¿Naces pobre, vives pobre?

El problema en México no es sólo de pobreza, sino de movilidad social, dicen investigadores del CEEY no sólo depende de vivir en una familia pobre, también cuenta el contexto económico donde se vive.
pobreza en México  (Foto: CNN)
Raymundo M. Campos Vázquez y Roberto Vélez Grajales*

Como es ampliamente conocido, México tiene un alto grado de desigualdad comparado a nivel internacional. Sin embargo, un alto nivel de desigualdad no es necesariamente malo. Lo que sí resulta verdaderamente negativo para la economía de un país es que los individuos de bajos ingresos no tengan la opción de mejorar su posición en la escala socioeconómica. Esto tiene que ver con el nivel de movilidad social en un país. Se dice que una sociedad goza de una mayor movilidad social si los individuos de bajos ingresos mejoran su posición económica relativa en el futuro con base únicamente en su esfuerzo. La Fundación Espinosa Rugarcía y el CEEY han hecho un esfuerzo considerable para la medición de la movilidad social en México y establecer la importancia de incluir este tema en la agenda pública.

Los resultados encontrados para el año 2006 muestran que México es un país con baja movilidad social. Los datos muestran que en el país se tiene la menor probabilidad de mejorar la posición relativa en la escala socioeconómica de los hijos con respecto a los padres (para hacer la comparación se incluyeron Chile, Estados Unidos, Reino Unido, y los países nórdicos). Es decir, si dividimos a la población de padres en cinco niveles de ingreso, la probabilidad de que el hijo pertenezca al mismo grupo es muy alta. Esto es problemático en México por dos razones. En primer lugar, la composición de la pobreza es persistente. Es decir, el que nace pobre vive como pobre. En segundo lugar, la poca movilidad afecta negativamente en el esfuerzo individual como el vehículo para mejorar la posición relativa de las personas.

El problema de la persistencia de la composición de la pobreza no puede resolverse únicamente con programas sociales como Oportunidades o Adultos Mayores. Estos programas deben ir acompañados de reformas estructurales en todos los componentes de una política social: educación, salud y empleo. En el ámbito educativo, por ejemplo, de poco sirve dar transferencias monetarias a los hogares por tener a sus hijos en las escuelas, si en éstas la calidad de la educación es insuficiente. En el ámbito laboral, no se pueden aprovechar las mejoras en las condiciones laborales de los trabajadores, si la mayoría de la población más vulnerable está empleada en el sector informal. Esto implica pensar en una reforma fiscal y laboral que genere los incentivos necesarios para que el sector formal se extienda.

El estudio de la movilidad social nos muestra una cara distinta de la problemática social en México.  En términos de política pública, la movilidad social debe convertirse en uno de los ejes rectores del Estado mexicano. La responsabilidad del Estado es asegurar la igualdad de oportunidades entre los miembros de la sociedad. Estos estudios nos ayudarán a mejorar la planeación y a verificar el cumplimiento de las responsabilidades estatales. Y al mismo tiempo, nos servirán para evaluar  la corresponsabilidad adquirida por los ciudadanos para mejorar su condición económica.

*Raymundo M. Campos Vázquez es Profesor-Investigador de El Colegio de México y miembro del Comité Permanente de Movilidad Social del CEEY. Roberto Vélez Grajales  es Investigador del CEEY.

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