Sentimientos con olor a pan

Un pan hecho en casa puede no verse tan bien como el comercial, dice Edith Ávila Romo; pero el sabor y el olor que deja a su paso superan cualquier aspecto imperfecto.
cocina  (Foto: Laura Soria)
Edith Ávila Romo
CIUDAD DE MÉXICO -

Será por la lluvia que no cesa, pero cuando está nublado el horno me llama y quiero hacer pan, de naranja o plátano, con harina de trigo, arroz o maicena. Me gusta el olor de la casa cuando el pan se está cociendo y prepararlo es muy rápido. Es como mi truco de mago sacando un ramo de flores de su pañuelo. Café y pan recién horneado. ¿Cómo? Mejor no lo hagas, qué molestia. Me decían al principio cuando me levantaba del sillón diciendo: voy a hacer pan. Al principio era por simple gusto, por disfrutar el olor de la casa que en esos momentos huele como recuerdo a veces olía la cocina de mis papás o la casa de mi abuela.

Los ingredientes secos por un lado y los líquidos en otro molde hasta mezclar todo y batir, con una batidora manual que era una preciosidad para museo. Cansado, la verdad, hasta que llegó a mi vida una fabulosa batidora fija que no necesita más que encenderse para ajustar velocidad y recibir uno a uno los ingredientes de un rico pan de plátano, por ejemplo, mi mayor éxito familiar.

La receta original se ha ido mejorando, ahora en lugar de azúcar refinada utilizo Splenda para hornear y resto algunas calorías, en lugar de leche entera agrego una light, y otro poco menos de grasa para la familia. Todas las recetas de pan incluyen mantequilla, al menos 100 gramos, cantidad que me ponía en conflicto al principio porque las barritas pesan 90 gramos y como todo aprendiz trataba de ser muy meticulosa con las medidas de los ingredientes, dejando la mayoría de las veces una barra mocha para completar. Hasta que un descuido me permitió eliminar la mantequilla de los panes que llevan pulpa de fruta, como el plátano. Y otro tanto menos de calorías.

El pan casero es tan noble que recibe los extras que el antojo le arroja, como  combinar plátano y vainilla, más su pizca de canela molida. Nuez picada, coco rallado o arándanos secos. La tradicional harina de trigo, gracias a mi mamá, se fue transformando en harinas de otro tipo, compradas de arroz o maicena. Hechas en casa: de avena, nuez, ajonjolí, almendra. Probé con casi todo lo que puede molerse, a veces con deplorables resultados, como cuando utilicé harina de garbanzo en unas galletas de buen sabor, pero que resultaron ser un torpedo para la digestión. Ese día hubo todo tipo de reclamaciones para una servidora.

Un pan hecho en casa puede no verse tan bien como el comercial, pero el sabor y el olor que deja a su paso superan contingencias como un aspecto imperfecto. A veces el pan no sube parejo, si abrimos por impaciencia la puerta del horno para revisar si ya está, ese poco aire frío que entra en el horno caliente basta para causar estragos en el horneado y el pan colapsa.

Probando se aprende, podemos seguir una receta al pie de la letra o alterarla un poco sin olvidar que harina en exceso hace que el pan quedé muy seco, pero si no levanta en el horno es porque le hizo falta polvo para hornear y cuando levanta de su centro y se agrieta es que el horno está muy caliente.

Con la fascinación que tengo por el cacao, no siempre quiero ahorrarme calorías, así tengo en mi menú un pan de chocolate que es más bien un galletón crujiente cuya elaboración incluye mantequilla, barras de chocolate y maicena. Servido mientras sigue caliente es un manjar al que solamente le agrego azúcar glaseada y queda listo. El helado de vainilla lo acompaña en fiestas.

Tiempo estimado de preparación del pan: 50 minutos. Poco menos que la duración de dos capítulos de cualquier programa de televisión. Y lo que sigue a este tiempo, convivencia, conversación y buen provecho.

Minuto de Microondas ...

Almuerzo en restaurant de conocida chef, buena opción. Supervisado por su hija, mal día para los comensales. En una dinámica que pasa de novedosa a estresante cuando el pizarrón con las instrucciones está en calidad de muñeca fea en un rincón junto a la caja, en el suelo. Y uno se entera sobre la marcha que se trata de un autoservicio donde tiene que ir por su bebida a la izquierda, a los postres en la barra derecha, sin servilletas o salero o azucarera en las mesas. Un delirio que no quiero repetir.

Sigue lloviendo y siguen los desplazados, miles de afectados. Ahora las recolectas no sólo son solamente de alimentos y ropa, sino también de enseres de casa y cocina. Toda mi solidaridad para los que sufren la impiedad de la lluvia y el lodo.

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La autora es economista por la Universidad Panamericana, con estudios de posgrado en el extranjero y una gran pasión por la buena mesa. Ha publicado varios artículos y libros de literatura, economía y sociedad.

Edith tiene buen sazón, cocina desde antes de la era del microondas y su lema es "quien cocina no lava los trastes". Aunque acostumbra escuchar noticias mientras prepara los alimentos, no se le salan ni se pasan de cocidos. Cualquier sugerencia o comentario será bienvenido a: eco_avila@hotmail.com

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