¿Fomentas o destruyes la innovación?

A veces las mejores ideas están frente a tu oficina, pero hay que alentarlas, dice Gabriela Arriaga; una empresa debe aprender cómo motivar un ambiente donde todo mundo pueda opinar y crear.
Innovación empleo  (Foto: Photos to Go.)
Gabriela Arriaga*
CIUDAD DE MÉXICO -

Técnicas como la "Innovación Abierta" y "Crowdsourcing" son nuevas maneras en que las marcas pueden innovar. Ambas se basan en perder el miedo a incorporar a otras compañías y consumidores a participar en el proceso de creación y desarrollo de nuevos proyectos. Explican cómo las ideas más frescas y cercanas a lo que el mercado pide pueden estar fuera de las paredes de la organización.

Existen casos exitosos de aplicación de estas técnicas. Sin embargo, también es cierto que muchas ideas son generadas por los propios empleados de las compañías pero muchas veces son bloqueadas por malos hábitos para juzgarlas. Valdría la pena detenerse a revisar qué propuestas se han hecho internamente, si han sido escuchadas, apoyadas y tomadas en serio.

No sólo eso, sino reflexionar si existe una cultura organizacional que fomente entre los todos los niveles de la compañía el entusiasmo por el desarrollo de nuevas soluciones.

Algunos de estos malos hábitos consisten en que cada vez que se está escuchando una nueva propuesta se evalúen pensando en:

- Las políticas de la compañía.

- Los costos que implica el nuevo proyecto.

- Lo cambios necesarios en procesos y recursos para que la idea sea una realidad.

- El número de directivos que deberán aprobar la idea.

- Que algo similar se ha intentado con anterioridad y no ha funcionado.

- Que es una idea demasiado diferente a lo que la compañía realiza habitualmente.

- Que son días económicamente inciertos como para ofrecer un nuevo producto.

Todo lo anterior, además de obligar al que presenta la idea a responder si a los consumidores les gustará la idea de inmediato o cuántos consumidores nuevos se reclutarán. Es decir, exigir datos duros que den sustento para tomar una decisión infalible.

Hay quienes han escrito sobre cómo destruir la innovación como lo hace Youngme Moon, profesor de Administración de Negocios en Harvard Business School, con su "Lista de la anti-creatividad" que desarrolla de una forma irreverente. Aquí algunos de sus puntos:

1. No te arriesgues. Escucha esa voz interna que te cuestiona.

2. Sé conciente de tus limitantes.

3. Ten siempre presente que es sólo un trabajo.

4. Muéstrate como el más inteligente en las reuniones de trabajo.

5. Exige ver los números que validen.

6. Sospecha de los creativos de tu organización.

7. Detén el caos antes de que se desate.

8. Utiliza la experiencia como arma para debatir.

9. Mantén tu mente cerrada.

10. Asume que no hay ningún problema.

11. Subestima a tus consumidores.

El principal detonador de todos los enemigos a la innovación que se genera en el interior de la empresa. Es que ante la dura competencia de los mercados, se busca que cualquier programa sea llevado a cabo de la manera más eficiente y efectiva para evitar perder la menor cantidad de recursos posibles, incluyendo el propio empleo.

Sin embargo, se debe reconocer que si se buscan ideas que propongan una solución distinta a cómo las cosas se han hecho con anterioridad, hay un riesgo en probarlas.

Incluso las compañías que en todos los ámbitos se consideran innovadoras como Apple y Google han tenido fracasos como las computadoras Lisa y Mac Cube o el Google Video que no logró derribar a YouTube o evitar la aparición de otros como Vimeo. Así se podrían mencionar innumerables casos de estudio de fracasos en los mercados y aún así siempre están rankeadas dentro de las compañías más innovadores de cualquier lista publicada. Incluso con esa reputación, hay quienes continuamente las colocan en el ojo de las críticas para ponerlas a prueba como ha sucedido con la iPad y el iPhone 4.

A pesar de todo ello, estas compañías no parecen ceder y siguen trabajando en desarrollar nuevas ideas que las colocan como favoritas entre millones de consumidores que al final es lo que cuenta.

Es cierto que existe un alto riesgo en proponer una avenida distinta. Pero es importante tener presente que la tarea no es evitar los fracasos, sino reducir el impacto de las fallas que siempre serán inevitables.

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Por lo tanto, antes de recurrir a recursos externos, valdría la pena revisar qué ideas están sugiriéndose dentro de la compañía y escucharlas con la misma seriedad y confianza como si se escuchara a un consultor externo. Sin importar de dónde provenga la idea, habrá un riesgo implícito que es necesario empezar a perder.

*La autora es mercadóloga y maestra en Administración con 10 años de experiencia en agencias de publicidad multinacionales en México y España. Es parte del comité directivo de la Account Planning Group México. Actualmente es fundadora y Directora General de la compañía de inspiración e innovación L1452.

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