China decide y avanza, México no

La diferencia entre ambas naciones se concentra en su capacidad de decisión, explica José Luis Cruz; el gigante asiático creció 8.5% el año pasado, mientras el país decreció, reflexiona el académico.
china-carretera-zhengzhou-yello-river  (Foto: AP)
José Luis de la Cruz*

El hecho de que el PIB de China haya aumentado alrededor de 8% durante los primeros tres trimestres de 2009, permite entender que, tanto su capacidad industrial como la generación de servicios, se mantuviera bajo buen resguardo durante la crisis económica que azotó a una buena parte del mundo.

A contracorriente con lo que pasó en otras naciones, China aprovechó la recesión para seguir avanzando en el objetivo de consolidarse como una potencia. Hasta noviembre del año pasado el valor de sus exportaciones superó a las de Alemania, ocupando con ello el primer lugar a nivel mundial.

Lo anterior no es algo menor, más si se considera que la oferta exportadora del país asiático tiene un alto sesgo hacia la venta de bienes tecnológicos. En otras palabras aquellos tiempos en donde China era  una nación donde solamente se manufacturaban juguetes, textiles, calzado y otra serie de bienes de consumo con bajo valor agregado, cambió para darle paso a una etapa centrada en la fabricación de computadoras, equipo electrónico, maquinaria eléctrica, automóviles y equipo óptico, es decir, productos de alta tecnología.

El proceso descrito se ha dado sin que ello implique el sacrificio de aquellas industrias dedicadas a la elaboración de bienes básicos. Simplemente el gigante asiático desarrolló una estrategia productiva que le permite mantener su alta competitividad en los sectores más tradicionales al mismo tiempo que ha irrumpido con éxito en aquellos de alta innovación.

Sin lugar a dudas que el rezago de un país con 1,300 millones de personas resulta grande, pero no se debe olvidar que hace 50 años, China todavía era una nación agrícola, y en algunas regiones hasta nómada. No obstante, es importante reconocer el logro que representa tener un avance sistemático en el crecimiento de su mercado interno, a tal grado que hoy se ostentan como el principal mercado automotriz, incluso sobre Estados Unidos.

En una época de crisis tampoco puede dejarse de lado que parte de esta situación se impulsó desde las políticas del gobierno chino, que sólo en 2009 inyectó alrededor de 586 mil millones de dólares para enfrentar a la amenaza que representaba la recesión mundial. El resultado de la eficiencia de esta política se puede ver nuevamente en la industria automotriz: mientras que en el resto del orbe la producción y venta de automóviles se colapsaba, en China la venta aumentó en más de 40%, teniendo al recorte en los impuestos para la compra de vehículos de bajo consumo de combustible como parte de su explicación.

La capacidad de consumo de los chinos creció en los años previos a la recesión, reflejándose en el aumento de su ahorro nacional, algo vital para contar con recursos líquidos en épocas recesivas.

Para 2010 impulsar el otorgamiento del crédito al consumo resulta parte del impulso con el que se busca mantener la dinámica de crecimiento económico, lo que en conjunto con una política fiscal adecuada y un sector privado moderno permitirá que en la peor recesión mundial China pueda continuar su marcha sin demasiados contratiempos.

Lo anterior representa un serio desafío para países como México, que compiten con el gigante asiático en el comercio internacional. Mientras en China se aplicaron políticas contra cíclicas oportunas, amplias y eficientes, en el caso de nuestra nación la estrategia ha sido implementada fuera de tiempo, sin resultados claros y hasta contradictorias.

La caída estimada de 6.8% durante 2009, el desempleo correspondiente, la caída en las remesas, una baja en el consumo y la inversión sintetizan el daño a la economía y el bienestar, a lo cual el gobierno respondió erróneamente con la aprobación de un paquete fiscal cargado de impuestos, aplicado junto con una política de alza en el precio de los combustibles y un gasto de gobierno que no tiene una dirección estratégica.

Como ejemplo puede indicarse que las erogaciones en infraestructura pública no tienen impacto en el progreso tecnológico y la innovación, por lo cual el país no podrá enfrentar a la competencia de China en la producción de bienes de alto valor agregado. De igual manera la cancelación, y el retraso de proyectos carreteros y de energéticos, señalan la ausencia de una política de desarrollo sostenida. Por tanto, no debe de extrañar que durante el 2010, si bien se tendrán números positivos en términos del PIB, el consumo y la inversión; éstos no serán fruto de una recuperación bien planificada, sino el resultado de un año 2009 con una gran caída: ya no era posible seguir retrocediendo más.

Además, no se puede pensar que l mundo las cosas seguirán siendo iguales. En los próximos meses las empresas y gobiernos continuarán haciendo ajustes para buscar reposicionarse en el orden mundial. Para avanzar México necesita que se elabore un nuevo proyecto económico, político y social, donde se reconozca la obsolescencia del modelo actual y se concrete una serie de reformas que impulsen tanto a la productividad como al bienestar social.

Inicia el día bien informado
Recibe todas las mañanas las noticias más importantes para empezar tu día.

En este nuevo proyecto se deben incluir a las voces de la sociedad, empresas, universidades, trabajadores y el sector público, para que aporten nuevas ideas, y así resolver el problema de la falta de crecimiento que tiene el país, pero ¿de dónde surgirá el liderazgo para impulsar este cambio?

* El autor es profesor del Departamento de Finanzas y Economía del Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores y se ha desempeñado laboralmente en los sectores privado, académico y público, en este último como Subdirector de Análisis Macroeconómico en la Secretaria de Hacienda y Crédito Público.

Ahora ve
Los bomberos de California logran frenar la propagación del fuego
No te pierdas
×