¿La crisis de percepción? No, de empleo

El Gobierno muestra sus cifras económicas y se queja de las críticas, dice José Luis de la Cruz; piensan que la recuperación es evidente, pero la gente ve que no alcanza a cubrir su gasto.
Desempleo  (Foto: Jupiter images)
José Luis de la Cruz Gallegos*
CIUDAD DE MÉXICO -

La afirmación oficial de que el problema actual del mercado interno mexicano es atribuible a una percepción equivocada que sobre la economía tiene la población es una opinión política que debe ser meditada con mayor detenimiento. La razón del por qué los mexicanos son escépticos ante el optimismo del gobierno es muy sencilla de entender y radica en que para las personas la información relevante no se genera en  afirmaciones como las de que  "el mercado externo crece enormemente" o las que indican un supuesto blindaje frente a las crisis globales, en esta ocasión a la que se gesta en la Unión Europea. Para el mexicano promedio lo trascendente es el tener el ingreso suficiente para poder adquirir los bienes y servicios que se requieren en su entorno familiar.

Por tanto el problema no es de percepción o sensación sino de empleo. La solución a los problemas de un bajo consumo, y de paso de la pobreza, se resuelven mediante la generación  de empleo formal con remuneraciones y prestaciones sociales adecuadas, y es justamente en este aspecto en donde la incipiente recuperación económica mexicana tiene su talón de Aquiles.

El debate que existe sobre qué cifras de empleo se deben de atender para poder explicar que sucede en el país es el reflejo de lo anterior. Por parte de las autoridades hay una clara referencia a los registros del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), indicando que en ellos se tiene la muestra más fidedigna sobre como el avance económico ya toca las puertas de los mexicanos, con cerca de 400 mil empleos  registrados como nuevos en lo que va del año, todos con "nombre y apellido". Se agrega que a diferencia de lo que se publica por parte del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en este caso se tiene a información real y cotejable, no a encuestas ni percepciones.  Independientemente que el número de empleos citados debería por si mismo traducirse en un incremento sustancial de la actividad productiva del mercado interno, tan solo por un mayor consumo, en esta ocasión es pertinente detenerse a reflexionar sobre el hecho de que el número de trabajadores registrados por el IMSS es muy inferior al correspondiente a la Población Económicamente Activa (PEA), es decir a toda aquella calificada para trabajar, por lo que los elementos seleccionados por el gobierno para presentar el avance laboral son positivos pero insuficientes.

Además parece incorrecto que desde la esfera oficial se descalifique a las encuestas realizadas por el INEGI para buscar cuantificar los que sucede en el mercado laboral mexicano, y la principal razón es porque la mayor parte de las mediciones económicas que se generan por parte de dicha institución se realizan mediante algún esquema de inferencia estadística que debe cumplir con parámetros científicos para tener validez y confiabilidad.  De no acatarse con este requisito se pondría en entredicho la tarea del INEGI y con ello la objetividad de un instituto que genera información con la cual se toman decisiones importantes en este país.

Considerando que las estadísticas de empleo publicadas por el INEGI tienen un respaldo metodológico, lo que puede argumentarse es que el problema de un mercado interno poco vigoroso se encuentra no en la percepción sino en un mercado laboral afectado no solamente por la generación de empleo insuficiente, sino además por un empleo de baja calidad. Como fundamento de lo primero se tiene a las tasas de desocupación que se han publicado en el transcurso del año, en donde las mismas son las más altas en el presente milenio para un primer cuatrimestre. En este sentido puede entenderse que si la gente no tiene empleo difícilmente puede esperarse que disfrute de la solvencia necesaria para elevar su consumo y con ello impulsar al mercado interno.

Adicionalmente se tiene que otro de los aspectos derivados de las encuestas del INEGI hace referencia al hecho de que aún los trabajadores que tienen una fuente de ingresos económicos por participar en el mercado laboral no reciben la cantidad suficiente de dinero, situación que les obliga a buscar un segundo o tercer empleo. Lo descrito se conoce como subocupación, elemento que se mantiene por encima de lo observado en los meses previos  a la crisis de 2009 y que sintetiza el deterioro que han sufrido los salarios en México.

Para reforzar lo anterior se puede observar las cifras que atienden al número de personas con salarios inferiores al mínimo o hasta de dos salarios mínimos. En ambos casos existe un importante incremento, lo que ha provocado que más de 16 millones de trabajadores se encuentren en esta situación. Como ganar uno o dos salarios mínimos no garantiza que una familia pueda salir de la pobreza, pues entonces es fácil entender el por qué la población no percibe la mejora económica que de manera reiterada cita el gobierno federal.

Finalmente debe recordarse que  parte del concepto de estabilidad macroeconómica se encuentra en la confianza que las instituciones deben inspirar a la sociedad. Lamentablemente en los años previos este aspecto fue descuidado por las autoridades que con afán de intentar transmitir un mensaje positivo, y que no les dañara políticamente en un año electoral, optaron por minimizar una crisis económica que terminó por afectar seriamente al país y con ello su credibilidad. Consecuentemente en esta ocasión sería oportuno que el discurso oficial se matizará para evitar caer en el mismo problema. El actual desempeño económico es mejor al del año pasado, sin embargo es insuficiente para recuperar lo perdido, ese camino aún tiene un largo recorrido y en el mismo debe participar el sector privado, que en realidad es el generador de empleo y el que vía salarios redistribuye la riqueza.

Reconocer a las empresas como el verdadero motor de la economía es un paso necesario que en el corto plazo debe realizarse en términos de política económica, ya que el sector público no cuenta con los recursos, programas y orientación para impulsar el crecimiento económico y la consecuente generación de empleo. Por tanto el gobierno federal debe atender a la creación de nuevos esquemas fiscales, financieros, económicos, de seguridad social y pública. Resolver los problemas estructurales que aquejan al país más que preocuparse por la percepción de las personas es la tarea central del gobierno, la percepción de la población cambiará cuando las cosas vayan realmente bien  y la gente lo sienta en sus bolsillos.

*El autor es Director del Centro de Investigación en Economía y Negocios Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México.

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