La generación de empleo en la crisis

La reactivación del sector laboral es esencial para la recuperación económica de México; el Gobierno debe apoyar financieramente y fiscalmente a las empresas para la generación de empleos.
monedas-baja-tasas-JI.jpg  (Foto: Jupiter Images)
Miguel Ángel Corro Manrique*
CIUDAD DE MÉXICO -

La globalización económica, más allá de sus pregonados beneficios, evidencia también sus límites y esta afirmación no sólo se hace por el aprieto transitorio de la crisis actual. El Informe de Naciones Unidas sobre Desarrollo Humano da cuenta de las disparidades estructurales en el desarrollo. El mundo está cada vez más polarizado, agrandándose a pasos acelerados la distancia que aparta a ricos y pobres.

El Producto Interno Bruto (PIB) mundial en el 2008 fue aproximadamente de 57 billones de dólares, 45 billones corresponden a los países industrializados y sólo 12 billones a las naciones en desarrollo, no obstante, que en éstas reside 80% de la población. En los últimos 40 años, la participación en el desarrollo del 20% más pobre de los habitantes se ha reducido de 2.4 a 1.1% de los ingresos, mientras que la participación del 20% más rico se ha incrementado de 70 a casi 90%.

Por otro lado, los responsables de la formulación y ejecución de políticas económicas en todos los países, pero fundamentalmente en los llamados "emergentes", recurren a todos los instrumentos que tienen a su alcance para luchar contra el descenso de la producción, el aumento del desempleo y la disminución de la demanda agregada.  El componente más importante a reactivar es la inversión, que evidentemente genera empleo y en consecuencia provoca un aumento del consumo privado.

Hay que recordar que la causa principal de la recesión mexicana es la dramática caída del consumo privado. Por ello, la reactivación de la demanda interna es motor sine qua non de la recuperación.

Más aún, incluso quienes afirman que la recesión mundial acabó, como Merrill Lynch, consideran "probable que el repunte internacional sea lento y que requiera de la ayuda de una política (de estímulo fiscal) sostenida" (El Financiero, 20/VII/09). Y en el caso de la economía de EU, ni siquiera hay evidencias de que la recesión haya concluido: el índice de la producción industrial, que alcanzó su pico en diciembre de 2007 (con 112.4 puntos), ha descendido en 2009, alcanzando los 95.4 puntos en junio; y la utilización de la capacidad industrial instalada, que alcanzó 80.6% en diciembre de 2007, ha caído hasta 68% en junio de 2009. Además, la tasa general de desempleo, que se situó en 4.7% en noviembre de 2007, se ha alcanzado 9.5% en junio de 2009; y el número de trabajadores en el seguro de desempleo también ha crecido desde 2,609,250 en noviembre de 2007 hasta 6,721,600 en junio de 2009.

Para colmo, la recuperación de la demanda de EU para los bienes que México exporta será lenta. De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad, "el consumo (estadounidense) en algunos sectores como el electrónico, el de bienes de consumo, de electrodomésticos y el automotor tardará más de 10 años en recuperar sus niveles de 2008. Esto afecta el ingreso de más de 80% de nuestras exportaciones no petroleras. Por otro lado, el menor gasto de los estadounidenses en entretenimiento y turismo afectará nuestros ingresos al igual que la caída en 16% de las remesas que se envían a México" En consecuencia, hay que voltear al mercado interno como el espacio económico fundamental para el desarrollo.

En lo inmediato, es indudable que la economía mexicana no encontrará el camino de la reactivación sin un fuerte estímulo fiscal. Ante la profundidad de la recesión, el FMI ha sugerido un estímulo de por lo menos 2% del PIB, el cual no sólo debe ser de pronta ejecución, sino también duradero y expandible, "porque la recesión se prolongará durante algún tiempo" y se "requiere el compromiso de hacer más si es necesario".

El mismo Fondo Monetario Internacional advirtió que hay una alta probabilidad de que la recesión económica actual sea "excepcionalmente larga y profunda", y su recuperación "será lenta", pues "la conjunción de la crisis y la desaceleración mundial sincronizada origina una recesión excepcionalmente profunda y extendida en el tiempo (World Economic Outlook. Crisis and Recovery),

Sin embargo, el reto no es nada alentador. En fechas recientes, la Organización Internacional del Trabajo estimó que hasta 239 millones de personas podrían perder su empleo en 2009, esto es, aproximadamente 50 millones de personas más que en 2007. Por supuesto, esto tendrá una repercusión negativa sobre el consumo, que representa, en términos normales, el componente más grande de la demanda agregada. El reto es más grande si el panorama internacional indica que la recuperación económica puede tardar hasta 5 años.

Cabe mencionar, que durante un poco más de medio siglo, el comercio, como sistema de normas acordadas a nivel mundial, ha tenido un efecto multiplicador en el crecimiento de los países. En estas décadas, la apertura del comercio ha contribuido en gran medida a mejorar las condiciones de vida de cientos de millones de personas y a mejorar las relaciones entre los países.

Empero, el descenso del volumen del comercio que estamos experimentando se ha generado por el hundimiento de la demanda mundial de bienes de consumo y el agotamiento del financiamiento del comercio, lo que han dado como resultado unas arcas vacías y una cartera de pedidos en blanco.

Para sustentar la demanda, los gobiernos tendrán que estimular su economía, y eso significa que se deberán utilizar medidas fiscales, puesto que los tipos de interés han caído hasta los niveles más bajos de la historia. Por ejemplo, en fechas recientes, el consejo de gobierno del Banco Central Europeo acordó reducir la tasa rectora en la eurozona hasta el 1% y anunció un programa de compra de cédulas hipotecarias emitidas en esa zona por valor de 60,000 millones de euros. Esto con el fin de reactivar un segmento del mercado financiero especialmente castigado por la crisis.

En este contexto, el programa anticrisis del Gobierno mexicano ha sido poco efectivo para mitigar los efectos de la recesión los cuales se acentuaron en el primer trimestre del año, arrasando con la industria de la construcción y agravándose en el segundo trimestre, a pesar del programa de infraestructura implementado por el gobierno. Además, el Gobierno mexicano enfrenta una disyuntiva para financiar el plan anticrisis ya que ha reconocido un "boquete" de 300,000 millones de pesos en el presupuesto público, más del doble de lo que anunció para reactivar nuestra economía, lo que significará una fuerte discusión a la hora de analizar y aprobar el presupuesto de egresos federal

Por la parte monetaria, no se ve un impulso a la economía pese a que Banco de México ha reducido en cinco ocasiones su tasa de interés de corto plazo a 5.25%, la más baja desde que utiliza este mecanismo para contener las presiones inflacionarias. Banxico ha privilegiado la reducción de la tasa de interés para impulsar la inversión y con ello atenuar la caída en la economía.

Pero el crédito de la banca comercial al sector privado solo creció 1% en el mes de marzo, comparado con el mismo período de 2008, mientras que las tasas de interés de crédito al consumo (tarjeta) se elevaron 7.51 puntos porcentuales, esto es, pasaron a 41.78% durante el tercer mes del año.

Incluso el sector comercio sorprendió con una caída de 17% en el primer cuarto del año, lo que indica el menor consumo de los mexicanos que se han visto impactados por el desempleo y una inflación de más de 5% (cifra anualizada hasta agosto de 2009).

Adicionalmente, la inversión extranjera directa, de los 10 países que más aportan al país, cayó en casi 56%, y en particular, las que provienen de nuestro vecino del norte se desplomó en un 53 %

La ilusión gubernamental de que la economía mexicana estaría "blindada" contra la recesión estadounidense se desvaneció definitivamente con los desplomes del PIB y del empleo observados en el cuarto trimestre de 2008 y los comportamientos similares de los dos primeros trimestres de este año.

En sentido contrario a lo expresado por las más altas autoridades del país, será oportuno dirigir los esfuerzos para impulsar el crecimiento de nuestra economía a partir de políticas económicas de crecimiento sostenido del producto nacional y del empleo en un contexto de recesión mundial.  El principal esfuerzo deberá centrarse en el apoyo tanto fiscal como financiero para que el conjunto de las pequeñas y medianas industrias puedan reiniciar sus procesos de producción. Pero esto no será posible si no existe un plan integral de estímulo al desarrollo industrial, hasta ahora inexistente, privilegiando por un lado, el fomento de cadenas productivas en las actividades económicas con ventajas competitivas y por el otro, el apoyo de la actualización tecnológica necesaria para estas actividades con ayuda de las universidades, centros de investigación e innovación tecnológica e incubadoras o aceleradoras de empresas de alta tecnología. En este sentido, el esfuerzo realizado por diversas instituciones como el Tecnológico de Monterrey no puede ser ignorado, pero sin duda aún es insuficiente y necesitamos hacer más.

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De esta forma, salvo la mejor opinión de usted, estimado lector, podemos asegurar la reactivación del crecimiento con la principal red empresarial del país, esto es las pequeñas y medianas empresas, así como asegurar, por esta vía, la generación de empleos que tanto necesita la población mexicana.

* El autor es director del Departamento de Administración y Finanzas de la División de Negocios del Campus Santa Fe del Tecnológico de Monterrey y director del Centro de Estudios Interdisciplinarios y Prospectiva del  mismo Campus.

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