Los desafíos de la libertad de expresión

Uno de los peligros de este derecho es la impunidad con la que operan las organizaciones delictivas; Guillermo Tenorio sugiere reformar la legislación de imprenta y los códigos de ética de los medios.
Periódico  (Foto: Jupiter Images)
Guillermo A. Tenorio Cueto*
CIUDAD DE MÉXICO -

Desde hace varios meses hemos visto la creciente embestida que en diversos sistemas políticos se le ha dado a la libertad de expresión. Desde Irán hasta Honduras la preciada libertad de los regímenes democráticos ha sido vapuleada no sólo por la actividad desenfrenada del Estado a través de los regímenes autoritarios sino cada vez más por poderes fácticos que alternan y desafían al poder político legítimo. Es claro que la libertad de expresión no puede ser retenida, negada o disminuida  por  el Estado. Tanto impacta las represiones en Irán a aquellos que se manifiestan en contra de una elección injusta, como impacta en México el impedimento de opinar sobre un político en tiempos electorales. Ambos son disminuciones de la preciada libertad.

La piedra angular de los sistemas democráticos es justamente esa libertad de poder manifestar, expresar, decir, recibir e investigar información de todo tipo y más aún el no poder ser censurado previamente sino en su caso asumir las responsabilidades ulteriores que la divulgación de la información pueda generar. Hoy vemos como muchos  medios masivos de comunicación cabalgan impunemente sin responsabilizarse de la información transmitida sin objetividad, veracidad o trascendencia pública.

Uno de los peligros crecientes de esta libertad es la impune actividad que desarrollan las organizaciones delincuenciales para amedrentar el trabajo periodístico. Esta actividad desenfrenada es propiciada indirectamente por el mismo Estado que se torna inútil respecto a la seguridad que debe propiciar a todos los ciudadanos. El riesgo de los profesionales de la información es mayúsculo y muy superior que inclusive al trabajo de cobertura de una guerra. El amedrentamiento sistemático provocado por estas organizaciones impacta en un ejercicio libre y conlleva a una clara disminución no estatal, aunque con participación indirecta del Estado, de la preciada libertad.

De igual manera la sobre información o mejor llamada "la cortina informativa" genera un grave atentado a la libertad de expresión en su facultad de recibir información. Nuestra época propicia una necesidad informativa de enormes proporciones pero ello no significa que esta cantidad de información sea canalizada apropiadamente. La creciente información sobre la vida privada de las personas ha generado que el ámbito privado sea reducido a casi nada volviendo público todo lo que ocurre en nuestras actividades personales. La red cibernética ha propiciado un desencadenamiento de información que sin una adecuada formación genera problemas serios en el desarrollo intelectual de algunos grupos como son los menores o los adolescentes. 

El derecho de la información, como rama jurídica que regula la actividad informativa, debe asumir un papel protagónico en el entendimiento de todos los fenómenos político-jurídico-informativos que se presentan en la sociedad. Pero no solamente entendido como aquella rama jurídica proveniente del Estado sino como un conjunto de valores o principios que orienten la actividad informativa, desde la empresa dedicada a esta actividad hasta el consumidor final de información.

En México los desafíos de la libertad de expresión abarcan desde una urgente reforma a la legislación en imprenta, radio y televisión, publicidad, hasta la adecuación de los códigos de ética de los grandes medios de comunicación. De igual manera y con sentido de urgencia es evitar la creciente amenaza al quehacer periodístico. En los últimos tres años la muerte de profesionales de la información ha generado el temor para cubrir determinadas áreas de la información en concreto el seguimiento de los hechos propiciados por el crimen organizado. El Estado mexicano contribuye a propiciar este clima no apto para la labor periodística, no sólo porque no genera condiciones de seguridad sino también porque los crímenes a periodistas quedan impunes, no hay castigo, no hay sanción, simplemente parece que no hay responsables.

La libertad de expresión se amplía a cada individuo que compone la sociedad, no es privativa de nadie sino es expansiva a todos. Es por ello que los desafíos a la libertad de expresión impactan en cada uno  de nosotros que debemos reclamar e impedir se menoscabe de ninguna manera esta preciada libertad ni desde el poder del Estado, ni desde los poderes fácticos.

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*El autor es profesor de Derecho de la Información y Teoría Política en la Universidad Panamericana.

 

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