Felipe Calderón… y su carta a Santa

El Ejecutivo federal difundió el martes una lista de ‘10 deseos políticos’, dice Carlos O. Ramírez; entre éstos se encuentran una segunda vuelta presidencial y menos legisladores, indica politólogo.
carta  (Foto: Jupiter Images)
Carlos O. Ramírez*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Este martes, el presidente Felipe Calderón anunció 10 iniciativas de reforma política que somete a consideración del Poder Legislativo para las semanas venideras.

El "decálogo de Calderón", como fue nombrado de inmediato por la prensa nacional, considera modificaciones importantes en materia electoral, ejecutiva, legislativa y judicial.

Destacan desde luego los temas de la segunda vuelta en elecciones presidenciales, la reelección consecutiva por hasta 12 años de legisladores, presidentes municipales y jefes delegacionales, la disminución de diputados y senadores en ambas Cámaras del Congreso y el incremento en el porcentaje de votos necesarios para conservar el registro de los partidos políticos.

Los deseos del presidente

Más allá de la fe que le tiene el presidente Calderón a los decálogos -no es la primera vez que se pronuncia por una santa decena iluminadora-, vale la pena entender la preocupación de fondo que comparten.

Al presidente le preocupa la gobernabilidad o, mejor dicho, a Felipe Calderón le gustaría gobernar, y si es como Dios manda, mejor.

Tal vez a él ya no le toque, pero por el bien de México los presidentes deberían comenzar su mandato con mayorías absolutas de respaldo popular y sus iniciativas de ley enviadas al Congreso de la Unión deberían tener carácter "preferente", así como ser dictaminadas y votadas antes de concluir cada periodo ordinario de sesiones.

Además, al Poder Ejecutivo le gustaría que el Poder Legislativo no tuviera tantos integrantes. Le parece excesivo al Gobierno federal entenderse con 128 senadores y 500 diputados, así no se puede, mejor serían sólo 96 de los primeros y 400 de los segundos.

Luego, tampoco se vale que el presidente, el titular del Ejecutivo federal ni más ni menos, no tenga facultades constitucionales para hacerle "observaciones parciales o totales a los proyectos de ley aprobados por el Congreso, así como al Presupuesto de Egresos de la Federación". Pues quién quedamos que tenía la última palabra entonces.

Premios y castigos

Está bien, si los diputados y senadores se quieren reelegir, que lo hagan, que al cabo "el Constituyente de 1917 no restringió la posibilidad de elección consecutiva de los congresistas" y por el contrario les recuperamos a los ciudadanos el derecho de premiar o castigar a sus representantes, al tiempo que les ayudamos a éstos a que sean más profesionales en sus tareas.

Y ya que andamos con reformas estructurales, lo mismo debería suceder con los alcaldes, regidores y jefes delegacionales de todo el país y el Distrito Federal, porque tendrían "mayor capacidad de gestión y mayor tiempo para impulsar programas de Gobierno de largo aliento".

"El que gobierne bien que siga en el cargo y el que gobierne mal o mediocremente, que se vaya", dicta el mandato calderonista y enseña que "en todo el mundo democrático, los ciudadanos se mantienen atentos a lo que ocurre con sus autoridades locales".

En la lógica presidencial, si los políticos "están preocupados por la opinión ciudadana, porque de ello depende su futuro, tendrán incentivos para mejorar su desempeño". Luego entonces, parece continuar el silogismo, no hacer este cambio es no confiar en los ciudadanos ni en su capacidad de decisión.

Mayoría de edad

Es claro que el actual sistema político le incomoda a Calderón porque no lo deja hacer ni pasar con libertad, y por eso nos arenga que "el sufragio efectivo debe convertirse en democracia efectiva" urgentemente.

No basta ganar una elección (menos en tribunales) si hay incapacidad para gobernar, admite con estoicismo, para enseguida dirigirse al pueblo y prometerle un cielo esperanzador: "que la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos vaya más allá de la mera elección de autoridades", con una incidencia directa en el proceso legislativo con la figura de la "iniciativa ciudadana", o bien la presentación de candidaturas independientes en justas electorales.

El presidente Calderón da más poder a la gente y no castiga, no, al Congreso ni al sistema de partidos. Que no se malentiendan las cosas, ni se lean con malas intenciones sus dictados. Si propone que los partidos mantengan su registro con el 4% de la votación en lugar del 2% vigente, es por su propio bien y el de la gente. No es para que no haya tanto minipartido por ahí, es para que los que subsistan tengan mayor representatividad social.

Felipe ya mandó su carta a Santa, falta ver qué le traen los Reyes Magos al presidente Calderón.

El autor de este artículo es consultor en Gobierno electrónico, politólogo egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y también se ha desempeñado como editor y reportero en medios impresos y electrónicos.

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