La falla del modelo económico en México

La baja en los ingresos de los hogares mexicanos entre 2006 y 2008 refleja un alza en la pobreza; la recesión acentuó las fallas en las políticas económicas y aumentó la brecha entre ricos y pobres.
peso-archivo  (Foto: Archivo)
José Luis de la Cruz Gallegos*
CIUDAD DE MÉXICO -

La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2008 (ENIGH-2008) sintetiza tanto los recursos económicos con los que cuentan las familias en México como la manera en que son erogados. En general la ENIGH-2008 contabilizó que en promedio los hogares mexicanos cuentan con 4 integrantes y con 2.3 perceptores. Para el periodo comprendido entre 2006 y 2008, la ENIGH-2008 señala que existió una reducción en los ingresos corrientes de los hogares por aproximadamente 1.6% en términos reales. En la parte clasificada como ingreso corriente monetario (integrado por las remuneraciones al trabajo subordinado, ingresos por trabajo independiente, otros ingresos provenientes del trabajo, renta de la propiedad, transferencias y otros ingresos) puede observarse que el incipiente incremento de 0.6% básicamente es atribuible a que las personas obtuvieron mayores recursos por trabajo independiente, los cuales pasaron de 3,181 a 4,680 pesos (47% adicional).

Dado que los ingresos por trabajo subordinado y las transferencias prácticamente se mantuvieron sin cambio (0.6% y 0.9% respectivamente), mientras que las rentas de la propiedad se desplomaron en 46.4%, puede afirmarse que los hogares mexicanos se han visto en la necesidad de realizar actividades económicas de autoempleo, ocupaciones que en muchas ocasiones se encuentran relacionadas a la economía informal o microempresas que dado el entorno económico actual tienen escasas posibilidades de éxito sostenido. Además, de manera agregada puede afirmarse que la mayor contribución de este tipo de actividades económicas es la de generar recursos monetarios para las familias que las desempeñan, pero en donde el valor agregado nacional y los pagos tributarios que de de las mismas se desprenden son prácticamente inexistentes.

En dicho contexto puede afirmarse que existe un problema circular: por un lado se tiene una salida de corto plazo que las personas toman para evitar el colapso en los ingresos familiares ante la falta de un empleo formal bien remunerado, pero en donde la opción tomada inhibe el desarrollo económico y social en el mediano y largo plazo.

La razón de lo anterior es simple: la mayor parte de la economía informal no desarrolla el potencial de innovación de las personas, pero al generar mayores ingresos económicos que las actividades formales (aún en los casos en donde se emplea a profesionistas) reduce los incentivos que los mexicanos tienen para continuar estudiando y buscar desempeñarse en trabajos que tienen requerimientos de capital humano más importantes.

Consecuentemente no puede verse con optimismo el hecho de que la reducción en los ingresos monetarios se haya presentado, pero particularmente hace más preocupante que en la parte correspondiente a los ingresos no monetarios el retroceso sea mayor y más generalizado ya que salvo el incremento en el  autoconsumo (1.6%) el resto de sus componentes manifestó retrocesos significativos: las remuneraciones en especie de -6.1%, las transferencias en especie de -21.7%, las estimación del alquiler para la vivienda -2.5%, lo cual deja a varias de ellas en niveles similares a las del año 2000.

Lo anterior permite entender las consecuencias perniciosas de que el ingreso corriente total nacional disminuyera en 0.9% a pesar de que el número de viviendas y de sus ocupantes haya aumentado, en particular estos últimos en casi 1.9 millones de personas. Básicamente se traduce en menor riqueza para un mayor número de habitantes.

Sin lugar a dudas con ello la ENIGH-2008 marca que antes del inicio de la actual crisis económica el país ya vivía un momento de debilidad, es decir que los hogares ya veían mermado sus ingresos económicos y que dicha situación simplemente se potenció con la recesión.

Particularmente delicado es el caso de los segmentos más pobres. En particular el retroceso de 8% indicado por la ENIGH-2008 para el decil de menores recursos marca que las crisis no afectan de igual manera a toda la sociedad, ya que ello se da al mismo tiempo en que el decil más rico conservó su poder adquisitivo.  Sin duda el tener acceso a un poder de mercado y con ello a como se distribuyen los ingresos hace que las mayores afectaciones se trasladen a la gente más pobre.

En  el fondo lo delicado de la situación se aprecia en que únicamente el 20% de las personas de mayores ingresos del país no vio afectado su ingreso real, ya que el otro 80% no pudo evitar el colapso de sus recursos, siendo el 50% más pobre el rango más afectado.

Como resultado no es de sorprender que la distribución de la riqueza haya empeorado de forma tal que llevase al indicador correspondiente (el denominado como coeficiente de Gini) al nivel de inicios del siglo. En otras palabras, lo poco que se había logrado avanzar en materia de distribución del ingreso durante los últimos 8 años se perdió entre 2006 y 2008.

La falta de equidad económica puede matizarse todavía más en el caso de las localidades con menos de 2500 habitantes, ya que independientemente del segmento de ingreso al que pertenezcan prácticamente en todos los casos existió una caída en los recursos con los que cuentan.

La situación es ligeramente distinta cuando se analiza el caso de las localidades mayores de 2,500 habitantes, en donde los deciles más ricos (el IX y X) lograron mantener su poder adquisitivo, algo que no pudieron alcanzar los más pobres o aun la clase media.

Por el lado del gasto, la reducción también fue evidente: 12%.  Como resultado de los menores ingresos, las familias disminuyeron sus erogaciones más que proporcionalmente, y dado que la parte de alimentos, bebidas y tabaco  permanecieron prácticamente sin variación, no es de sorprender que existiese una contracción en el gasto atribuible a otros elementos necesarios para la manutención  de las personas como por ejemplo lo representa el vestido.

Además puede señalarse que ante el aumento desmedido en los precios de alimentos y combustibles, el hecho de que estos elementos hayan mantenido el nivel de su gasto (recordando que había menores ingresos)  claramente indica que el castigo a otros segmentos de consumo debió ser significativo. Tan sólo en educación y esparcimiento la caída fue de 23.9%, en cuidados de la salud  de 33.3% y en transportes y comunicaciones del 15%.

Atribuible a lo anterior es el hecho de que los hogares mexicanos destinaran el 33.6% de su ingreso monetario para alimentos bebidas y tabaco, algo que es el resultado de menores ingresos y mayores precios, es decir a que las familias son más pobres porque deben destinar sus más recursos a los bienes que les son necesarios.

Derivado de la ENIGH-2008 puede afirmarse que en general la mayor parte se destina a los alimentos elaborados en la propia casa y a una disminución en la parte del tabaco y alcohol. La encuesta apunta a una reducción tanto en el consumo de alimentos y bebidas fuera del hogar como al de compra de tabaco y bebidas alcohólicas (esto último positivo desde el punto de vista de salud pública, pero seguramente es un resultado colateral de no tener dinero), algo que indica el cuidado y la discreción que las familias tienen en el ejercicio de sus recursos, pero que también señala que las empresas de servicios relacionadas con restaurantes, por ejemplo, tienen una menor oportunidad de negocio.

Contrario a lo que se observó por el lado del ingreso en el caso del gasto el decil más pobre fue el único en aumentar su gasto monetario en 2.6%, principalmente por el encarecimiento de los alimentos, la vivienda y los combustibles. No puede dejarse de apuntar que ello se traduce en que en términos netos la capacidad de ahorro de los hogares más pobres se redujo todavía más.

En este sentido las transferencias que recibieron las familias no fueron suficientes para eliminar los problemas de inequidad. En términos per cápita el coeficiente de Gini aumentó su valor entre 2006 y 2008, aún con las transferencias, retrocediendo con ello a los niveles de 2004.

Los problemas de pobreza, menores recursos y falta de educación son evidentes en el presente contexto y resaltan la necesidad de que el Gobierno revise su política a profundidad su política social. En base a la ENIGH-2008 se conoce que el  23.7% de los jefes de familia del segmento más pobre carecen de instrucción, justamente algo que como se vio anteriormente fue de lo más castigado en el gasto. Ello no es sorpresa cuando se observa que justamente en esta parte los hogares destinan el 48.9% de su gasto a la alimentación, dejando escaso margen al resto de necesidades como la educación, la salud, el transporte, el vestido, la vivienda, por citar algunos de los más relevantes.

Por eso cuando el Gobierno ejerce un gasto público y es ineficiente en materia de educación pública el mayor daño lo reciben los más pobres. De igual manera no es de sorprender que derivado de la ENIGH-2008 pueda observarse un aumento en la pobreza de México (algo que analizaremos en la siguiente columna), es el resultado lógico del fracaso de un modelo económico en materias como el empleo, los salarios y el crecimiento.

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De igual manera de la ENIGH-2008 es fácil entender que el bienestar de la población disminuyó severamente, por lo que en términos sociales se hace inviable un incremento en los impuestos a los alimentos y medicinas, ello sería castigar todavía más a una sociedad económicamente débil no solamente por la crisis económica, sino por un modelo estructuralmente fallido.

* El autor es profesor del Departamento de Finanzas y Economía del Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores y se ha desempeñado laboralmente en los sectores privado, académico y público, en este último como Subdirector de Análisis Macroeconómico en la Secretaria de Hacienda y Crédito Público.

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