose, para lo cual se cambió todo el sistema de monitoreo que mide las aberturas de las bóvedas y la inclinación de las columnas; se instalaron equipos nuevos provenientes de Italia que mantienen un registro constante, vinculado con el Instituto de Ingeniería de la UNAM, el cual elabora los reportes del comportamiento estructural del edificio.

Cabe la posibilidad de realizar otras intervenciones a futuro debido a que la sobreexplotación de los mantos acuíferos provoca asentamientos de entre 7.5 y 8 cm al año.

Al interior del recinto
En 2001 comenzó la sustitución del piso de mármol en la feligresía —desprendido por los hundimientos diferenciales—, donde se colocó un mármol nacional seleccionado por su luminosidad y características físicas. Los trabajos y el nuevo diseño no presentaron mayor conflicto. Destaca, sin embargo, el tendido de un puente in situ para suspender uno de los púlpitos, enhuacalarlo —protegido en madera—, levantar el piso existente, reforzar la zona e instalar el nuevo acabado.

También se realizaron labores de restauración, conservación y mantenimiento de las portadas norte, sur, oriente y poniente de la Catedral Metropolitana y de las cubiertas y cúpula principal del recinto: se realizó una revisión minuciosa para detectar fisuras, se repuso el enladrillado, se aplicó impermeabilizante y se restauraron los azulejos de Talavera que habían perdido su esmalte original.

Fue necesario intervenir las criptas debido a los graves daños sufridos con las obras propias de la sub-excavación; además de mejorar la iluminación y limpiarlas, se cambiaron todos los plafones. En especial, la cripta de los arzobispos fue objeto de una restauración muy acuciosa ya que se repuso la losa de cantera del área atrial, la cual rodea el conjunto arquitectónico por sus lados sur, oriente y poniente.

En entrevista para Obras, la entonces titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Sari Bermúdez, refirió que las necesidades tecnológicas y de seguridad del inmueble habían cambiado, por lo que se emprendieron otros trabajos al interior del monumento para mejorar las instalaciones eléctricas, sistemas de voz, datos y seguridad; todas las conexiones se ubicaron en la zona de criptas. También se instalaron cámaras de video en la nave principal y una planta de emergencia, además de una subestación —debajo del crucero oriente— para recibir la corriente en media tensión.

Durante  2007 continuarán los trabajos de protección de los vitrales de Mathias Goeritz y la limpieza de los marcos originales. En el exterior de los vanos ha comenzado la instalación de cristales laminados de baja emisión de 6 mm tipo energy advantage que en su parte central integran una película plástica contra rayos ultravioleta, donados por Vitro.

Obras exteriores
El área atrial sur-poniente del conjunto arquitectónico ofrece ya una visión excepcional al pasado: cuatro ventanas a nivel de piso permitirán a feligreses y visitantes observar los vestigios de la antigua ciudad prehispánica que fueron localizados y rescatados en el subsuelo de la Catedral Metropolitana durante esta etapa de restauración. En el emplazamiento de los atrios se sustituyó el material pétreo existente con dos diferentes acabados: recinto negro y piedra de cantera rosa de Huixquilucan. El clamor del magno recinto ha regresado gracias a que se repararon las campanas y se sincronizaron con el reloj catedralicio.

Actualmente se planea la revisión de las torres para iniciar los trabajos de registro, conservación y restauración y, en algunos casos la sustitución de piezas de cantera.

La intervención realizada por la Dirección General de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural en el recinto eclesiástico es la continuación del  trabajo que iniciara en 1990 el arquitecto Sergio Zaldívar, en conjunto con un grupo de especialistas. Hoy, para el Dr. Cortés Rocha esta experiencia representa honrar a toda la gente que ha participado en el proyecto: “Es motivo de orgullo el trabajar en el rescate de uno de los recintos con mayor valor histórico y cultural de nuestro país y del continente”.

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