Transparencia metafórica

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Marcos G. Betanzos Correa

El vínculo entre arquitectura y política es más fuerte que los tiempos y discursos de cada una de ellas. A pesar de esto, los acontecimientos de cada pueblo siempre parecen hacerlos converger invariablemente. El nuevo Centro de Cómputo y Resguardo Documental del Instituto Federal Electoral (IFE) es una muestra de ello e ilustra perfectamente las palabras del escritor español Antonio Gala: “La dictadura se presenta acorazada porque ha de vencer. La democracia se presenta desnuda porque ha de convencer.”

En 2006 se vivió un turbulento proceso en pro de esa democracia. El Instituto Federal Electoral (IFE) adquirió una importancia inédita al convertirse en el organismo que definió el resultado de las elecciones federales. Con el conjunto de responsabilidades, presiones y necesidades logísticas o de infraestructura física que se incrementaban constantemente, en 2003 se comenzó la construcción del Centro de Cómputo y Resguardo Documental del IFE en el estado de Hidalgo, primera obra de infraestructura inmobiliaria y tecnología que proyectó, desarrolló y concluyó el Instituto en sus 15 años de existencia.

Gran paquete
El edificio protegería por mandato legal los 230 millones de documentos electorales con que contaría oficialmente el Registro Federal de Electores en 2006.

Planteadas las necesidades por parte del organismo, comenzó la planeación de este proyecto gracias a un convenio entre el IFE y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con su Facultad de Arquitectura. El desarrollo ejecutivo se asignó a un grupo de profesionales docentes, alumnos y especialistas dirigidos por los arquitectos Raúl Peña, Cesar Pérez y Honorato Carrasco. El equipo de poco más de 50 colaboradores desarrolló este edificio merecedor de la medalla de plata en la categoría de oficinas de la IX Bienal de Arquitectura Mexicana 2006.

La región más transparente
El predio de aproximadamente 10,000 m2 fue cedido por el Gobierno de Hidalgo y se ubica en el municipio de San Agustín Tlaxiaca, muy cerca de Pachuca. “El lugar es formidable”, explica Raúl Peña. “Su paisaje, el emplazamiento mismo y su ubicación privilegiada lo hacen un sitio ideal para observar y para ser observado: era inminente crear una transparencia que superara la cuestión simbólica o que la evocara constantemente”.

El Centro debía de estar ligado absolutamente a la expresividad formal del concepto de transparencia, pero enfrentaba diversas exigencias por parte del IFE, que constantemente solicitó cambios en el proyecto, en los sistemas constructivos o en los materiales empleados. Las demandas fueron muy estrictas, el proyecto y su construcción fue muy pragmática y cuidadosa, ya que los sistemas de seguridad empleados debían tener relación directa con los procesos constructivos: muchos de ellos son parte del edificio y sus componentes estéticos.

El edificio se aleja completamente del aspecto oficialista que pudiera darse a través de los materiales (concreto) y los espacios abiertos (plazas y escalinatas). Su transparencia refleja metafóricamente el hecho de que el organismo está conformado por la sociedad en general.

Para Honorato Carrasco, la transparencia fue traducida estrictamente en el proyecto: todos los niveles se pueden observar desde la calle y cruzarlos visualmente. Ningún elemento impide la visibilidad, ni siquiera donde se localizan los servidores que almacenaron la información de las elecciones federales. En el exterior sorprende la inexistencia de una barda perimetral que impida el paso: se dispuso un barandal metálico muy estilizado que en conjunto con un foso de casi 3 m de profundidad impiden cualquier intromisión.

El programa arquitectónico se resuelve en una torre alargada que se estructura en base a una retícula ortogonal de perfiles de acero y se recubre con cristales templados o serigrafiados. La torre tiene seis niveles, considerando una planta libre equipada con cinco diferentes esclusas de control para el acceso de personal. Este prisma se integra con dos bloques claramente definidos: los servicios y circulaciones verticales ubicados al norponiente y el área de oficinas y logística concentrados en un bloque mayor con orientación suroriente.

Este cuerpo protagónico integra, por su verticalidad, la primera fase del conjunto que se resolvería en tres etapas, cada una con un edificio diferente que, en función y forma son contrastantes: el edificio principal es de acero y cristal y los volúmenes bajos de servicios o archivo son herméticos y construidos con concreto colado in situ. A peasr de eso están vinculados por una especie de pasadizo por debajo de la plaza de acceso, donde también es posible dar mantenimiento y vigilar los sistemas del edificio. La construcción por fases representó un reto mayor debido a que el IFE solicitó que cada una diera la impresión de una obra terminada.

En el diseño interior, comenta César Pérez, “la honestidad fue llevada a un campo material pero no escenográfico”. El edificio no tiene paneles de yeso, plafones, ni pisos laminados, etc.); ningún privado está oculto ni ningún elemento estructural revestido. En los sanitarios se colocó un doble cancel con cristales serigrafiados que provocan un juego de positivo y negativo, con lo que el ambiente global se conserva, al tiempo que se brinda la intimidad necesaria.

Todo el sistema constructivo, la estructura, las instalaciones de aire acondicionado, de transporte de información, eléctricas, sanitarias, hidráulicas y contra incendios son visibles; esto le otorga un carácter de corte industrial que manifiesta el empleo de los recursos y la tecnología de manera eficiente. Mediante un sistema de iluminación se satisficieron las necesidades de visibilidad y confort al interior. El exterior se iluminó de tal forma que de noche se aprecia una caja de cristal luminosa que se ha convertido en uno de los faros de este sector tecnológico y cultural del estado.

Controversia y fin
El exterior propone un paisaje que evita la vegetación para minimizar el mantenimiento, y evoca el contexto natural del terreno. Se configuró una alfombra pétrea en color gris que dará continuidad visual a todo el conjunto una vez terminado. En breve culminará la segunda fase del proyecto que albergará los archivos documentales del IFE en un cuerpo de concreto semi-subterráneo. Allí la metáfora de la transparencia no podrá ser empleada. Sin embargo, pese a su mayor área de desplante (casi siete veces la de la torre), no restará jerarquía al Centro de Cómputo y Resguardo, sino todo lo contrario: lo enmarcará.

Hoy el IFE espera cerrar con éxito el objetivo planteado por el consejero presidente Luis Carlos Ugalde de obtener un importante desarrollo tecnológico al culminar la construcción del Centro Nacional de Impresión, donde además de documentos oficiales, se producirán credenciales de elector. La arquitectura, así, realmente está al servicio del hombre.

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