Interpretando a Carstens

Agustín Carstens parece imponer una nueva línea en el Banco de México, dice Sergio Negrete; con la decisión de no renovar la línea de crédito con la Fed comienza a mostrar un perfil activo.
agustin-carstens-NT.jpg  (Foto: Notimex)
Sergio Negrete Cárdenas*

Cuando existía la Unión Soviética, los llamados kremlinólogos eran expertos en interpretar los gestos y acciones de la nomenklatura moscovita. Hasta las posiciones de los jerarcas del Partido Comunista en marchas del ejército eran estudiadas para ver quién gozaba de mayor favor (más cerca del líder de turno) o quién había caído en desgracia (su alejamiento o incluso desaparición).

En economía hay aquellos que, por afición o trabajo, tratan de desentrañar los dichos o acciones de aquellos en las jerarquías superiores del Gobierno. Por supuesto, el banco central es un objetivo habitual de esas atenciones, dado su poder y autonomía para ejercerlo sin estorbos políticos.

En años recientes, estas entidades se han convertido en instituciones muy transparentes. Lo que antes era un misterio, hoy son avisos de rutina. Por ejemplo, el monto de las reservas internacionales, o las "inclinaciones" sobre la dirección que puede seguir la política monetaria en un futuro cercano.

Pero todavía hay ocasiones en que un anuncio queda abierto a muchas posibles interpretaciones. Agustín Carstens, el flamante gobernador del Banco de México (Banxico), dio un buen campanazo el 27 de enero anunciando que no se renovaría la línea de crédito que el Banxico tenía con la Reserva Federal, y comentando que era un buen momento para comprar dólares y aumentar las reservas.

Con respecto a lo primero, no hubo sorpresa. Todas las entidades centrales que también tenían pactadas líneas semejantes siguieron el mismo camino. Que México la hubiese renovado habría desatado cierta preocupación.

Por supuesto, el peso cayó ante el anuncio de lo segundo, y sólo un ingenuo pensaría que Carstens no sabía el impacto que tendrían sus palabras. De hecho, puede pensarse que uno de los objetivos, quizá el más importante, haya sido tratar de marcarle una especie de alto a la apreciación nominal que la divisa nacional ha observado en fechas recientes frente al dólar.

¿Acumular más reservas internacionales? Suena bien tener un colchón con más plumas por si uno se cae, pero muchas veces ese almacenamiento tiene un costo significativo en términos financieros. Si hay un mexicano que conoce a profundidad el Fondo Monetario Internacional, ese es Carstens.

¿Por qué no tratar de llegar a un arreglo que permita acceso rápido a miles de millones de dólares del organismo, sin la necesidad de acumularlos? De hecho, ese arreglo existe en este momento, puesto que México tiene contratada la llamada Línea de Crédito Flexible (FCL en inglés) y la puede utilizar. Sin embargo, la FCL no puede ser contratada indefinidamente. ¿Por qué no tratar de alcanzar cierto arreglo permanente?

Los dichos del gobernador pueden tener mayor sustento si lo que busca es evitar que el peso se aprecie más, y al contrario busca que pierda un poco de valor. Ello evitaría un mayor deterioro en las cuentas externas, daría de paso cierto incentivo a las exportaciones y, por supuesto, un peso que se aprecie mucho puede un día depreciarse de golpe.

De ser ese el caso, y ello cae en el terreno premonitorio tipo kremlinólogo, Carstens estaría marcando una estrategia diferente a la seguida por su antecesor, Guillermo Ortiz, quien parecía absolutamente relajado sobre la paridad entre el peso y el dólar estadounidense, siempre y cuando sus movimientos no impactaran las expectativas inflacionarias al alza. Incuso si la intención no fuera evitar una mayor fortaleza del peso, el anuncio público de que es necesario acumular más reservas también marca distancia con la estrategia que seguía Banxico con su anterior gobernador, que incluso subastó dólares durante algún tiempo para moderar dicha acumulación.

El banco central tendrá que coordinar lo anunciado por Carstens con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), que legalmente (y peculiarmente) tiene la posibilidad de dirigir la política cambiaria por sobre la entidad. Pero el nuevo Secretario, Ernesto Cordero, muy probablemente verá el esquema con buenos ojos. Aparte, si Agustín Carstens ya lo anunció, lo más probable es que todo lo necesario ya esté acordado con la SHCP.

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Lo cierto es que todo queda en el terreno de las adivinanzas, pero lo indudable es que el actual gobernador del banco central ya esté empezando a marcar un estilo propio en los quehaceres de la institución. Todo apunta a que será un titular con fuerte iniciativa, y con acciones que necesitarán de kremlinólogos de la economía para ser interpretadas.

*El autor es Investigador Asociado del Centro de Estudios Espinosa Yglesias y cuenta con un Doctorado en Economía University of Essex, Reino Unido.

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