Telecomunicaciones, ¿y la competencia?

En México, los reguladores insisten en inhibir la competencia en el sector, dice Ramiro Tovar; el experto indica que las normas impiden que las firmas exploten al máximo el avance tecnológico.
fibra optica.jpg  (Foto: Photos to go)
Ramiro Tovar Landa*

Durante décadas, a cada tipo de comunicación a través de medios electrónicos se le asociaba con una infraestructura particular. Las comunicaciones de voz utilizaban exclusivamente la red alámbrica del tradicional par de cobre y los medios como la televisión y la radio se transmitían sólo a través de frecuencias del espectro electromagnético. La especificidad de cada infraestructura con sólo un servicio de comunicación dio lugar a regímenes regulatorios específicos para la explotación de cada una de ellas, dada la magnitud de las economías de escala que exhibían cada una de estas plataformas tecnológicas iniciales o primitivas.

El cambio tecnológico y el advenimiento de nuevos servicios de telecomunicaciones modificaron el escenario y la estructura del mercado de las telecomunicaciones y de los medios. Ahora no sólo las diferentes infraestructuras involucradas -basadas en frecuencias del espectro, redes de cable coaxial, redes tradicionales de par de cobre e incluso redes de fibra óptica- exhiben las típicas economías de escala asociadas por sus elevados costos fijos involucrados y relativamente bajo costo marginal de operación.

Además, estas infraestructuras muestran economías de alcance, es decir, la posibilidad tecnológica de ofrecer simultáneamente varios servicios de telecomunicaciones diferentes entre sí, pero que utilizan total o parcialmente elementos de una misma infraestructura a un costo menor al que podrían incurrir de estar basadas en una infraestructura por separado para cada servicio.

La convergencia digital hace posible ofrecer múltiples servicios por medio de una misma infraestructura. Es decir, obtener economías de alcance constituye una eficiencia en el uso de la infraestructura involucrada en cada plataforma tecnológica, ya sea la red pública de telefonía, las redes basadas en cable coaxial, las redes sustentadas en tecnologías inalámbricas e incluso en la red de suministro del fluido eléctrico.

Típicamente, una red telefónica utiliza la tecnología Digital Subscriber Line (DSL). Esta tecnología transforma la línea telefónica tradicional en una línea digital de alta velocidad que transmite datos, como Internet y video, en más altas frecuencias que aquellas utilizadas por el servicio telefónico típico. Otra plataforma son las redes de la televisión por cable, que pueden utilizar el mismo tendido de cable coaxial para proveer en forma simultanea transmisión de datos, televisión y voz.

Otras plataformas son las basadas en el acceso fijo inalámbrico e incluso tecnologías de banda ancha denominadas Power Line Communications, las cuales utilizan la red de distribución de electricidad para transmitir datos a velocidades comparables a las ofrecidas por la tecnología DLS o las tecnologías de tercera generación basadas en Radio-Local Access Networks (LAN). Aunque su desarrollo todavía es incipiente respecto a las plataformas basadas en cable coaxial y DSL, las tecnologías LAN constituyen una opción de entrada a competidores dispuestos a invertir en múltiples tecnologías de banda ancha en el futuro inmediato.

Servicios convergentes

Como se ha señalado, existen eficiencias cuando una red puede proveer múltiples servicios. Tales eficiencias, denominadas economías de alcance, actualizan beneficios sociales dado que el costo de ofrecer servicios en forma simultánea por medio de una misma red es menor que ofrecerlos en forma separada, cada uno de ellos utilizando una red independiente.

La convergencia conlleva la realidad de transitar a un entorno de mayor competencia sin una inmensa carga de regulación cuando se trata de tener competencia en los servicios de telecomunicaciones basados sólo en una misma red, como lo proponen los adeptos del compartir y desagregar las redes incumbentes o preexistentes.

La competencia entre plataformas se funda en la factibilidad de la competencia entre redes con tecnologías diferentes, entorno que genera mayor entrada y, por tanto, mayor inversión de los competidores establecidos y potenciales, un uso más eficiente de los activos de las diferentes redes y la ausencia de una regulación asimétrica, según la cual la experiencia internacional ha mostrado que sólo incentiva la búsqueda de subsidios implícitos a competidores y trae como consecuencia la inmovilidad en inversiones e innovación por parte del operador incumbente.

El propio cambio tecnológico ha resultado en la desaparición de insumos esenciales o "cuellos de botella" que exijan se regulen en forma asimétrica o privativa. Un operador de televisión por cable ofrece servicios de triple play sin necesidad de tener acceso al circuito local del operador de la red pública para ofrecer sus servicios al suscriptor, a excepción de la interconexión para la terminación del servicio telefónico. Por lo tanto, la existencia del insumo esencial o "cuello de botella" se reduce, o incluso se elimina y, por ende, la regulación requerida disminuye sustancialmente.

La opción de tener competencia entre plataformas disminuye la carga regulatoria necesaria, situación que no se presenta cuando se pretende hacer del operador de la red pública objeto de regulación exigiéndole poner a disposición de todo proveedor de servicios de telecomunicaciones sus elementos de red, regulación que sólo puede disminuir la inversión requerida por sus competidores, mientras ubican al regulado en un entorno de desventaja relativa. Los intentos regulatorios de desagregar elementos de red y tarificarlos por regulación con base a costos han fracasado y los reguladores han desistido gradualmente de su aplicación.

De lo anterior es posible afirmar que al ser socialmente deseable la estructura de mercado que requiera menor regulación, la competencia entre o inter-plataformas es superior a la competencia intra-plataforma; por lo tanto, se debe privilegiar la competencia inter-plataformas. Pero en México, a pesar de tal promesa tecnológica, los reguladores insisten en tener una política regulatoria que inhiba tal competencia y persisten en seleccionar operadores de redes privilegiados regulatoriamente y operadores excesivamente regulados al grado de evitarles la libertad o el derecho de competir en la oferta de nuevos servicios producto de la convergencia en telecomunicaciones, como el triple y el cuádruple play.

Lo anterior tiene implicaciones respecto de los criterios de dominancia que utiliza la Comisión Federal de Competencia (CFC). Como se ha argumentado, la competencia inter-plataformas es socialmente deseable y es necesario disminuir la concentración en los servicios de triple play tomando en consideración la oferta por plataforma tecnológica existente. Es decir, el índice de concentración que la CFC utiliza no se debe de basar en la participación de mercado por operador, sino en el número de líneas de banda ancha por plataforma que sean susceptibles de proporcionar servicios de triple play. Por lo tanto, tal índice de concentración deberá calcularse sobre la participación de las tecnologías o plataformas competidoras entre sí por localidad. Lo anterior necesariamente implica que el criterio para disminuir la concentración por tipo de red es que todas las plataformas tecnológicas de las redes competidoras puedan, sin restricciones, ofrecer los servicios que la convergencia digital hace posible.

Los últimos acontecimientos en el sector de las telecomunicaciones en México nulifican la posibilidad de transformar en realidad la promesa de la transición a un entorno de competencia entre plataformas o redes alternativas. El concesionamiento de un par de hilos de fibra óptica de la red de transmisión de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) con una longitud de 19 mil 457 kilómetros al consorcio formado por Telefónica-Megacable-Televisa por 883.8 millones de pesos, aunado al cuestionado diseño y al resultado de la licitación 21 que otorga un bloque nacional de 30 MHz en la banda 1.9-2.1 GHz al grupo formado por Televisa-Nextel por 180.3 millones de pesos, así como el reciente anuncio de la incursión de Megacable como un operador virtual móvil utilizando frecuencias de Telefónica, sin duda son factores relevantes en términos de la oferta de servicios de convergencia que en exclusiva tienen los principales operadores de cable del país: Televisa y Megacable.

Las redes alámbricas tienen una inherente ventaja en capacidad sobre las redes exclusivamente basadas en tecnologías inalámbricas: el rango de frecuencias en una infraestructura alámbrica es mayor que en una inalámbrica. Por ejemplo, un solo cable coaxial tiene un rango de frecuencias del orden de 1 GHz, un hilo de fibra óptica tiene un rango útil de frecuencias del rango de 1,000 GHz. El espectro electromagnético utilizable (3Hz hasta 300Ghz) cabe fácilmente en un solo hilo de fibra óptica. [1] En consecuencia, el par de hilos de fibra asignados a Televisa-Megacable-Telefónica puede replicar varias veces la totalidad de la capacidad espectral utilizable a lo largo del territorio nacional.

Por ello, un operador basado sólo en bloques del espectro no tiene la capacidad suficiente para competir con redes de cable coaxial o de DSL. Sin embargo, operadores de redes fijas pueden complementar sus paquetes de servicios para ofrecer la ubiquidad de la banda ancha móvil migrando de la plataforma de 3G a 4G (LTE) que continúa basada en IP pero ofrece mejoras sustanciales en eficiencia espectral y velocidad, incluso cuadruplicando la velocidad de servicios 3G, por lo que soportarían nuevas aplicaciones móviles con mayor calidad de servicio.

Es por tal razón que la estrategia actual de los operadores de telecomunicaciones en todo el mundo es tener simultáneamente capacidad alámbrica y capacidad espectral. De lo anterior se puede inferir que la licitación de espectro en México no fue del interés de los operadores internacionales, no por las razones que alegan en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) o la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), sino que cualquier operador tendría que entrar en asociación, hasta 49%, dada la restricción a la inversión extranjera directa, con un operador importante de redes fijas, como Megacable o Televisa, para tener interés en participar por un bloque de espectro nacional. Tal escenario no pareciera haber sido en ningún momento factible.

El hecho de que se posponga, al parecer indefinidamente, la convergencia a toda red alámbrica existente tiene el costo social de negar la penetración de los servicios de triple y cuádruple play en aquellas concentraciones de población fuera del interés de las redes de cable.

En cambio, en Estados Unidos, desde mediados de 2009, la fibra óptica al hogar ya es una realidad en 15.2 millones de hogares (13% de penetración), con 2.7 millones de hogares suscriptores de servicios de triple play, mediante un operador originalmente telefónico, Verizon; y con 6.8 millones de suscriptores de triple play por medio de un operador de cable coaxial, Comcast.

En México, como en otros países, ahora es posible tener competencia entre redes en servicios de convergencia en cada localidad; bastaría con un duopolio con un alto nivel de rivalidad en triple o cuádruple play, uno basado en DSL-IPTV sobre par de cobre para entregar la señal de televisión y otro basado en cable módem sobre coaxial, cada uno con una filial de telefonía móvil; e incluso un tercero basado en coaxial o híbrido (fibra óptica/coaxial), concurriendo en la oferta de servicios de triple play. Pero tal escenario no parece ser posible dada la miopía de los reguladores y la política industrial que parece guiar al sector en el sentido de dónde se asignan discrecionalmente cuáles redes y qué servicios ofrece.

Los operadores que gozan de la exclusividad de la oferta de servicios de triple play son: i) Megacable, con más de 1.7 millones de suscriptores en 231 localidades: es el más grande oferente de servicios de triple play en México; ii) Cablemás, subsidiaria de Televisa, es el segundo operador más grande de televisión por cable en el país, el cual opera en 59 ciudades, con más de 2.8 millones de hogares, 953.5 mil suscriptores de televisión por cable, 325.2 mil suscriptores de Internet y 180.3 mil líneas telefónicas; iii) además, Televisa controla Cablevisión que opera la red de cable coaxial más extensa en la Ciudad de México y su área metropolitana con 632 mil suscriptores, y Cablevisión de Monterrey, que opera en 18 localidades de Nuevo León, incluyendo el área conurbada de la ciudad de Monterrey. En total, sólo existe oferta de triple play en 308 localidades, además del área metropolitana de la Ciudad de México y la zona conurbada de Monterrey; sólo en ellas existirá, en consecuencia, oferta de cuádruple play.

Cabe señalar que no sólo los operadores de redes de cable coaxial anteriormente señalados tienen exclusividad en la oferta de servicio de convergencia. Por añadidura, evitan competir entre sí, es decir, no existe una localidad donde compitan dos redes alternativas de cable coaxial cuando por el tamaño de tales localidades en un subconjunto de ellas es posible la competencia de al menos dos redes de cable.

Incluso se observan casos según los cuales en un mismo municipio operan redes de Megacable en una localidad y una red de Cablemás en otra, sin que incursione una red en el territorio de la otra, aunque fuera técnicamente posible y eficiente por las mayores economías de escala que obtendría una red de cable al expandir su presencia en un mayor número de localidades en un mismo municipio. Lo anterior puede ejemplificar el caso típico de un acuerdo colusivo fortalecido por la autoridad, al evitar la entrada de otras redes que potencialmente pueden ofrecer servicios de convergencia en forma inmediata y que erosionarían tal acuerdo colusivo.

Dado el contexto anterior y ante la reciente adjudicación de fibra óptica y el resultado de la licitación 21 del espectro, cabe hacer las siguientes preguntas: i) ¿serán las redes de cable de Televisa competidoras de las redes de Megacable? La respuesta es negativa, no por una razón técnica o económica, sino por una causa regulatoria que elimina o impide la libre concurrencia y, por tanto, la competencia en al menos 308 localidad del país y el área metropolitana del Distrito Federal y ii) ¿será Megacable competencia para los servicios móviles de Telefónica y eventualmente de los ofrecidos por las redes de Televisa? Para responder a lo anterior es necesario establecer los incentivos económicos en la relación entre un operador móvil virtual (Megacable) y un operador móvil tradicional.

Un operador móvil virtual ofrece servicios móviles de telecomunicaciones bajo su propia marca o modalidad (v.gr. empaquetado en cuádruple play), por medio de la compra de capacidad, o de minutos al mayoreo, a un operador móvil tradicional sin necesidad de operar una red propia.

Es demostrable conceptualmente que un operador móvil tradicional decidirá una capacidad disponible para un operador móvil virtual tal que, por el grado de diferenciación entre ambos, no represente una presión competitiva sobre la red móvil tradicional. [2] Sólo podrá exhibir presión competitiva cuando un operador virtual ejerza presión entre operadores móviles tradicionales para optar por la capacidad ofrecida por alguno de ellos cuando estos operadores son rivales. Por lo anterior, es posible afirmar que Megacable no será competidor para Telefónica y, dado que el mercado de cuádruple play seguirá la distribución colusiva de localidades que actualmente existe en triple play, la eventual oferta de cuádruple play de las redes de cable de Televisa no competirán con la oferta de cuádruple play de Megacable.

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En conclusión, desafortunadamente, el caso de México ejemplifica cómo la regulación puede evitar que la convergencia de servicios de telecomunicaciones y la potencial competencia entre redes se elimine, a contracorriente del escenario internacional que muestra cómo la convergencia tiene como resultado mayor competencia y menor regulación.

*El autor es consultor en regulación y competencia económica. Es profesor numerario y asesor de la Oficina de Rectoría del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). La opinión del autor no refleja necesariamente la opinión del instituto al que se encuentra afiliado.

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