Una ciudad con sólo dos edificios

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—Paola Rosado González

En el año de 1944 se dio a conocer uno de los proyectos más ambiciosos de la época: la Ciudad de los Deportes. Este desarrollo, ideado por el empresario yucateco Neguib Simón, se construiría sobre los terrenos del Rancho de San Carlos y en donde años antes se situaba la Compañía Ladrillera de la Nochebuena.

La ciudad deportiva, que sería construida por el ingeniero Modesto Rolland, comprendía alberca olímpica; piscina de olas artificiales; estadios de futbol y beisbol, canchas de tenis, frontón, voleibol y basquetbol; boliches; cines; gimnasios; arena de box y luchas; bibliotecas; restaurantes; centro de exposiciones y una plaza de toros.

Sin embargo, la falta de recursos y de apoyo del gobierno no permitieron que la obra se concluyera, dejando como únicos sobrevivientes al ahora Estadio Azul, el Parque Luis G. Urbina o Parque Hundido y a la Monumental Plaza México —el mayor coso taurino del mundo—, cuyos alrededores fueron engalanados por la obra escultórica del artista valenciano Alfredo Just.

Una auténtica Ciudad Deportiva con las características que la primera pretendió, se erigiría en 150 hectáreas de la colonia Magdalena Mixhuca, incluyendo instalaciones para los XIX Juegos Olímpicos de 1968 y cuyos más representativos edificios son el Palacio de los Deportes, el Autódromo Hermanos Rodríguez, y el Velódromo Olímpico Agustín Melgar.

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