Los Objetivos de Desarrollo del Milenio

Estas metas han permitido construir una agenda común y concentrar esfuerzos, afirma Roberto Vélez; algunos resultados muestran la necesidad de revisar el diseño o mejorar la operación de programas.
hambre  (Foto: CNN)
Roberto Vélez Grajales*
CIUDAD DE MÉXICO -

Del 20 al 22 de septiembre de 2010 los jefes de Estado y de Gobierno se reunieron para analizar los avances con relación a los Objetivos de Desarrollo del Milenio. En la declaratoria de la Asamblea General de las Naciones Unidas (http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=A/65/L.1), los mandatarios externaron su "profunda preocupación" por estar todavía lejos de alcanzar los objetivos marcados para el año 2015. Entre las principales barreras para lograr las metas establecidas señalaron a la reciente crisis financiera y económica, la inestabilidad de precios de los alimentos y la energía, la inseguridad alimentaria y el cambio climático, que ha generado un incremento en la vulnerabilidad de la población.

En lo que se refiere a la medición de avances o retrocesos, para cada uno de los ocho objetivos (erradicar la pobreza extrema y el hambre, educación universal, igualdad entre los géneros, reducir la mortalidad de los niños, mejorar la salud materna, combatir el VIH/SIDA, sostenibilidad del medio ambiente y fomentar una asociación mundial) se han definido metas y se ha seleccionado un conjunto de indicadores. Para las metas que se han definido en términos relativos, las tasas objetivo se determinaron utilizando 1990 como año base. 

En algunos países de América Latina y el Caribe los avances han sido importantes. En un documento publicado recientemente por el Overseas Development Institute, se construyó un índice a partir de los primeros siete objetivos para clasificar a los primeros 20 países en términos de sus avances absolutos (niveles) y relativos (tasas de avance con respecto a su nivel inicial). Para los primeros (avances absolutos), entre los 20 países se encuentran Honduras, Nicaragua y Guatemala. Por otro lado, si la evaluación del desempeño se concentra en los avances relativos, se podría concluir que éste ha sido exitoso en la región: Ecuador (encabeza la clasificación), Honduras, Belice, Nicaragua, Cuba, México, El Salvador, Chile y Guatemala.

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A pesar de lo anterior, los avances en la región distan todavía de poderse calificar como exitosos. En la tabla se presentan los avances para algunos indicadores seleccionados para las tres metas definidas para el objetivo relativo a la erradicación de la pobreza y el hambre. Como se puede observar, los resultados son dispares. Para la primera meta (1A), el primer indicador utilizado es precisamente la proporción de pobres extremos (con menos de un dólar de ingreso al día). En este caso, el porcentaje ha pasado de 11.3 a 8.2% entre 1990 y 2005, cuando el objetivo planteado es lograr reducir esta proporción a 5.7%. Más preocupante resultan las condiciones del Caribe, donde dicha proporción ha pasado de 28.8 a tan sólo 25.8%. En lo que toca a la segunda meta (1B), uno de los indicadores utilizados es la proporción de personas empleadas que viven con menos de 1.25 dólares por día.

En este caso, la proporción para América Latina y el Caribe ha pasado de 12.7% en 1991 a 8.5% en 2009. Es decir, la región ha reducido dicha proporción en 4.2 puntos porcentuales a lo largo de 18 años y, sólo cuenta con otros 6 para lograr la reducción total. Finalmente, en lo que toca a la meta relacionada con la reducción del hambre, uno de los indicadores utilizados es la prevalencia de niños menores de 5 años por debajo del peso mínimo adecuado. En este caso, entre 1990 y 2006 la proporción de niños con dicha prevalencia ha pasado de 11 a 6%, es decir, la región se encuentra tan sólo a medio punto porcentual de lograr la meta establecida. Otro indicador utilizado para esta meta es la proporción de población desnutrida. A diferencia del indicador para niños, en este caso la proporción entre 1990-2 y 2005-07 ha pasado de 12 a 9 por ciento, es decir, sólo se ha logrado la mitad del avance necesario.

Independientemente de la preocupación externada por los jefes de estado y de Gobierno a finales de septiembre pasado, hay que reconocer que se han dado avances importantes. Al menos, en términos de política pública, los objetivos han permitido construir una agenda común y concentrar esfuerzos en temas anteriormente olvidados. Específicamente, en lo que se refiere al combate a la pobreza y el hambre en la región de América Latina y el Caribe, los resultados son dispares. Si bien es cierto que  se ha logrado alcanzar la meta para algunos indicadores, hay otros que distan mucho de poder lograrlo. En conclusión, los resultados regionales muestran, en ciertos casos, la necesidad de crear, revisar el diseño o mejorar la operación de los programas públicos dirigidos a lograr alcanzar los objetivos; en otros más, la de consolidarlos para asegurar sobrepasar las metas establecidas.

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*Roberto Vélez Grajales esDirector del Programa de Movilidad del CEEY

Contacto: rvelezg@ceey.org.mx

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