El costo de la nueva economía china

A 20 años de la masacre de Tiananmen, la nación asiática se ha convertido en ejemplo de desarrollo; incluso ha puesto a temblar a las grandes potencias del mundo por su avance económico.
China  (Foto: Archivo)
Juan Abelardo Hernández Franco*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

China se ha convertido en un gigante económico que ha puesto a temblar a las grandes naciones del mundo, un ejemplo del desarrollo administrativo, educativo y científico.

Ha puesto en crisis los paradigmas económicos occidentales y está marcando los nuevos rumbos del desarrollo en el siglo veintiuno.

Hoy en día los obreros chinos ganan un salario integrado de 100 dólares mensuales. En 1978 la mayoría de los trabajadores chinos ganaban el equivalente a 45 yuanes (6 dólares mensuales).

La transición del anterior sistema maoísta comunista al novedoso sistema capitalista de Estado tuvo un momento crítico plasmado en la masacre de la plaza de Tiananmen.

El gran presente económico de China para brotar en nuestros días costó la sangre de miles de manifestantes en junio de 1989.

Cuando el primero de octubre de 1949 Mao Zedong proclama la fundación de la República Popular China, el comunismo científico y el materialismo dialéctico se definieron como los parámetros a partir de los cuales China debía desarrollarse.

Sin embargo, el empleo de estas fórmulas, bajo el nombre de Revolución Cultural, en lugar de elevar los niveles de vida de la población rezagó su progreso durante los siguientes 30 años.

Después de la muerte de Mao, en septiembre de 1976, y una serie de luchas internas por la sucesión legítima del poder, Deng Xaoping asumió el control del partido comunista.

Este nuevo líder se había dado cuenta que el sistema maoísta en la práctica económica debía ser reformado para sacar adelante al país.

No era posible que el pueblo chino siguiera siendo orgullosamente comunista si esta ideología económica no le permitía desarrollarse en la modernidad.

¿Cómo podría mantenerse la idea de la superioridad del socialismo en un país donde la gente tenía problemas de sobrevivencia?

Después de varios meses de reuniones con los diversos sectores del país, en septiembre de 1982, Deng Xiaoping afirmó: "Debemos emancipar nuestras mentes y usar nuestras cabezas".

La clave para encontrar la mejor solución estaba inmersa en el mismo pensamiento de Mao: Hay que buscar la verdad por los actos. Porque sólo la práctica es el único criterio para probar la verdad.

En lugar de buscar sólo en la teoría marxista fórmulas de desarrollo económico, el gobierno chino entendió que sería mejor inducirlas de la práctica misma. Sólo a partir del éxito probado sería posible redefinir la línea ideológica del partido comunista.

Deng Xiaping inició entonces una campaña de convencimiento para desarrollar China en los siguientes 50 años.

La misión principal era cuadruplicar el crecimiento anual en la industria y en el campo. No había mucho que pensar, las prioridades del país eran: la agricultura, los recursos de energía y comunicaciones y, finalmente, la educación y la ciencia.

Sobre todo era importante desarrollar las habilidades, destrezas y conocimientos de los ciudadanos para alcanzar el éxito. China había hecho un verdadero acto de reconocimiento de culpa.

La revolución cultural iniciada por Mao Zedong en los años 60 y aplicada durante los siguientes 17 años, había impedido la educación para enfrentarse a un mundo global.

 "Ahora - dirá Deng Xaoping - no tenemos más tiempo que perder en el desarrollo educativo."

Sin embargo, el nuevo programa anunciado generó un gran descontento. El 22 y 23 de junio de 1984 Deng Xaoping afirmó que China sería un país de dos sistemas.

Por una parte, la mayoría de la población se mantendría bajo el socialismo. Por otra, se llevaría a cabo el desarrollo del capitalismo en ciertas áreas como en Hong Kong y Taiwan.

Se abrirían varias ciudades en tierra interior para acceder a capital extranjero que pudiera servir como suplemento a la economía socialista y ayudar, de ese modo, al crecimiento de las fuerza productivas socialistas.

Así, las zonas avanzadas tendrán la obligación de ayudar a las menos desarrolladas.  Para muchos esto significaba un cambio en el sistema político y económico que podría llevar al ochenta por ciento de la población a perder sus empleos y su estándar de vida.

Dos años después del anuncio de las reformas empezaron las manifestaciones de inconformidad. Los estudiantes se levantaron por primera vez y enfrentaron al régimen y sus proyectos de reforma.

El entonces secretario general del Partido Comunista, Hu Yaobang, intentó tranquilizar a los estudiantes de modo pacífico, pero su política de diálogo fracasó. Por esta razón en 1987 se le pidió su renuncia del cargo.

Los levantamientos continuaron de modo esporádico hasta que en abril de 1989, cuando Yaobang muere de un infarto, los estudiantes consideraron que el gobierno chino podría ser mucho más represivo.

A finales de abril se convocó a una gran manifestación en la plaza de Tiananmen para manifestar el descontento al nuevo plan de desarrollo. Los manifestantes acusaron a los miembros del Partido Comunista Chino de corruptos y represores sociales.

Entre los líderes universitarios se encontraban Mao Weizhen y Wang Dan. A ellos se unieron otros intelectuales chinos como el artista y periodista Ma Gao Ming y el escritor Zhang Xian Liang.

Acusaron al gobierno de haber cometido en el pasado crímenes contra la población y de conducir a China entera hacia un holocausto social con estas nuevas reformas. Al paso de los días la tensión aumento.

El 4 de junio de 1989 el gobierno se enfrentó a un grupo de nuevos guardias rojos, que intentaron retornar a la época de los tribunales populares maoístas. Los estudiantes fueron acribillados; una especie de 2 de octubre mexicano.

Se habla de más de 7,000 muertos y desaparecidos. Los líderes universitarios fueron encarcelados e incomunicados. El presidente de la Academia de Ciencias Sociales de China, Hu Sheng, declaró que si las manifestaciones hubieran continuado, la estabilidad del país corría el riesgo de autodestrucción.

Aquel 4 de junio de 1989 no sólo dejó la huella de un suceso lamentable por la manera en la que se cortaron las vidas de los estudiantes, sino porque a final de cuentas, se trata de un hecho que permitió la apertura económica de China, hecho que pocas veces es considerado.

Puede ser que el modo no haya sido el idóneo, pero se erradicó el extremismo de aquellos que pretendían continuar con un sistema que poco ayudaba para el crecimiento que entonces demandaba una nación como China.

Hoy a 20 años de distancia son muchas las voces que hacen eco, por una parte la demanda de justicia en memoria de los caídos, por el otro, la voz levantada de China que con paso fuerte, se ha colocado dentro de las economías más importantes y poderosas a nivel mundial.

* El autor es investigador de la Facultad de Filosofía y de la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana, es especialista en Ciencia Política, movimientos sociales e izquierda internacional.

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juan.hernandez@up.edu.mx

 

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