Más empleo, pero también más pobreza

La creación de empleo refleja un repunte económico, pero la pobreza va al alza, dice Roberto Vélez; por ingresos laborales, la pobreza en las zonas rurales y urbanas no arroja resultados optimistas.
pobreza  (Foto: Cortesía SXC)
Roberto Vélez Grajales*
CIUDAD DE MÉXICO -

El pasado 1 de julio el presidente Calderón anunció que durante el primer semestre del año se crearon más de 500 mil nuevos empleos formales en el país. En su mensaje a la nación, el mandatario calificó esta cifra de histórica y celebró que sólo faltan 80 mil empleos más para lograr el máximo histórico del IMSS. En concordancia con lo anterior, los datos del PIB y de la actividad industrial han registrado incrementos importantes durante el año, sin embargo, hay otros datos que muestran que los efectos de la crisis sobre la pobreza podrían estar apenas reflejándose.

En un ejercicio reciente el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval) estimó la tendencia laboral de la pobreza para el periodo 2005-2010. El análisis se hace con base en datos de la Encuesta Nacional de Empleo (ENOE) y aporta información a nivel nacional, urbano y rural, así como a nivel de las 32 entidades federativas. La tendencia de pobreza laboral se construye a partir de la estimación de la pobreza de ingresos laborales, que como su nombre lo indica, se refiere a la proporción de mexicanos que se encuentran por debajo de cierto nivel de ingreso, tomando en cuenta únicamente los ingresos laborales y dejando fuera otras fuentes de ingreso (remesas, subsidios, becas, etc.)

Para estimar la proporción de mexicanos que se encuentra en pobreza por ingresos laborales se utiliza la línea de bienestar mínimo (canasta alimentaria), que es uno de los componentes para la medición multidimensional de la pobreza establecida a fines del año 2009 por el propio Coneval. De la construcción misma de dicha línea se deriva un primer resultado interesante: el crecimiento acumulado del costo de la canasta alimentaria per capita, tanto la rural ($705 para el primer trimestre de 2010) como la urbana ($993 para el primer trimestre de 2010), está más de 15 puntos porcentuales por encima de la inflación acumulada del país durante el mismo periodo (c. 25%). De lo anterior se puede intuir que durante el periodo de la crisis los estratos de la población más afectados han sido los que aportan una mayor proporción de sus ingresos para la adquisición de la canasta alimentaria.

tabla-crecimiento.jpg Una vez que se estima la proporción de mexicanos en pobreza por ingresos laborales, se construye un índice para observar la tendencia laboral de la pobreza, donde el periodo base, o índice igual a 1, es el primer trimestre de 2005.

Como se puede observar en la gráfica, la tendencia ha sido claramente creciente en la zona urbana (más de 2,500 habitantes), con un incremento de más de 20% en la pobreza por ingreso laboral a partir del segundo trimestre de 2008. En lo que se refiere a la zona rural, el menor crecimiento en la pobreza se puede explicar por el reducido margen de aumento en la proporción de pobres rurales. Para el periodo inicial, la proporción de pobres por ingreso laboral rurales (60%) casi doblaba a la proporción de urbanos (37%). Sumado a esto, si se analiza la proporción de hogares que declaran ingreso cero en la ENOE, para el periodo inicial es de 24% en zona rural y 16% en zona urbana. Mientras que al final del periodo esta proporción se mantiene igual en la zona rural pero se incrementa a 20% en la zona urbana.

tabla-tendencia.jpg

En conclusión, el comportamiento de la tendencia de pobreza por ingresos laborales en las zonas rurales y urbanas no arroja resultados optimistas. En lo que se refiere a las zonas rurales, la poca variabilidad de la tendencia se explica por los de por sí altos porcentajes de pobreza por ingresos laborales y de la declaración de ingresos cero en los hogares. En cuanto a las zonas urbanas, la tendencia creciente muestra el impacto negativo en el empleo y más profundo en el poder adquisitivo de los hogares pertenecientes a los estratos socioeconómicos más bajos de la sociedad. El anuncio del presidente Calderón es positivo, pero por ninguna razón puede ser causa de festejo. Los costos de la reciente crisis tienen un impacto social de mayor duración que los macroeconómicos o financieros, por lo que es necesario mantener e impulsar aún más las medidas contracíclicas. En caso de no hacerlo, la población más vulnerable no encontrará soluciones sostenibles en el mercado de trabajo.

*El autor es investigador del CEEY.

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