La violencia marca a la economía

La desaparición de Diego Fernández de Cevallos es sólo una muestra del entorno, dice Marco Escotto; más allá de lo lamentable del caso, su situación es una mancha más en la imagen de México al mundo.
Diego Fernandez de Cevallos  (Foto: Archivo Notimex)
Marco Iván Escotto*
CIUDAD DE MÉXICO -

Construir la imagen de una empresa no es fácil. Se requiere tiempo, esfuerzo constante y claridad de a dónde hay que caminar, entre otras cosas. La imagen de un país (por la multiplicidad de variables) es una construcción mucho más compleja.

Abraham Maslow (1908-1970), psicólogo norteamericano, sostenía que hay una serie de necesidades básicas que deben estar satisfechas para poder llegar a resolver las superiores. Esto que aplica a las personas, también aplica para la sociedad en su conjunto y al Gobierno. La seguridad es una de estas variables que, si no está resuelta en un mínimo, no se pueden construir otras cosas como competitividad, generación de riqueza, o desarrollo económico.

La imagen de un país ayuda a construir la percepción de seguridad, cuando esta imagen es dañada se dan una serie de efectos negativos en la dinámica social, y uno de los factores que se ve afectado es el clima de negocios de ese país.

Según el estudio Doing Business 2010 de la Corporación Financiera Internacional (IFC), del Banco Mundial (BM), México está en el lugar 51 (en el 2009 estábamos en el 55) en cuanto facilidad de realizar negocios de 183 economías medidas. Para subir cuatro lugares en la tabla, México debió haber implementado una serie de medidas que nos han llevado a mejorar. Algunas de éstas que han incidido en el camino correcto, son todo el esfuerzo por reducir trámites para facilitar la apertura de negocios e incluso por reducir trámites al interior del Gobierno Federal.

Estas medidas encomiables por parte del Gobierno no tendrán un impacto positivo interno y externo si no se reducen los niveles de inseguridad a porcentajes aceptables. Lo sucedido con el Lic. Diego Fernández de Cevallos, apegándose a los hechos hasta hoy registrados, abona a una imagen negativa del país y a la percepción de seguridad de ciudadanos e inversionistas.

El que una figura pública que, no olvidemos, aún mantiene relaciones políticas y económicas del más alto nivel, sea afectada por la inseguridad, envía un mensaje de vulnerabilidad a los ciudadanos comunes y corrientes. Cualquiera puede ser vulnerable a la inseguridad y a la violencia.

Esto no sólo es relevante por la atracción de inversiones, sino que afecta directamente a uno de nuestros pilares de crecimiento más importantes, el turismo. Si los ingresos por petróleo tienden a disminuir y debido a la crisis los ingresos por remesas también, nuestra esperanza está puesta en el turismo. Es una actividad que deberíamos cuidar con mucho énfasis.

Es por eso que el combate al narcotráfico que empezó la actual administración es tan relevante y nos debe involucrar a todos. No es algo ajeno que nos afecte como espectadores, es algo que nos incumbe directamente y si no apoyamos a nuestro Gobierno tarde o temprano nos afectará con mayor intensidad.

En este sentido la colaboración entre sectores público, privado, académico y social es muy relevante. Hay prácticas sociales que favorecen o desfavorecen un entorno de inseguridad. El considerar a la ley como maleable, según me favorezca o no, es algo que los ciudadanos hemos estado construyendo. Tener un marco cultural donde la ley sea la base de nuestras relaciones es un piso de lo mínimo que debemos construir. No sólo es un piso, sino una red que impide que actividades ilícitas sean vistas como lo "común" en nuestras relaciones sociales y que nos impide facilitar niveles de violencia como los que estamos viviendo.

La desaparición del Lic. Fernández de Cevallos es parte de esta inseguridad y violencia que todos estamos viviendo, no es algo que le pasó a "alguien" por ser rico o famoso; es algo que hemos estado tolerando con nuestros hábitos como ciudadanos.

La imagen de México no depende sólo de sus autoridades sino de las reglas que todos los ciudadanos decidamos seguir y de las virtudes o vicios (los dos son hábitos) que tengamos.

Cambiar un hábito implica esfuerzo y tiempo, lograr niveles de seguridad aceptables, y una imagen positiva del país también. Este esfuerzo a largo plazo (5 a 10 años) no va llegar nunca si no nos ponemos a trabajar ya en ello. En la colaboración entre sectores puede estar una palanca de apoyo, hay que empezar a usarla.

*El autor es profesor de Filosofía y Empresa y Director Adjunto del Centro de Estudios para la Gobernabilidad Institucional en el IPADE. Sus áreas de especialización son: Combate a la corrupción, Responsabilidad Social, Ética empresarial y Antropología filosófica.

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