Desaparición de secretarías, acto inútil

Hugo Javier Fuentes opina que la medida adoptada por el Gobierno no creará un ahorro significativo; el académico del ITESM afirma que la disolución de Sectur, SFP y SRA es sólo una acción simbólica.
calderon-anuncio-mexico-presidente-AP.jpg  (Foto: AP)
Hugo Javier Fuentes Castro*
CIUDAD DE MÉXICO -

Estimado lector, tal vez usted se hace esta pregunta: ¿La desaparición de la Secretaría de la Función Pública, La Secretaría de Turismo y la Secretaría de la Reforma Agraria significa un ahorro y una mayor eficiencia para la administración pública federal? La respuesta es no. Las razones que soportan esta respuesta tan tajante se concretan en cuatro hechos.

i)        Considerando el Presupuesto de Egresos de la Federación del 2008  en termino de plazas, las tres secretarías suman 5,356, que, con respecto a un universo de 3,090,862 que componen al sector público, representan apenas el 0.184%.

ii)      En términos de monto presupuestal, estas tres secretarías suman 1,748 millones de pesos, que, con relación a 673,219 millones de pesos que componen el presupuesto público, se traducen en 0.26%.

iii)     Un factor a tomar en cuenta es el papel del sindicato. Recordemos que la Federación de Sindicato de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE) manifestó que ningún trabajador de la secretaría de la Reforma Agraria, Turismo y Función Pública, perdería su empleo.

iv)    Aunado al anterior inciso, otro hecho a considerar es que no podemos pensar que el 100% de las personas que están en las tres secretarías saldrán del presupuesto ya que existen  funciones y operaciones que se deben de mantener. Con todo esto  es  factible que sólo 2,000 plazas en realidad sean las que se eliminen.

Sintetizando, por su peso y por la dimensión real del recorte, la salida de las secretarías es más un acto simbólico que efectivo si lo que se quiere es hacer más eficiente al sector público. Ahora bien, si su pregunta es: ¿Qué se debe hacer para ser eficiente? La respuesta se centraría en acciones sobre el gasto y el ingreso. Por parte del gasto se deben considerar tres acciones fundamentales:

i)        Recortar funciones redundantes entre secretarías y entidades públicas, a fin de que se realicen en realidad las tareas centrales. Esto significa un análisis transversal de funciones en el sector público, el cual se debe realizar con toda objetividad y transparencia.

ii)      Racionar programas dejando sólo aquellos que son efectivos. Se debe pensar que existen programas que por sí solos suman el presupuesto de más de una secretaría.

iii)     Eliminar los subsidios a la luz y gasolina. Este hecho no es popular, pero todo indica que los que más tienen son en realidad los verdaderos beneficiados.

Por la parte de ingresos dos hechos son  fundamentales:

i)        Reducir los gastos fiscales, con ello se habla de aquellos ingresos que deja de recibir el erario debido a que se manejan tratamientos especiales.

ii)      Reducir la evasión fiscal. Este hecho es fundamental porque no importa que tanto se suban los impuestos, si los que pagan son los menos en un universo potencial  enorme de contribuyentes.

Por razones de espacio es muy difícil abarcar de manera más precisa cada una de las acciones que se han mencionado. Pero independientemente de las que le parezcan más adecuadas o de la combinación de éstas que le pareciera más efectiva, ya sea en su número como en su dosis,  es necesario tenerlas en cuenta, porque soslayarlas es no querer responder de manera sincera a la pregunta: ¿Cómo podemos tener un gobierno más eficiente?

Ahora, sólo permítame dos reflexiones que considero muy pertinentes antes de terminar. En primer lugar, en un momento recesivo como el que vivimos no es un error pensar en un gobierno eficiente, esta es una obligación para cualquier entidad pública ya sea federal, estatal o municipal.

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A usted que paga sus impuestos le interesa que éstos se traduzcan en más y mejores servicios a favor de toda la población, en particular de los más necesitados.  Ser eficiente significa producir más con lo que se tiene o producir lo que se desea con la menor cantidad de recursos, permitiendo a quien ejerce esta acción tener acceso a una mayor cantidad de oportunidades. En segundo lugar quiero hacer patente que ante un escenario como el que vivimos, el gobierno debe ejercer un papel  activo  como  "consumidor" de última instancia, como motor de crecimiento. Lamentablemente, la situación que vive nuestro país con bajos precios petroleros, la desaceleración económica de Estados Unidos y una compleja situación fiscal, han terminado de minar la capacidad del gobierno. El haber relegado las tareas urgentes durante años ha tenido el mismo efecto que no estudiar la lección cuando se va a enfrentar un examen: respuestas incorrectas, incompletas o en su caso, acciones más simbólicas que efectivas, así es, como la desaparición de tres secretarías.

* El autor es actualmente director del Departamento de Economía y del Centro de Estudios Estratégicos (CEE) del Tecnológico de Monterrey Campus Ciudad de México, también es profesor-investigador de tiempo completo, donde ha impartido materia de Microeconomía y Economía de la Organización para licenciatura, maestría,  doctorado y MBA.  Es Maestro y Doctor en Economía Aplicada  por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha ocupado puestos como Consultor de Dirección General y Sub director de Administración de Riesgos de Banco Internacional SNC.

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