El ejercicio del gasto, poco efectivo

El Gobierno puede tener un presupuesto aprobado sin realmente ejecutarlo, dice José Luis de la Cruz; ¿qué inversiones redujeron el problema en 45,000 mdp?, cuestiona el académico.
Pesos  (Foto: Archivo)
José Luis de la Cruz*
CIUDAD DE MÉXICO -

En la reciente discusión de la Ley de Ingresos, así como en la que se realiza respecto al destino de los recursos públicos para 2010, un elemento central es el de reflexionar sobre cuál es el verdadero efecto del ejercicio del gasto tanto en la economía como en el bienestar de la población.

El hecho de que el poder Ejecutivo y el Legislativo hayan decidido cobrar mayores impuestos a una sociedad más pobre, contrasta con la ineficiencia que en general tiene la aplicación de las erogaciones realizadas por el Gobierno federal. Como ejemplo, se puede citar que durante los primeros ocho meses del año la economía se vio envuelta en una vorágine que en promedio la llevó a contraerse 8.7%, lo anterior al mismo tiempo que el Gobierno no gastaba todos los recursos de los que presupuestalmente disponía para hacer frente a la peor crisis en la historia moderna de México.

Como referencia, puede indicarse que en los primeros ocho meses de 2009 el subejercicio de recursos superó los 53,900 millones de pesos, de los cuales 4,000 fueron servicios personales, 28,400 millones de gasto corriente y 21,400 millones de gasto en capital. Dado que justamente el programa de infraestructura y el propio gasto corriente fueron concebidos para enfrentar el problema económico que asola  al país, el principal cuestionamiento que surge de lo anterior se refiere al por qué el Gobierno no aplicó oportunamente sus recursos.

No obstante lo descrito previamente, en el ejercicio del gasto todo cambió para septiembre, cuando  la mayor parte del subejercicio fue subsanado: el saldo  fue de únicamente 8,600 millones de pesos, siendo los ramos de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca  y Alimentación (2,100 millones), Comunicaciones y Transportes (1,480 millones), Educación Pública (2,600 millones), Reforma Agraria (415 millones), Desarrollo Social (329 millones) y Seguridad Pública (997 millones) en donde aún se presentaron fuertes rezagos.

En este punto parece oportuno preguntarse sobre cómo se logró mitigar el tamaño del subejercicio en solamente un mes, ¿Qué proyectos de inversión, servicios personales y gastos corrientes se ejecutaron para bajar este problema en 45,000 millones de pesos?

 La información disponible hace posible plantear algunos esbozos que dan un acercamiento pero no agotan el tema. Primeramente se debe mencionar que hasta agosto los servicios personales tenían un subejercicio de 4,000 millones de pesos, cifra que para septiembre desapareció, lo cual muestra la eficiencia que tiene el sector público para las erogaciones referentes a este concepto, en donde por ejemplo están viajes, honorarios, primas o las comidas de los funcionarios, es decir lo que menor impacto tiene en el crecimiento económico de la nación.

En segunda instancia aparece el gasto corriente, el cual también tuvo una fuerte disminución en el subejercicio al pasar de 28,400 millones de pesos a 6,500 millones entre agosto y septiembre del presente año. Nuevamente parece evidente que la maquinaria estatal comenzó a ejercer los recursos con los que contaba hasta que pasó la parte más crítica de la crisis económica. Sin lugar a dudas queda en el misterio el motivo de por qué el sector público tardó tanto en reaccionar para regresar el dinero que retira vía impuestos, especialmente en aspectos que son tan prioritarios como la educación, la infraestructura o la seguridad, máxime cuando varios de ellos constituyen los programas de referencia para el Poder Ejecutivo.

No puede dejarse de mencionar que en lo referente al gasto en capital, es decir en la infraestructura, también se contabilizaron altos subejercicios. Entre agosto y septiembre pasaron de 21,500 millones a solamente 2,100 millones de pesos, reflejando con ello como en un mes pueden utilizarse la mayor parte de los recursos destinados a la construcción de carreteras, edificios, escuelas o para la generación y distribución  de energía eléctrica.

Pero, ¿qué ramos y dependencias son las encargadas de realizar semejantes avances para lograr eliminar los subejercicios? En servicios personales puede verse que Relaciones Exteriores, Hacienda y Crédito Público, Defensa Nacional, Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, Comunicaciones y Transportes, Salud, Marina, Medio Ambiente y Recursos Natural, Desarrollo Social  y Seguridad Pública aceleraron el paso para gastar más. Las razones del por qué se erogaron hasta septiembre sin duda serán tema de interés en el futuro inmediato, principalmente debido a que se enmarcan en un mes en donde el Poder Ejecutivo anunció un programa de austeridad y recorte de gastos en dichos servicios para dar una muestra de solidaridad con la sociedad en los momentos de crisis.

Reforzando lo anterior, se encuentra el breve análisis del gasto corriente, en donde puede observarse que las dependencias públicas rápidamente ajustaron el subejercicio que venían acumulando, y mediante el gasto realizado en septiembre lograron reducir o de plano eliminar dicho aspecto. A continuación, se mencionan algunos de los casos más destacables, acotando que entre paréntesis se encuentra el monto de la disminución en el saldo entre agosto y septiembre pasados:  Gobernación (421 millones), Relaciones Exteriores (563 millones), Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, (5,300 millones), Comunicaciones y Transportes (1,438 millones), Educación Pública (4,219 millones), Salud (2,499 millones), Reforma Agraria (377 millones), Medio Ambiente y Recursos Naturales (1,809 millones),  Energía (4,998 millones) y Desarrollo Social (790 millones).

Nuevamente, debe recordarse que todas las erogaciones de gasto corriente destinadas a mitigar el saldo del subejercicio se dieron en un mes en donde al mismo tiempo se señaló que el Gobierno había tomado conciencia de que era necesario hacer un reajuste es sus gastos, principalmente en la parte de servicios personales y de operación.

Finalmente, se tiene al gasto en capital, elemento que encaminado hacia la generación de la infraestructura debió ser el encargado de enfrentar los efectos de la crisis económica. Como puede apreciarse en algunos ejemplos en realidad lo que sucedió fue que su ejecución tuvo un subejercicio creciente hasta agosto pasado, el cual fue resarcido en septiembre, cuando al igual que en los casos anteriormente descritos se incrementó el ritmo del gasto público.

La reducción de 19,337 millones de pesos en el subejercicio del gasto en capital da una idea clara del presupuesto que no había sido ejecutado en los primeros dos tercios del año, principalmente en los ramos de Comunicaciones y Transportes, Educación Pública, Salud, Medio Ambiente y Recursos Naturales y Desarrollo. En este sentido es oportuno inquirir sobre la naturaleza de los proyectos que se han implementado al amparo de dichos recursos financieros, ya que por su magnitud y naturaleza de infraestructura deberían propiciar el crecimiento de la economía así como el del desarrollo del bienestar social de la población, algo que hasta el momento no ha ocurrido en el país.

Con base a lo anterior parecen claras un par de cosas: primeramente el sector público puede tener un presupuesto aprobado sin realmente ejecutarlo totalmente durante la mayor parte del año. En segunda instancia, también es evidente de que la contabilidad presentada en el informe de finanzas del tercer trimestre indica que en un mes el sector público es capaz de ejercer los recursos que antes estaban ociosos.

Dada la profundidad de la crisis que se vive en 2009, debe considerarse que esta forma de ejecución del gasto público no ha tenido el efecto positivo esperado por las sociedad y el propio Gobierno, situación muy delicada para un 2010 en donde el argumento inicial de aumentar impuestos fue de que servirán para impulsar a la economía, algo que no se dará porque el problema de eficiencia no se solucionará en el corto plazo ni en la Cámara de Diputados. Ante ello, es evidente que México debe prepararse para un año de crecimiento moderado e inercial: el modesto 3% esperado por el Gobierno federal.

*El autor es profesor del Departamento de Finanzas y Economía del Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores y se ha desempeñado laboralmente en los sectores privado, académico y público, en este último como Subdirector de Análisis Macroeconómico en la Secretaria de Hacienda y Crédito Público.

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