Un diamante por otro

Parque Delta
Ángel Mendoza y Alain Prieto

Antes, en la esquina de las avenidas Obrero Mundial y Cuauhtémoc se hablaba de pelotazos imparables, de la “casa llena”, de base por bola. Ahí estaba el único gran estadio de béisbol en el DF, el Parque del Seguro Social, surgido en 1955.

Treinta años más tarde, el parque se convirtió en anfiteatro involuntario durante la tragedia que trajo consigo el terremoto del 19 de septiembre de 1985.

Pero no más Diablos Rojos vs. Tigres, no más cuadrangulares, no más llantos. Otros 19 años transcurrieron y a principios de 2004 el gigante de concreto fue demolido junto con sus casi 22,000 localidades para dar pie a un nuevo centro comercial —inaugurado el 17 de noviembre de 2005— que lleva el beisbolero nombre del primer campo que ahí existió: Parque Delta.

En 2000, año en que se jugó el último partido entre las dos novenas capitalinas, el predio fue adquirido inicialmente por Autocamiones Central y más tarde por Grupo Gigante, que junto con Grupo
Danhos invirtió 920 millones de pesos —que pronostican recuperar en una década— para construir un ambicioso proyecto, comisionado a Grupo Arquitech. Con un diseño contemporáneo, el equipo encabezado por el arquitecto Juan José Sánchez-Aedo propuso una plaza conformada por volúmenes intersecados.

Sobre un terreno de 42,000 m2 surgieron casi 140,000 m2 de construcción, distribuidos en tres niveles, salvo el edificio de Liverpool que tiene cuatro. Con este inmueble, la Delegación Benito Juárez se convirtió en una de las zonas de mayor concentración de pisos comerciales, al sumar con Parque Delta 343,000 m2.

Las pizarras ya no muestran carreras, jits o entradas, ahora ofrecen múltiples funciones de cine. Aún así, el nombre permanece en homenaje perenne: un nuevo Parque, un nuevo diamante. ¡Jonrón!

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