Crédito: dinero hoy, deudas mañana

Antes de pensar en un préstamo debes saber cuánto podrás pagar en intereses, dice Mauricio Hubard; aunque suena atractivo contar con dinero que no tienes, ten en cuenta que tarde o temprano pagarás.
credito-tarjeta-deuda-cortar-tijera  (Foto: Jupiter Images)
Mauricio Hubard*

Con mucha probabilidad, te ha llamado constantemente la atención la oportunidad de contar con un crédito para la televisión, el mueble o el coche que tanto deseas estrenar. Seguramente, la simple idea de remodelar tu casa, ampliar tu baño o el jardín, están presentes en tu vida diaria. Como pequeño o mediano empresario (Pyme), has de tener una profunda ambición por crecer e invertir en tu negocio, mejorar su maquinaria, adquirir las impresoras o el equipo que sabes que te ayudará a mejorar tus ingresos.

Solicitar un crédito en estos tiempos es relativamente fácil, pero hay que comprender de forma muy clara lo que tu decisión sobre este crédito significará. Al solicitarlo, lo que estás realmente haciendo es mover un dinero dentro de un lapso de tiempo cuyo costo económico, tarde o temprano, tendrás que enfrentar.

¿Ahorras o pides un crédito?: enfrentando la disyuntiva.

Antes de una trascendental decisión financiera de este tipo, haz un alto en el camino y reflexiona sobre dos diferentes servicios financieros: Ahorro y Crédito.

Por un lado, cuando ahorras, ejercitas tu capacidad de usar tu propio dinero hoy hacia el futuro y recibes por esto un interés reflejado en el aumento de tu patrimonio. Si hoy inviertes 1,000 pesos en CETES, en este caso, el Gobierno será quien tome tu dinero a un plazo fijo y te lo devolverá en el periodo pactado, por ejemplo de 180 días; al final de estos 180 días, tendrás aproximadamente 1,024 pesos tomando la tasa de interés actual.

Por otro lado, al tomar un crédito, estás disponiendo hoy de un dinero que esperas ganar en el futuro, pero ojo: que todavía no es tuyo. De una u otra forma, pagarás a quien te dio el crédito un dinero por interés y comisión.

Entrarle a un crédito es muy útil, pero siempre y cuando lo hagas de forma responsable. Para esto, tienes que conocer a detalle tus ingresos y gastos reales ya sean personales o familiares (si es que tu familia ayuda con parte de los ingresos). Asimismo, tienes que tener absoluta claridad en los gastos e ingresos que ejerces en tu propia actividad productiva o empresarial. Cuando tu familia vive de lo que genera tu propia empresa, es todavía más importante, ya que van estrechamente condicionadas en las oportunidades de ganar o de perder.

Si vas a optar por un crédito, siempre es mejor hacerlo para invertir en tu negocio o actividad productiva, ya que esto te ayudará a generar más dinero. Cuando te endeudas en la compra de una televisión (no hay que negar que es muy entretenido ver el Mundial en una pantalla más grande) lo que realmente estás haciendo, es que dispones de menos dinero semanalmente (o quincenalmente), mientras terminas de pagarlo y, al final, en lugar de generar más dinero, realmente contarás con menos. Primer consejo gratuito: no caigas en la tentación de satisfacer con un crédito, una necesidad (no siempre real) que te llevará a sufrir mucho tiempo, hasta que lo liquides al 100%.

¿Sabes si realmente puedes pagar un crédito?

La única forma real de saberlo es si conoces tus finanzas; como lo mencionamos antes: si conoces tus ingresos y gastos reales. Calcular tus ingresos se hace simplemente sumando lo que ganas cada semana (o quincena) y multiplicarlo por el tiempo que dura el crédito. Si algún miembro de la familia aporta al ingreso familiar o tiene un ingreso adicional (una renta, por ejemplo), hay que sumarlo también de la misma forma.

Segundo consejo: nunca te engañes pensando que vas a ganar más o sumes algún monto que esperas, pero del que no tienes la certeza. Tienes que ser muy realista y prudente al momento de realizar este cálculo.

Una vez que sabes con certeza cuánto ganarás, tienes que restarle tus gastos conocidos, y nuevamente (insisto en no engañarse a uno mismo), anotas todos y cada uno de tus gastos; si no lo haces, estarías metiéndote en un problema.

Dentro de los gastos más importantes, seguramente encontrarás: alimentos, renta o hipoteca (si pagamos), colegios y útiles de los hijos, luz, gas, agua, gastos médicos, vestimenta, pago de créditos (tarjetas, coche, entre otros). Sumando todos estos, hay que multiplicarlos por el plazo del crédito que queremos tomar al igual que hicimos con los ingresos.

Para ilustrar en un caso práctico: imagina que tienes ingresos mensuales por 5,000 pesos y gastos de 4,000 lo que equivale a 1,000 libres al mes. Aquí enfrentas un punto muy importante: tienes que ser precavido y pensar que siempre surgen imprevistos que cuestan dinero y que los 1,000 que creías tener libres cada mes serán menos. Por esto es recomendable restar un porcentaje o cantidad de los 1,000 mensuales, por ejemplo: 30% (o 300) lo que realmente te dejará 700 para ti en lugar de 1,000.

Los 700 pesos en cuestión, será el monto disponible para pagar el crédito que estás pensando sacar, es decir: tu capacidad real de pago del crédito. Si los pagos del crédito son semanales, entonces tienes que dividir 700 entre 4 semanas, lo que equivalen a 175 para pagar el dinero que estás usando hoy y que vas a pagar con lo que esperas ganar a futuro.

Ante la elección por un crédito, es muy importante decidir de manera informada qué crédito tomas, donde y con qué condiciones podrás contratarlo. Hay microfinancieras cuyos plazos para pagar son sólo a 16 semanas y otras hasta 24 meses. Mientras más largo sea el plazo que tienes para pagar, tu capacidad de pago aumentará al reducirse el monto que tienes que pagar en cada semana, pero debes tener cuidado por que también pagarás más intereses. Todas las microfinancieras tienen que decirte claramente cuánto habrás de pagar en cada semana o quincena; de preferencia escoge a alguna que no te cobre por pagos adelantados y si no tuviste imprevistos, podrás utilizar los 300 que te sobran para pagar en menor tiempo.

Orgullo Latinoamericano

Por último, un lector nos mandó una aclaración que vale la pena destacar y que es motivo de orgullo como latinoamericanos: las microfinanzas comenzaron a inicios de la década de los 70; a la misma vez en Indonesia (lo que luego llegó a ser Bank Dagang Bali) y en América Latina (Opportunity International en Colombia y ACCION International en Recife, Brasil). ACCION  otorgó su primer préstamo microcrediticio en 1973, mientras que Muhammed Yunus dio su primer préstamo en 1976. Este dato aparece incluso en los documentos del primer Microcredit Summit.

Puedes enviarnos tus dudas y comentarios a: microfinanzasparatodos@enconfianza.mx.

*El autor es Fundador y Presidente de enConfianza Microfinanciera. Estudió Relaciones Industriales en la Universidad Anahuac del Sur y es graduado de la escuela de Negocios de Harvard (Harvard Business School) donde realizó su Maestría Ejecutiva. Ha tomado diversos cursos en esta universidad relacionados con Microfinanzas, Gobierno Corporativo, Desarrollo de Instituciones Financieras, así como de Responsabilidad Social de las Empresas impartido en conjunto por la Universidad de Stanford y el ESADE de Barcelona. Es Consejero en diversas empresas y de la Fundación Paralife.

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