¿Cómo rediseñar la vida?

Un foro europeo se suma a las iniciativas para hallar vías de satisfacer las necesidades humanas; el rediseño de productos permitirá dar un valor útil a las experiencias de los consumidores.
rediseño  (Foto: Raquel Matus)
Marco Hernández *

"Queremos rediseñar el mundo". Así, sin falsas modestias, sintetizan sus objetivos los organizadores de Picnic 2010, un encuentro de visionarios que se realizará en Amsterdam del 22 al 24 de septiembre. Como sólo cuentan con tres días de conferencias y talleres para alcanzar esa meta, decidieron concentrar los esfuerzos en cuatro temas: el rediseño de la vida, de las ciudades, de los medios y del diseño mismo.

Yo, que sueño con un nanochip que impida una segunda acumulación de cristales de ácido úrico en mi pie derecho, pero que me niego a que alguien posea mi información genética; que veo con entusiasmo la aparición de un carril exclusivo para bicicletas en Paseo de la Reforma en la Ciudad de México, pero que desconfío del material con que se fabricaron los contenedores (que comienzan a desintegrarse antes de ser sometidos al uso diario); que soy adicto a dos o tres blogs pero que me irrita leer tweets o correos con noticias que son desmentidas tres días después de haber terminado con la reputación de alguien; yo, que me beneficio con la democratización del diseño pero me frustro cada vez que un producto no cumple con la función para la que fue creado, no puedo mas que desear que Picnic 2010 tenga éxito en su, al menos en apariencia, desproporcionado cometido.

Esa no es, sin embargo, la primera iniciativa que intenta repensar algún aspecto de la realidad desde la perspectiva del diseño.

Incluso el foro económico de Davos, a inicios de este año, buscó "mejorar el estado del mundo" en parte por la vía del rediseño, y en las librerías (bueno, en Amazon) se multiplica el número de títulos que sugieren vías para lograr la transformación de organizaciones y negocios aplicando estrategias de diseño.

 Al menos dos de esos libros obligan a tomar en serio la tendencia. Change by Design escrito por Tim Brown, el CEO y presidente de IDEO, una de las consultorías en innovación más influyentes en el mundo (son los responsables del éxito inicial de Palm); el otro, A Fine Line, sintetiza la experiencia de Hartmut Esslinger, el fundador de frog design (así, todo en minúsculas), una firma que ha desarrollado productos lo mismo para Apple que para Louis Vuitton.

Ambos proponen, con distintas palabras, una idea común: agotado el modelo industrial en que los nuevos productos eran creados buscando la mayor escala y los menores costos, la única salida parece estar en una economía de la creación y el servicio, que vuelva a poner en el centro la satisfacción de necesidades humanas con productos y servicios viables técnica y económicamente.

No es una declaración de buenas intenciones sociales, es una vía para la generación de más valor en una economía que puede hacerlo cada vez menos por la ruta de los mercados masivos. Es una vía de innovación que deja de poner en el centro una visión tecnocrática y promotora del consumo excesivo para dar prioridad a la generación de experiencias que tengan un sentido para el usuario final, porque les resuelven de manera honesta y sustentable una necesidad de la que incluso podrían no haber sido conscientes.

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Si ese espíritu está detrás del boom de diseño local que comienza a saturar los barrios "trendie" de nuestras ciudades con "laboratorios" y "talleres" de diseño, dispongámonos a pagar con gusto el precio de ver cómo todos los creativos que ayer querían ser dj's hoy buscan, desesperadamente, ser el diseñador emergente del mes.

* El autor es editor general de la revista Life & Style México

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