El golfo negro del planeta azul

El 22 abril festejamos “El día de la Tierra” con el derrame petrolero de BP, recuerda Luis Pérez; las consecuencias económicas que puede traer al turismo no se equiparan al impacto ecológico.
derrame  (Foto: CNN)
Luis Miguel Pérez Juárez*
CIUDAD DE MÉXICO -

El pasado  22 de abril, fecha en la que se festejaba  "El día de la Tierra" los seres humanos hemos obsequiado una más de nuestras "joyas" al planeta que nos sostiene, pareciera que el regalo que los hombres damos a nuestro mundo es una prueba más de la enorme displicencia con la que tratamos a nuestro ambiente.

El hecho esta en que los limites del crecimiento anunciados, desde la década de los setentas por Dennis L. Meadows parecen confirmarse en la expresión de que mientras más producimos más pobreza acumulamos. Esos límites que tiene la expansión de las actividades humanas activan claras señalas de alerta cuando suceden acontecimientos como el reciente derrame de petróleo en el Golfo de México y cuyas consecuencias a corto y largo plazo serán difícil de evaluar.

Los mares de todo el mundo han sido utilizados indiscriminadamente como nuestra desatendida despensa de alimentos al mismo tiempo que de cloaca de desechos.  El otrora poderoso mundo acuático hoy contaminado, sobreexplotado y atiborrado de detritos y despojos de nuestra industria es claro ejemplo del desdén por nuestro futuro, aun cuando haya políticos que se empeñen en querer convencernos de lo contrario.  

El derrame que hoy nos ocupa, como otros en el pasado, son ejemplos inequívocos de cómo los seres humanos nos esforzamos por cometer todas las torpezas que aseguren un futuro complicado e incierto para generaciones futuras como la nuestra hoy ya lo sufre.

Y que conste que hablo del ser humano y no de la BP ó de otras empresas y gobiernos que ahora concursan por culparse del desastre al tiempo que se lavan las manos. La falta de empatía por nuestro entorno y el escaso ó nulo conocimiento de la realidad de problemas de esta índole se ve en todas y cada una de las decisiones parciales, miopes y en ocasiones contradictorias que para estos efectos se suelen adoptar como respuesta a una crisis.

Analicemos -solo como un ejercicio- el compromiso ecológico que tienen  los administradores y políticos en México la visión ante esta crisis de la que parecen respirar aliviados porque el derrame no fue provocado por la industria de "todos los mexicanos" y si por la gigante británica, como si esto fuese un aliciente para el planeta o exonerará a Pemex de las grandes y muchas contribuciones que dicha empresa ha hecho para transformar al Golfo de México en el "Mar negro" en que lo hemos convertido.

Declaraciones como las del presidente Felipe Calderón en Costa Rica en las que asegura que no nos veremos afectados por las más ochenta toneladas diarias de petróleo que se vierten en el golfo de México hace pensar que en su Gobierno no conocen en nada como funciona la biosfera, el contexto ecológico, ni los escenarios biológicos en la que la vida se desarrolla en este -definitivamente pequeño- planeta.

Que el derrame tenga apellido en ingles como es el caso de la plataforma "Deepwater Horizon"  propiedad de una de las grandes del petróleo en el mundo y que este derrame haya acontecido en mares territoriales y patrimoniales "ajenos" al nuestro pareciera tener tranquilos, casi con sonrisa de gusto, a nuestros inconscientes funcionarios.

La verdad es que lo que afecta a un parte de nuestro planeta afecta a todos. El derrame del tristemente célebre Ixtoc-1 de Pemex en 1979, con una efusión de más de tres millones de toneladas de petróleo ó el sucedió en las costas de Alaska por el Exxon Valdez en 1989 ó del tanquero Prestige de las costas gallegas en 2002 ó el humo por la quema del petróleo ordenada por el infame Saddam Hussein en Kuwait, todo afecta el equilibrio del planeta completo, aunque Calderón diga lo contrario.

Es difícil dar pronósticos exactos de la expansión de esta mancha petrolífera y su periplo por mares del golfo, influyen muchos aspectos tales como clima, corrientes marítimas, densidad del crudo, obstáculos naturales como atolones y arrecifes pero aún más difícil es cuantificar el daño que en términos ecológicos se sufrirán como consecuencia y para quienes lo económico les parezca lo más relevante, para la evaluación de daños, deberá sumarse las afectaciones en la industria del turismo, de la navegación y la pesca que se verán comprometidas de forma directa y dramática en todo el entorno de este vasto golfo conformado por miles de kilómetros de litorales continentales e insulares.

En este momento baste con considerar las primeras previsiones que ya pronostican y señalan que habrá daños en las zonas de estuarios y reproducción del camarón del golfo -especie que no sabe nada de fronteras geopolíticas-  por los próximos cinco años.

La responsabilidad parece recaer, en esta ocasión en la BP o en el Gobierno de los Estados Unidos de América, sediento insaciable de petróleo y hostigador de las empresas a quienes exige mayor velocidad en la extracción y premia con baja o nula supervisión. Pero el pago de este desastre lo asumiremos todos.

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Mientras tanto el hecho es que el "Mar Negro" lo tenemos ya en nuestras costas.

*El autor el actual director de la Escuela de Graduados en Administración  Pública y Política Pública del Tecnologico de Monterrey zona centro. Es doctor en democracia por la Universidad Complutense de Madrid y posdoctorado en Gobierno de la escuela Kennedy de la Universidad de Harvard.

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