El perfil del fanático de futbol

“Si México gana, todo se resuelve” así piensan algunos apasionados, dice Monserrat Estévez; llevan su gusto más allá de cualquier barrera profesional, pues este deporte lo es todo para ellos.
futbol  (Foto: CNN)
Montserrat Estévez González*
CIUDAD DE MÉXICO -

Ahora que nos encontramos inmersos en la euforia por el fútbol debido al acontecimiento del Mundial llevado a cabo en Sudáfrica, hemos observado personas que faltan a sus trabajos, dejan a un lado a sus familias, posponen responsabilidades y evaden obligaciones con tal de poder disfrutar de un partido de fútbol, sobre todo un partido de México.

Este fenómeno se intensifica en el Mundial, pero en realidad podemos encontrarlo en cualquier torneo de fútbol, el fanatismo que pueden llegar a presentar algunos por su equipo es tal que pareciera viven en torno y de acuerdo a éste. Lo que nos preguntamos es ¿por qué una persona podría dejar a un lado su vida profesional y personal por un partido de fútbol?

El fanático de fútbol va en busca de su identidad, tanto en su equipo como en los integrantes de éste.

Es en la etapa de la adolescencia donde logra consolidarse esta parte tan importante de la personalidad, la identidad es aquello que nos define, saber quiénes somos, qué roles y papeles ocupamos en la sociedad y qué somos capaces de lograr.

Para consolidar la identidad, el adolescente busca figuras con quienes pueda identificarse e ir encontrando poco a poco qué lo define como persona, cuáles son sus gustos, valores, metas, etcétera. Cuando la identidad no logra consolidarse después de la adolescencia, encontramos personas altamente sensibles a las influencias del grupo social, que se encuentran aún en la búsqueda de una identidad, una significación de sí mismos y algunas de estas personas pueden encontrar en el fútbol un vehículo de identificación.

Seguir a un equipo de fútbol, ser fanático de este, permite a la persona sentirse parte de un grupo social y cultural, adquirirá los valores, metas e ideales que posea su equipo, a falta de los propios, los logros y derrotas de su equipo serán sus propios logros y derrotas, sentir esa pertenencia le da seguridad; al no saber cuáles son sus propias aspiraciones y sus propios ideales, asimila los de su equipo y lucha, sufre y goza con ellos como si le pertenecieran. El individuo al fundirse con el grupo pierde su propia identidad para adquirir una identidad común, se funde en los deseos y aspiraciones del otro, del grupo.

El fútbol también funciona como una maniobra de evasión en un mundo que se percibe como caótico, el enfrentarse a un mundo adulto lleno de responsabilidades, normas que acatar y obligaciones que cumplir, se crea un mundo de fantasía donde lo más importante es el fútbol, se dejan a un lado las preocupaciones de la vida cotidiana, los conflictos vividos en el día a día, por el trabajo, la familia, los conflictos particulares del país o la ciudad que se habita; estos se niegan y se devalúan ante la impotencia o la imposibilidad de resolverlos, así el resultado de un partido de fútbol adquiere la mayor importancia, los valores se ven tergiversados, y el estado emocional del fanático de fútbol depende del resultado de su equipo.

El fanático comienza vivir como si fuera un actor de una novela, por momentos (cuando su equipo triunfa) puede sentirse grandioso e imperturbable, en otros momentos (cuando su equipo pierde) se siente miserable y sin sentido. Esta negación de la realidad no trae a la persona mayor satisfacción, pues cuando el furor del fútbol se acaba, la realidad se restablece. Los conflictos que parecían haber desaparecido con el mundial, retornan y se muestran tal y como estaban antes.

El fanático de fútbol viviendo en este mundo de fantasía gobernado por los goles y el festejo, pudiera incluso llegar a imaginar que el ganar un partido pudiera cambiar esta realidad intolerable, es como si se dijera a sí mismo "si México gana el mundial, todo se resuelve" se pone toda la esperanza de apaciguar ese malestar cultural en un grupo, un grupo que representa la propia identidad.

*La autora es Psicoterapéuta y catedrática de la Universidad Panamericana.

 

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