Invitación a una crisis fiscal

El creciente gasto público ha dejado al país con finanzas públicas inestables, dice Sergio Negrete; la apuesta al petróleo desde hace décadas no deja margen para mover la tasa impositiva del IVA.
crudo-petroleo-ap  (Foto: AP)
Sergio Negrete Cárdenas*
CIUDAD DE MÉXICO -

Que los miembros del Congreso son un colectivo fiscalmente irresponsable era algo ya muy sabido, pero este año los legisladores federales parecen decididos a superarse a sí mismos. Al menos es lo que se desprende con la propuesta del PRI de bajar el IVA un punto porcentual, y regresarlo a una tasa de 15%.

El horno fiscal no está para esos bollos. De por sí, la propuesta del gobierno federal con muchos trabajos puede clasificarse de prudente. El paquete que la Secretaría de Hacienda mandó al Congreso, si fuera aprobada sin cambios (y si las abuelitas tuvieran ruedas serían bicicletas) implicaría el primer recorte al nivel del gasto público en términos reales en casi una década. Lo más probable es que los legisladores se encarguen de que ese pequeño recorte se convierta en un pequeño aumento.

Desde una perspectiva de finanzas públicas, los problemas abundan. Un pequeño aumento en el gasto este año no sería preocupante; el detalle es que dicho gasto lleva muchos años aumentando de forma considerable, y que el acumulado alcanzado sí es preocupante. De hecho, el nivel del gasto público en términos reales se duplicó entre 1996 y 2009. No es casual, sino causal, que ningún partido política tenga mayoría en el Congreso desde 1997: la fragmentación política devino en irresponsabilidad fiscal. Los gobiernos respectivos no se salvan tampoco: las administraciones de Zedillo, Fox y Calderón, con sus respectivos titulares de Hacienda, debieron de tratar de contener la enorme subida del gasto. En lugar de eso, le entraron con alegría al juego.

Se puede argumentar que durante esos años se mantuvieron finanzas públicas saludables, con déficits bajos o incluso en algunos años registrando superávit. Cierto, pero todo financiado con un precio del petróleo que, hasta 2008, subía sin parar. No se necesitaba bola de cristal para saber que un día bajaría de manera importante (como en 1981 o durante la década de 1990) o incluso se desplomaría (el caso de 1986). Peor, a partir de finales de 2003 la producción de crudo por parte de Pemex inició un declive sin retorno. Al menos desde mediados de 2009 dicha producción, gracias a enormes inversiones, está estancada, lo que ya es consuelo.

Esto es, una entrada de dinero que se sabía temporal se gastó como si fuera permanente. Mientras que unos países establecían fondos especiales para ahorrar el dinero petrolero, el gobierno mexicano prácticamente se lo gastó por entero. Como alguna vez dicen que dijo Milton Friedman en la década de 1970 sobre el gobierno mexicano: "si les dan a administrar el desierto del Sahara, se acaban la arena". Cuarenta años después, literalmente se está acabando el petróleo.

Hace poco más de 13 meses, el 11 de agosto del año pasado, Agustín Carstens (entonces titular de la SHCP) advertía a miembros del Senado que una crisis fiscal era inminente. Una de esas raras ocasiones en que era ya imperativo sonar la alarma. Y, por supuesto, se le acusó de inventar una crisis. Pero el precio del petróleo subió (por fortuna), y cualquier sensación de emergencia se desvaneció (por desgracia). Con trabajos se logró que se subiera el IVA un punto, y desde entonces lo que se está haciendo es invitar a una crisis financiera.

Ya las finanzas no están equilibradas, sino en números rojos desde 2009. ¿La causa? La necesidad de seguirle apostando al petróleo. Y como no puede haber inversión privada en el sector, la apuesta es completa por parte del gobierno. Para 2011 se prevé un déficit equivalente a 2.3% del PIB, aunque es probable que los legisladores también le den un empujón al alza. Casi todo el desequilibrio se explica por inversión de Pemex. Sólo queda esperar que la producción petrolera repunte y el precio del crudo se mantenga. Dada la experiencia reciente, sería esperar un milagro. Pero mucho más milagroso sería que los legisladores federales mostraran algo de prudencia.

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En pocas semanas se sabrá la respuesta, pero las propuestas del PRI, que para efectos prácticos tiene mayoría en la Cámara de Diputados (la única cámara legislativa que aprueba el presupuesto) son para poner los pelos de punta. Y esto es para el gasto de 2011. Lo que vendrá en 2012, con elección presidencial, mejor ni tratar de imaginarlo. Lo que todos los actores del gobierno están haciendo es jugar con el fuego presupuestal, invitando a que estalle una crisis fiscal.

* El autor es doctor en Economía por la Universidad de Essex. Investigador asociado del Centro de Estudios Espinosa Yglesias y Profesor de Tiempo Completo del ITESO. Entre 2004 y 2009 trabajó en el Fondo Monetario Internacional.

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