Se pelean por las aguas negras

Una disputa entre fabricantes esconde una contienda por el mercado. La realidad: el PVC
Guadalupe Cevallos Almada

El 22 de abril de 1992, un derrame de combustible en el drenaje sanitario provocó varias explosiones a lo largo de más de ocho kilómetros en un sector popular de la ciudad de Guadalajara, con un saldo de 206 muertos y 500 heridos, según cifras oficiales. El desastre llevó a la Comisión Nacional del Agua (Conagua) a emitir la norma NOM-001-CNA-1995 que se refiere a las especificaciones de hermeticidad del alcantarillado sanitario en el país.

Hoy, a 15 años de la desgracia, esta norma se ha convertido en el eje de una serie de ataques de la Asociación Mexicana de la Industria de las Tuberías Plásticas (AMITUP), representante de los fabricantes de tubería de policloruro de vinilo (PVC) hacia la Asociación Nacional de Fabricantes de Tubería de Polietileno (ANFETUP), fabricantes de tubería de polietileno de alta densidad (PEAD).

Tras de esta guerra de declaraciones y desplegados en prensa se oculta una disputa por el mercado, que gradualmente han ido perdiendo quienes utilizan PVC como materia prima. El debate se ha centrado en los riesgos ambientales derivados de la falta de hermeticidad de las juntas en las tuberías de PEAD, así como en la toxicidad del PVC.

En la AMITUP, presidida por Claudio Knight, participa Mexichem, antes Grupo Industrial Camesa, SA, lugar 126 en el listado de las 500 de Expansión del 2007. De acuerdo con su informe anual del 2006, la empresa obtiene el 68% de sus ventas de productos de cloro-vinilo —8,219 millones de pesos (mdp)—, y cuenta con las plantas de cloro, sosa y PVC más grandes de América Latina. En 2005 adquirió a Grupo Primex, líder en el mercado de PVC en México, antes propiedad de Grupo Carso. Hace meses compró a Grupo Amanco, otro gran productor de tubería de PVC con presencia en 29 países de Latinoamérica y 19 plantas de producción en 14 países del continente. Sus ventas en 2006 ascendieron a 800 millones de dólares (mdd).

La ANFETUP está encabezada por Martín Castelazo, el primero en exportar tubería de PEAD y hoy accionista de Sadmx, fabricante de la misma. En este segundo grupo se ubica también ADS Mexicana, subsidiaria de ADS, empresa norteamericana fabricante de tubería de polietileno corrugado, con 40 años de operaciones a nivel internacional.

Si bien el PEAD comenzó a ganarle mercado al PVC hace alrededor de una década, el debate se recrudeció cuando el mercado de éste comenzó a encogerse. De acuerdo con la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ) “el déficit comercial de la cadena química-petroquímica del PVC ascendió en 2005 a 250 mdd, sin incluir los plásticos”, lo que podría explicar la ofensiva de Mexichem. Además, en los últimos años se ha preferido al PEAD en las obras públicas del DF, y en otras ciudades como Torreón, Piedras Negras, La Paz y Nuevo Laredo.

Mercado dividido
El pastel a repartir es “enorme, con gran potencial de crecimiento”, afirma Castelazo, ya que 90% de la infraestructura hidráulica existente tendrá que ser reemplazada en los próximos 25 años por su deterioro y obsolescencia. Además, todavía hay rezagos en la cobertura: se esperaba que fuera de 86.1% para 2006 según datos de la CMIC. El crecimiento demográfico y la inversión en vivienda seguirán impulsando su expansión.

De acuerdo con Amanco, el concreto y el fibrocemento aún tienen más del 50% del mercado, mientras que el PVC y el polietileno corrugado “compiten muy cercanamente por la otra mitad”. El dominio del cemento y del fibrocemento continúa en diámetros mayores que 1.20 metros. En menores dimensiones dominan el PVC y el PEAD.

La realidad es que la tubería de PVC ha visto cómo se ha encogido su mercado en los últimos años. En el estudio de la ANIQ se afirma que los mercados de este producto crecieron entre 2000 y 2005 a una tasa de 2.3% en el submercado de la tubería, en comparación con 16.3% correspondiente a 1995-2000. Castelazo confirma que el PEAD ha ido ganando terreno: “De 1999 a 2001, la proporción de participación del polietileno con respecto al PVC fue entre 6.6% y 6.9%. Hoy estimamos una participación del 15 al 20%.”

El debate
La AMITUP insiste en que la tubería de PEAD no cumple con la NOM–001-CNA-1995 y favorece la filtración de aguas negras y la contaminación de los acuíferos. Es más, alega que dicha norma se elaboró con base en una traducción equivocada de su equivalente en EU, y que las autoridades del DF eligieron tubería de este material porque es más barato, pero que este producto se creó en el país vecino “exclusivamente” para aplicaciones de drenaje sin presión en el segmento carretero conocido como pluvial. Dicen que el PEAD está prohibido ahí para drenaje sanitario y alcantarillado.

El Arq. Franco Bucio, director técnico del Organismo Nacional de Normalización y Certificación de la Construcción y Edificación (ONNCCE), sostiene que la discusión respecto a si el PEAD está o no está dentro de la norma es muy antigua y que, aunque en un principio no lo estuviera, “es posible que haya habido presiones para que la Conagua les diera entrada con pruebas realizadas en EU y otros países donde sí había funcionado”. Otro factor para incluir a los productos de PEAD dentro de la norma pudo haber sido el acuerdo de moratoria regulatoria vigente en el sexenio pasado y que pudo haber servido como argumento a sus fabricantes para presionar a la autoridad.

Por su lado, los fabricantes de tubería de PEAD sostienen que es el PVC el que está prohibido en EU. La ANFETUP afirma que es “un agente altamente tóxico y contaminante que actualmente se encuentra en una fase de contracción a nivel internacional gracias a nuevas legislaciones que buscan eliminarlo totalmente”. Plantean la ventaja del PEAD en tres niveles: económico (porque sus costos son, dicen, hasta 30% inferiores); tecnológico (se alegan superiores y de avanzada y fabricantes de productos de mayor duración), y ecológico (afirman que el PVC es altamente contaminante en todas sus etapas). Acusan también a la AMITUP de querer desviar la atención con respecto a la legislación y a las prácticas ambientales que se están estableciendo en contra del PVC.

La opinión experta
Los científicos censuran los efectos contaminantes del proceso de fabricación de ambos tipos de tubería, pues ambos tienen un origen común en el petróleo y en el gas natural como materia prima. Sin embargo, el PVC implica riesgos ambientales adicionales.

Diversos fabricantes, como Amanco, hacen grandes esfuerzos para controlar los efectos contaminantes en sus procesos de producción. La misma ANIQ recomienda hacerlo en lo que se refiere al PVC.

Para Fidel Rafael Gómez, jefe del departamento de Estudios de Análisis Comparativos de Riesgo Ambiental del Instituto Nacional de Ecología (INE), ambos materiales son resistentes a la corrosión e incrustación e implican menores costos de instalación. Pero también añade que el proceso de fabricación del PVC se asocia a la “liberación de sustancias tóxicas; cancerígenas” y que, en sí mismo, este material “constituye una fuente de sustancias tóxicas bioacumulables y persistentes”, y que a algunos plastificantes que requiere para adquirir flexibilidad —ftalatos— “se les atribuyen defectos de nacimiento, daño hormonal, al ADN, renal, hepático y pulmonar”.

Para el funcionario del INE, el PVC es el único plástico examinado en el informe Uso de materiales poliméricos para conducción de agua residual que contiene contaminantes orgánicos persistentes señalados para su eliminación por la Convención de Estocolmo, avalada por la ONU.

La intervención de la autoridad
El Ing. Sergio Volantín, subgerente de Normalización de la Conagua, explica que mientras un producto esté certificado se asegura su hermeticidad: “Los productos son buenos porque han cumplido pruebas de laboratorio más allá de la garantía de sus propias especificaciones.” No importa de qué material sean.

En el listado de productos certificados conforme a las normas oficiales mexicanas del sector agua y organismos acreditados y aprobados de la Conagua, del segundo semestre de 2006, aparecen tubos tanto de PVC como de PEAD fabricados por diversas empresas, Amanco y Sadmx, entre ellas.

Tras de todo este debate, existe una desventaja de las tuberías plásticas. Según el Ing. Andrés Ruiz Morcillo, presidente de la Asociación Nacionales de Empresas de Agua y Saneamiento (ANEAS) es que exigen la compactación de los laterales y apostillados y, por lo tanto, pueden deformarse y perder su hermeticidad en las uniones. En sus palabras, la solución a este problema es simple: “una adecuada supervisión”.

En esto último coincide Volantín, quien subraya que la responsabilidad de la contaminación no está solamente en los fabricantes, sino también en quienes realizan la instalación y en quienes aprueban descargas no autorizadas en el proyecto original, que pueden dañar la tubería y favorecer filtraciones a los mantos acuíferos.

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