El futuro de Carstens tiene dos visiones

Internacionalmente, el nuevo gobernador del Banxico es un destacado economista, dice Sergio Negrete; el investigador dice que en la percepción popular Carstens quedó como político lejano a la...
agustin carstens  (Foto: Notimex)
Sergio Negrete*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Parece que hay dos versiones, radicalmente distintas, de quien será a partir de enero el nuevo gobernador del Banco de México, Agustín Carstens.

La visión internacional es la de un destacado economista, respetado en el ámbito académico e incluso admirado en la esfera de las políticas públicas.

Su nombramiento como Subdirector Gerente del Fondo Monetario Internacional en 2003, cuando era subsecretario de Hacienda, mostró ya esa estima (habitualmente, es un cargo reservado para personas que habían fungido a nivel de Secretario).

En el FMI consolidó ese respeto con una gestión reconocida como extremadamente competente.

Carstens llegó al FMI con una sólida carrera como economista del sector público.

En una institución, el Banco de México, en que las carreras pausadas dentro de su jerarquía son lo habitual, su vertiginoso ascenso sólo puede clasificarse como meteórico.

En cambio, su paso como titular de la SHCP, cubriendo exactamente la primera mitad del sexenio calderonista, parece a los ojos de muchos poco menos que un desastre: el año 2009 cerrará con la peor recesión desde 1932.

Peor, en la percepción popular, Carstens quedó plasmado como un político tan alejado de la realidad como María Antonieta.

Si la decapitada reina de los franceses había dicho ante las hordas hambrientas que clamaban la falta de pan, "pues que coman pastel", Carstens ante el huracán financiero que se venía encima opinó que se trataba de "un catarrito".

Además, las finanzas públicas bajo su encargo se deterioraron en forma alarmante y son extremadamente dependientes del petróleo.

Si no fuera porque el precio del crudo se encuentra en niveles históricamente elevados, una crisis fiscal en 2010 sería algo inevitable.

Las palabras de Carstens de que se encontraba a disposicion del presidente Calderón con respecto a encabezar el banco central sólo agregaron mayor leña al fuego.

La autonomía del Banxico, se argumentaba, quedaría poco menos que anulada si se nombraba a alguien que parecía dispuesto a complacer la voluntad presidencial en materia de política monetaria (esto es, reducir de manera irresponsable las tasas de interés). En ese sentido, fue fascinante observar que todos los partidos políticos sin excepción presentaron una ardiente defensa de la autonomía del banco central.

Así, las voces que clamaban contra el nombramiento de Carstens al frente del Banxico, y la ratificación para un tercer periodo de Guillermo Ortiz, parecían tener un sólido fundamento.

Nadie discutía la sólida trayectoria de Carstens hasta 2006, pero se argumentaba que el desempeño reciente no merecía a Banxico como premio.

Calderón tenía, ciertamente, a un gobernador competente y respetado en Guillermo Ortiz. Pero igualmente contaba con otro candidato excepcional en Carstens, quien tiene todo el potencial y la experiencia para ser un gobernador sobresaliente.

¿El famoso catarrito? Carstens hizo el comentario en febrero 2008, siete meses antes de la quiebra de Lehman Brothers. En ese momento presentó una visión que no discrepaba en lo absoluto de la prevaleciente.

El problema del deterioro fiscal es real. Y, ciertamente, puede argumentarse que Carstens permitió que el gasto se disparara a la par que los muy volátiles ingresos petroleros (de lo mismo puede acusarse a su predecesor, Francisco Gil Díaz). Pero el origen real del problema está en un Congreso tan poderoso como fragmentado y de gobernadores que demandaban servirse de la sopa presupuestal con la cuchara grande.

Como secretario de Hacienda, Carstens trató de enfrentar el problema. Dio en repetidas ocasiones la voz de alarma, sobre todo ante legisladores. Mandó un duro presupuesto al Congreso y pidió un aumento de impuestos, incluyendo un IVA generalizado de 2%. El Congreso se limitó a aprovechar (una vez más) la coyuntura de precios del crudo al alza para darle otra subida al gasto, rechazando el IVA propuesto. Estrictamente hablando, son esos legisladores los que no debieron ser designados para encabezar el Banco de México.

Con respecto a su frase "yo estoy para ayudar al presidente" no hay duda que fue desafortunada. Esperando un cargo que ambicionaba, lo mejor hubiera sido guardar un prudente silencio (o en todo caso decir "yo estoy para servir a México"), pero tampoco hubiera sido de esperarse una actitud retadora ante quien tenía el poder de darle el puesto, para así mostrar que sería autónomo.

Lo cierto es que Carstens tendrá que batallar contra la dualidad de su imagen, al menos durante los tiempos iniciales en su nuevo encargo. Todos sus antecedentes, incluyendo su tiempo al frente de Hacienda, dan elementos para el optimismo con respecto a su futuro desempeño como gobernador del Banco de México.

*  El autor es Investigador Asociado del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY)

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