Triunfo de vida

Este hospital no mide su magnitud sólo en extensión, sino en cómo remontó los estragos de los e
Georgina Baltazar Gaitán

En septiembre de 2002, entre otras muchas consecuencias, la infraestructura de la salud se vio golpeada cuando el Hospital General Agustín O’Horán en Mérida (el mayor al momento) resultó seriamente afectado por el meteoro de categoría III.

Después de la catástrofe natural, Vicente Fox, presidente de la República en turno, visitó Yucatán y se sorprendió al ver que sólo existía un hospital público de magnitud (cerca de 12,000 m2).

La primera propuesta fue hacer un hospital del doble de tamaño de aquel, con características de segundo o tercer nivel. Vistas las cuantiosas pérdidas y con el impulso del Plan Nacional de Salud del entonces secretario Julio Frenk, quedaron sentadas las bases para lo que ahora se constituye como un nosocomio de carácter público con los más altos estándares e innovaciones del país.

Para junio de 2003 los gobiernos federal y estatal firman un convenio para crear el Hospital Regional de Alta Especialidad (HRAE), una unidad de vanguardia que da paso al Plan Maestro de Infraestructura en Salud.

Fue entonces que funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Urbano, Obras Públicas y Vivienda (SDUOPYV) solicitaron a autoridades de la Secretaría de Salud y de la Dirección General de Infraestructura Física que confiaran en ellos para desarrollar el proyecto desde la entidad. La licitación fue ganada por el despacho Duarte Aznar Arquitectos (DAA).

La trascendencia de este proyecto va más allá de su construcción y puesta en marcha próxima, ya que puede considerarse como la punta de la pirámide en la conformación de una red yucateca de unidades médicas de diversos niveles, localizadas en Mérida, Ticul, Peto, Valladolid, Tekax y Tizimín.

En paralelo, en el sexenio pasado se modificaron 1,000 kilómetros carreteros y se adquirieron 140 ambulancias (de las cuales 20 son quirófanos móviles) a fin de brindar atención más oportuna en caso de desastres.

Ejes sensoriales
Un conjunto hospitalario donde se rompen paradigmas, donde concientemente se aprovecha el sol dorado del atardecer que baña sus muros para provocar una gama de contraluces en la amalgama de piedra, cristal, acero y concreto. Cada vértice del triángulo conformado por los edificios principales tiene un significado: atención, conocimiento y muerte. Éstos flanquean un patio central interior que encierra un masivo ojo de agua que más que una fuente decorativa, tiene la función de refrescar el ambiente y recrear la vista de los pacientes.

En estricto modo, el HRAE no sólo cumple con la normatividad en construcción, sino que la pone a su disposición de manera propositiva. Así, DAA cambia la perspectiva utilizada en unidades institucionales mediante la aplicación de las teorías de Roger S. Ulrich, director del Centro de Diseño y Sistemas para la Salud en la Universidad de Texas A&M y autor del estudio Mirar a través de una ventana puede influir en la recuperación post operatoria. Este documento representa el origen científico del campo del cuidado de la salud relacionado con los jardines, donde la consigna es incrementar la calidad de estancia para reducir el tiempo de permanencia del paciente.

“No sólo diseñamos trabes, columnas, techos y pisos para que se coloquen camas; intentamos que los espacios generen ambientes donde el paciente pueda coadyuvar en su tratamiento terapéutico. Nos cuestionamos cómo acompañar al individuo sin extraerlo de manera violenta de su entorno sociocultural y económico”, asegura Enrique Duarte.

Para promover la mejoría sin salir de la normatividad, DAA propuso que el paciente pudiera esperar en salas amplias y ventiladas, en una habitación bien iluminada, mantener contacto con la naturaleza y permanecer acompañado por su familiar hasta donde sea posible. A eso se refiere el “diseño comprensivo”, que consiste en “promover el soporte afectivo, atendiendo necesidades perceptuales más que funcionales”, explica el arquitecto William Ramírez.

Este mismo enfoque aplica al personal. En opinión de Josefina Rivas, también proyectista, “trabajar en un espacio en contacto con lo que sucede al exterior en turnos de hasta 24 horas, donde haya conciencia de cuándo es de noche o de día, con iluminación y aire naturales, vegetación, agua y áreas de descanso adecuadas, promueve un mejor desempeño laboral y personal.

En lo económico, cabe reflexionar que si el paciente puede recobrar su salud estando junto a una ventana en la tercera parte del tiempo que si estuviera frente a una pared, esa cama podrá ser utilizada el triple de veces.

“La norma en ningún lado dice que no deba pugnarse porque sanen los pacientes. Con esta idea de que nuestro país es pobre, se buscan los mínimos porque no hay un máximo normado. La realidad es que no está sanando más gente, hacen falta muchas camas. Si hacemos hospitales buscando el mínimo, lo más probable es que lo menos que logremos sea salud”, enfatiza Ramírez.

Al respecto, el ex secretario de Desarrollo Urbano, Obras Públicas y Vivienda de Yucatán, Enrique Manero Moreno, comenta: “Su diseño no sólo es una cuestión arquitectónica. Otros hospitales como el militar en La Reina, Santiago de Chile (el más grande de América Latina), también buscan que el paciente se sienta en un lugar amigable, donde no pierda contacto con el exterior y recupere más rápido su salud”. Aunque los resultados dependerán, en gran medida de su operación, el HRAE merecería un estudio para evaluar si las teorías aplicadas tienen resultados como los obtenidos en Noruega o en Estados Unidos. En México todavía no hay registros de los beneficios que pueden alcanzarse.

Hospital con mayúsculas
Para la realización del hospital tuvieron que conjugarse “experiencias y aptitudes profesionales de arquitectos e ingenieros para formar un equipo de yucatecos y avecindados, así como escuchar qué querían los médicos”, refiere Manero Moreno. Muestra de estas sinergias es el desarrollo detonado en esta zona de Mérida, que carecía de todos los servicios. La complementación de otras infraestructuras (como la torre de consultorios Altabrisa) ayudó a insertarlo en el contexto adecuado.

En septiembre de 2004 se colocó la primera piedra y arrancó la obra de la torre de Hospitalización y los auxiliares de Diagnóstico y Tratamiento. Para el primer trimestre de 2005 inició la construcción de Consulta Externa. Al siguiente trimestre tocó el turno a Gobierno y Servicios Generales. En diciembre de ese año iban tomando altura los edificios, concluidos el mismo mes de 2006, cuando comenzó el trabajo de ingenierías con las instalaciones.

Una mezcla de sistemas constructivos tradicionales, colados en sitio y elementos prefabricados de grandes dimensiones, fueron utilizados privilegiando la mano de obra local con hasta 1,600 trabajadores en un solo turno. La selección de materiales respondió a propiedades de durabilidad y escaso mantenimiento, tales como piedra de la región en fachadas, y acero inoxidable en barandales, pasamanos y puertas.

Los puentes —estructuras metálicas de alma abierta— resuelven la comunicación entre edificios. La superficie construida aumentó casi al doble que lo planeado  debido, entre otras cuestiones, a que las cinco Unidades de Especialidades Médicas (Unemes) —que eran externas al edificio principal dado que su finalidad era lograr una alianza con médicos del sector privado para su construcción y operación—, fueron integradas al conjunto.

Para favorecer el cuidado del medio ambiente algunas secciones operarán sin aire acondicionado. Además, la mayor parte de equipos están automatizados con sensores de presencia. Asimismo, el hospital cuenta con una reserva de casi 36,000 m2 de áreas verdes. Adyacente a la plaza Sur se localiza una cisterna de más de un millón de litros de agua cruda y tratada para aire acondicionado, y otros consumos (se calculan 1,250 litros al día por cama).

Las aguas negras se recolectan por medio de una red que llega por gravedad a un cárcamo existente en cada sección; de ahí son enviadas con auxilio de bombas de lodo a través de tuberías hidráulicas de PVC a la planta de tratamiento, donde se eliminan los sólidos que se secan y son retirados del hospital. El agua es clorada y enviada a un pozo profundo. Hay una reserva exclusiva para siniestros de alrededor de 300,000 litros, además de gabinetes equipados con mangueras de 30 metros de longitud y extintores colocados a cada 15 metros de distancia.

El edificio más cercano a la entrada de personal es Servicios Generales, el cual comunica a los cuartos de máquinas y a un sótano de tuberías de flujos a donde llegan tres elevadores de residuos infecciosos y ropería (que tienen salida por una rampa posterior hacia contenedores). Para alojar las máquinas hay más de 4,000 m2, con el espacio necesario para permitir las maniobras de un montacargas.

Cada metro cuenta
La energía es provista de manera subterránea por la Comisión Federal de Electricidad a través de dos circuitos (preferente y emergente). En media tensión se recibe a 13,200 V y es transformada para utilizarse en diferentes voltajes (a 480 V para motores y equipos, y a 220/127 V para iluminación y contactos). Cada una de las tres subestaciones tiene gabinetes de seccionamiento en alta tensión y transformadores, con una capacidad instalada conjunta de 5,000 kVA. Además, posee un generador de emergencia con motor a diesel con capacidad suficiente para dar energía a 50% de la carga instalada, para que en caso de desastre natural no se interrumpa el suministro.

El sistema de aire acondicionado está basado en equipos que enfrían a través de agua helada, la cual es generada y enviada mediante ductos de inyección a las manejadoras, ubicadas en los tres cuartos de máquinas. En quirófanos existen equipos de expansión directa debido a requerimientos de aire ultralimpio. Tanto la construcción como el equipamiento se realizaron con el mismo capital que asignó la federación en 2003. La aportación era para un hospital de 33,000 m2, que creció a 46,229 m2. Jorge Carlos Peniche López, ex subsecretario de Desarrollo Urbano, Obras Públicas y Vivienda del gobierno de Yucatán, estima que los índices por metro cuadrado de construcción y por metro cuadrado equipado están por debajo de la media y del sector salud.

Nace la esperanza
hora la mesa está puesta para que los servicios brindados sean altamente competitivos. La prueba de fuego será su operación con personal médico, administrativo y de servicios, capacitado y actualizado de manera permanente en el manejo de equipos de alta tecnología.

Además de los habitantes de la península, los centroamericanos también podrían llegar a beneficiarse, extendiendo geográfica y humanamente su influencia regional.

Los héroes en esta obra son de carne y hueso. La tragedia presentó la oportunidad para realizar una construcción monumental que fríamente, oficialmente, se califica de “infraestructura”.

Para quienes ahí laborarán y para quienes serán atendidos, es mucho más que eso: es un triunfo de vida.

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