El espejismo del crecimiento mexicano

México creció 7.6% en el trimestre, pero sólo es el rebote de una gran caída, indica un experto; Sergio Negrete ve una recuperación, pero un crecimiento fuerte y sostenido es sólo una ilusión.
crecimiento grafica.jpg  (Foto: Photos to go)
Sergio Negrete Cárdenas*

La cifra de crecimiento del segundo trimestre de 2010 fue recibida con euforia por varios funcionarios gubernamentales. Parecería que no es para menos: con respecto al mismo trimestre del año anterior, el crecimiento registrado fue un espectacular 7.6%. Hay que remontarse a principios de 1998 para encontrar un registro parecido. ¿La economía mexicana entra, así, en una fase de expansión tipo China o, de pérdida, a ritmos como los que presentan Brasil o Perú? ¿Inicia una nueva etapa de crecimiento vigoroso, con el consiguiente impulso al bienestar de la población?

Por desgracia, la respuesta es un enfático no. La espectacular escalada del PIB muestra, solamente, a una economía apenas saliendo del profundo agujero recesivo que se cavó en 2009. En el segundo trimestre del año pasado, la economía se desplomó nada menos que 10.0%. Si se consideran los últimos cuatro trimestres, haciendo de lado ese estrepitoso colapso, la economía mexicana presenta un crecimiento de 5.9%.  Suponiendo, de forma optimista, que el crecimiento de 2010 alcance 5.0% o poco más, habría que tomar en cuenta que la caída de 2009 fue de -6.5%. Y es optimista porque la posibilidad de una nueva recesión, o al menos desaceleración, en los Estados Unidos golpeará con fuerza a México (como ocurrió en 2008-09). La recuperación es real y la recesión ha quedado claramente superada, pero el crecimiento es un espejismo cuando se le considera en un contexto objetivo.

¿Cuándo fue la última ocasión que México creció durante varios años consecutivos a ritmos espectaculares? Habría que remontarse una generación, al cuatrienio 1978-81, cuando el petróleo literalmente brotaba a borbotones en tanto el ascenso en su precio parecía no tener límite. Los mexicanos que recuerdan esos tiempos rememoran una sensación de verdadero boom;  parecía que el país, en buena parte por su riqueza petrolera, estaba enfilado a convertirse en una potencia media. El detalle es que políticas insostenibles -destacadamente un gasto público desbocado, un endeudamiento externo igualmente sin paralelo y un peso sobrevaluado en extremo- impulsaban ese crecimiento y llevaron a que éste se transformara en crisis y recesión. En ese sentido, lo alcanzado fue también un espejismo que se desvaneció. ¿Ha habido crecimiento elevado y sostenido, al tiempo que relativamente sano en sus fundamentos? Sin duda, pero habría que retroceder unos 40 años.

¿Hay posibilidades de que el PIB se expanda a un ritmo elevado y sostenido durante los próximos años? Muy escasas, salvo que ocurra un verdadero milagro. México tiene un mercado laboral disfuncional, está muy cerrado a inversiones extranjeras en sectores clave, tiene una recaudación fiscal, y por tanto un nivel de gasto público, insuficiente para mantener y expandir la infraestructura necesaria, así como un sistema político que obstaculiza los acuerdos para gobernar de forma adecuada. Y, por supuesto, en años recientes la impresionante escalada de violencia es un elemento que espanta inversionistas (nacionales y extranjeros) además de turistas. El crecimiento, con suerte, será mediocre al menos durante el futuro cercano, y sin duda insuficiente para un aumento apreciable del bienestar en pocos años, como lo están experimentando tantos otros países, y no sólo en Asia.

Con mucha suerte, a partir de diciembre 2012 el próximo gobierno tendrá ciertas posibilidades para revertir la situación. Sin embargo, los antecedentes no permiten siquiera ese optimismo. La primera vez que un Presidente habló de la necesidad de implementar una Política de Estado (entendiéndose como ambiciosos acuerdos entre todas las fuerzas políticas para impulsar al país) fue Ernesto Zedillo en septiembre de 1997. Con palabras distintas, Fox se cansó de hablar de lo mismo, y Felipe Calderón ha mantenido los exhortos a alcanzar acuerdos. Pero los (mediocres) resultados están a la vista y son finalmente lo que cuenta.

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No se trata de que el gobierno de turno saque la bandera blanca y se rinda ante la evidencia reiterada del espejismo del crecimiento mexicano, pero lo cierto es que muchos esfuerzos por dinamizar el PIB (los reales, por supuesto, no los meramente retóricos), terminarán en la nada, dada la insuficiencia de condiciones para que la economía despegue con fuerza.

* El autor es doctor en Economía por la Universidad de Essex. Investigador asociado del Centro de Estudios Espinosa Yglesias y Profesor de Tiempo Completo del ITESO. Entre 2004 y 2009 trabajó en el Fondo Monetario Internacional.

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