Las tabacaleras, dueñas del balón

Las empresas de este sector pueden hacer negocio a expensas de tú salud, recuerda Juan Núñez; México recauda impuestos a cigarros por 25,000 mdp, el costo de salud asociados fue de 43,000 mdp.
tabaco cigarro dinero viejo  (Foto: Jupiter Images)
Juan Núñez Guadarrama*
CIUDAD DE MÉXICO -

Rasgo distintivo de la transición al nuevo milenio, que los historiadores del futuro no podrán omitir cuando se refieran a la circunstancia que vivimos, es el consumo de sustancias que causan adicción. Grave problema de salud pública, propiciador de atractivos negocios, es también definitorio de nuestro ser y de nuestro hacer; explica conductas de los sujetos activos y de los permisivos de tal práctica social.

El uso de drogas, cuando es aceptado por las instituciones y por la cultura, media de la población, como sucede con el tabaco, adquiere una ética laxa, que intenta explicar una inocuidad supuesta por el hecho de ser una práctica legal su cultivo y producción, su publicidad, comercialización y consumo.

Pasan a segundo término las argumentaciones de epidemiólogos e investigadores de las ciencias de la salud, que explican la asociación del tabaquismo con varias de las primeras causas de enfermedad, discapacidad y muerte en el mundo y en este país.

¿Se pueden hacer negocios a costa de la salud de las personas?

Sí, muchos y muy gananciosos, sobre todo en las naciones con estructuras endebles, depauperadas o que intentan infructuosamente sacar la cabeza de la pileta del subdesarrollo.

Ello es posible en países que permiten a los cabilderos de grandes consorcios seducir a políticos oportunistas, inescrupulosos, desleales con sus electores; allí, en donde los personeros de tales intereses presionan a autoridades, debilitan medidas de regulación y malogran su aplicación.

En plena efervescencia futbolera, no podemos escapar al lugar común. Las grandes empresas tabacaleras son las dueñas del balón, las que fijan o transgreden leyes, quienes compran al árbitro, a los abanderados y hasta a los hinchas; las que se agencian voluntades, mediatizan iniciativas, corrompen funcionarios y legisladores; las que echan el pial a tomadores de decisiones, que deciden a favor de esas grandes transnacionales.

El caso del tabaco ejemplifica en México una incongruencia fiscal y política, que permite a la industria tabacalera obtener ganancias desproporcionadas, sobre todo si se las compara con el daño a la salud que ocasionan sus productos. Se estima que la recaudación por el Impuesto Especial a Productos y Servicios (IEPS) al tabaco en 2009 fue de 25,000 millones de pesos, misma que no se equipara con los 43,000 millones de pesos que según el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) se ejercieron para atender problemas de salud relacionados con el tabaquismo.

Es indispensable que el Congreso de la Unión asuma la responsabilidad de legislar en concordancia con la búsqueda de soluciones a la problemática de salud y al impacto en la economía que representa el tabaquismo en este país.

No olvidemos que la Organización Mundial de la Salud considera que "aumentar los precios del tabaco vía mayores impuestos constituye la manera más efectiva de disminuir el consumo y alentar a los consumidores de tabaco a abandonar esta adicción". Un aumento de 10% en el precio de los cigarros, disminuye el consumo en un 5%, sobre todo entre menores de edad, estiman especialistas.

El esquema actual del Impuesto Especial Sobre Producción y Servicios (IEPS) es de una tasa ad valorem de 160 por ciento, y una cuota fija de .04 pesos por cigarro (aumentada gradualmente hasta el 2013 para llegar a .10 pesos), que han resultado insuficientes para bajar ese consumo y compensar la carga acumulada al Sector Salud por el costo de atender más de 25 enfermedades relacionadas con el uso de tabaco, así como el impacto económico por los casos de enfermedad, discapacidad y muerte (se asocian más de 60 mil fallecimientos al año).

En Chile, un gobierno de derecha acaba de aceptar que subir impuestos al tabaco favorece la salud de la población pero también su economía, ya que ayuda a recaudar recursos que permitirán a los andinos avanzar más rápido en el camino de la recuperación de los estragos de terremotos y tsunamis.

Como prioridad en una política fiscal que en este país quiera ser saludable, legisladores y autoridades de los otros dos Poderes de la Unión, en forma conjunta con los ciudadanos, debemos disuadir a niños y jóvenes que se inicien o mantengan en el consumo de tabaco. Y una manera efectiva de hacerlo es dificultarles la compra de cigarros.

Como ya se dijo, el impuesto actual presenta una tasa ad valorem de 160% y una cuota fija de 10 centavos por cada cigarro. La propuesta de diversas organizaciones de la sociedad civil es elevar esa tasa al 180% y la cuota fija a 70 centavos por cigarro siguiendo las recomendaciones internacionales. Bajo el esquema actual, el impacto en la reducción del consumo de tabaco es de sólo 2%, porcentaje que en términos de salud pública es inaceptable.

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El precio de los cigarrillos en nuestro país favorece el consumo de tabaco en menores de edad, así como en mujeres y grupos de escasos recursos. El precio promedio de una cajetilla de cigarros en Estados Unidos o en Canadá asciende al equivalente a 91 pesos, mientras que en México es de sólo 26 pesos.

*El autor es licenciado en Comunicación con Diplomado en Adicciones por la UAM Xochimilco, ha trabajado los últimos veinte años en la prevención del consumo de sustancias adictivas, con énfasis en el tabaco. Dirigió el Programa Nacional Juvenil para la Prevención de las Adicciones (PREVEA) (1989-1994), autor de los proyectos Semana Nacional de la Juventud contra el Tabaquismo, Red Universitaria Nacional para la Prevención de Adicciones (REUNA) y Marchas contra las Adicciones, en coordinación con las Secretarías de la Defensa Nacional y de Marina (2001-2006); responsable del seguimiento del Programa de Prevención y Control del Tabaquismo, en el Consejo Nacional contra las Adicciones (1998-2000); coorganizador de I Encuentro de Clínicas de Tabaquismo y del I y II Cursos Nacionales para Responsables de Clínicas de Tabaquismo (1999-2000). Participante en siete de las 8 Conferencias Binacionales para la Reducción de la Demanda de Drogas México-Estados Unidos, donde coordinó las Mesas de Atención a Jóvenes (1999-2008); Integrante desde 1989 del Comité Interinstitucional de Lucha contra el Tabaco, Responsable de Enlace Social en la Fundación Interamericana del Corazón y actual Coordinador de la Alianza Nacional para el Control del Tabaco (ALIENTO).

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