Los saldos de la extinción de LyFC

Imperó la reducción de puestos, problemas políticos y conflictos con el SME, dice Carlos Canfield; aumentó la inconformidad de los usuarios por la operación y los cobros excesivos de la CFE.
cfe  (Foto: Especial)
Carlos Canfield*
CIUDAD DE MÉXICO -

El 11 de Octubre del 2009, el Ejecutivo Federal decreta la extinción y liquidación de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro (LyFC), acto que después de una ardua batalla legal y política emprendida por el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), termina siendo avalado el 5 de Julio del 2010, por la  Suprema Corte de Justicia de la Nación al reconocer y respaldar las facultades del presidente de México para emitir el acto administrativo que desapareció a dicho organismo descentralizado. El argumento utilizado por las autoridades para justificar la desaparición de LyFC consistió en subrayar la ineficiencia y onerosidad de LyFC, en contraste con el buen desempeño de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Es así como a partir de la suspensión, la CFE incorpora la atención de más de 6 millones de usuarios en cinco estados de la República. .

Esta decisión del ejecutivo consolida en la práctica, el marco jurídico que permite la transición en la provisión de energía eléctrica, de un monopolio natural (CFE y LyFC), como resultado de la nacionalización de la industria en 1960, hacia un modelo de comprador único en donde la CFE se constituye como la entidad responsable de proporcionar el servicio público, aunque las modificaciones legales de 1992, permiten la participación del sector privado en la generación de electricidad siempre y cuando ésta se destine al auto-consumo, la exportación o se vendan los excedentes a la propia CFE.

A partir de estas reformas de 1992, se observa en el sector eléctrico un cambio estructural importante, ya que el sector privado ha incrementado sustancialmente sus inversiones para incrementar la capacidad instalada. Y es que mientras en el periodo 2000-2008, el sector paraestatal creció a tasas medias del 4.2%,  el sector privado lo hizo a más del 10.3% en promedio. De forma particular, en el 2010, de los 63 millones de Mega-watts disponibles  ya el 14% corresponde a los Productores  Externos de Energía (PEE´s).

 En materia de inversiones se observa que en el periodo 2000-2010, éstas crecieron en 61.8% en términos nominales. De forma reciente destaca el hecho de que en 2010, el incremento en la inversión impulsada del sector será de 26.8% con respecto al año anterior, fundamentalmente a partir de los esquemas de inversión financiada llamados Pidiregas.

La generación de energía, de acuerdo con las estimaciones oficiales a Diciembre de 2010 será de 254,000 Giga-watts/hora (Gwh), implicando un descenso de 1.6% con respecto al año anterior,  siendo la reducción de la CFE de alrededor de 1.9% en contraste con el crecimiento en la generación de los permisionarios de más de 4% en este año, y de 12% medio anual en el periodo 2000-2010.

A un año de la extinción de LyFC y con la eliminación de más de 40,000 puestos de trabajo en el sector eléctrico, en palabras del propio Director de la CFE, Alfredo Elías Ayub,  "el Gobierno federal se está ahorrando 30,000  millones de pesos en 2010, 45,000  en 2011 y 60,000  millones para 2012 (La Jornada, 25 de Septiembre, 2010), sin embargo la operación de CFE como comprador único, no termina por dejar satisfechos a los usuarios. Y es que como resultado de una política pro-cíclica tendiente a eliminar los subsidios en la economía, incluso en los tiempos actuales de crisis, las tarifas eléctricas en el periodo enero-junio del 2010, comparadas con el año anterior, se incrementaron 9.3% en promedio ponderado.

Los crecimientos más importantes afectaron seriamente la competitividad de las empresas, particularmente la grande y pequeña industria, quienes vieron incrementar los precios del servicio en 19 y 13% respectivamente, contribuyendo aún más a la baja competitividad del sector industrial.

Paradójicamente estos incrementos son por una parte insuficientes para mejorar la posición financiera de la empresa ya que si se consideran los costos de explotación y los costos laborales en conjunto, estos representan aproximadamente el 95% de los ingresos totales y por la otra van de la mano con una tendencia de tiempo atrás en la reducción del consumo de energía eléctrica, y es que ante la falta de crecimiento en nuestra economía, el consumo tan solo creció al 2.2% promedio anual en el periodo 2000-2008.

En lo que se refiere a algunos de los indicadores de la calidad del servicio en el periodo Enero-Julio del 2010, el tiempo promedio de interrupción del servicio de energía eléctrica (TIU) proporcionado por la CFE fue de 107.6 minutos promedio mensual, mismo que se incrementó en 1.9 minutos por usuario en el mismo periodo del 2009, y aún más en el 2010, la eficiencia de CFE presenta importantes deterioros, ya que solo la cifra de TIU en Julio anualizada, representó un incremento de 28% con respecto al mismo mes del año anterior. Si bien es cierto que las cifras, aunque no comparables en su origen, son de inicio mejores que las de LyFC, (143 minutos) también lo es que aún están lejos de alcanzar los objetivos gubernamentales para ubicarse a nivel nacional en 40 minutos (79 para la Ciudad de México).

En síntesis, a un año de la desaparición de LyFC, el saldo percibido es:

1) Reducción de puestos de trabajo, turbulencias políticas y conflictos no resueltos derivados de la falta de conciliación con el SME.

2) Mayor productividad en CFE dada la mínima recontratación de los ex-trabajadores de LyFC

3) Un contrato colectivo en CFE con prestaciones similares a las que tenía el SME en la hoy extinta LyFC.

4) Consolidación de la tendencia creciente de la participación del sector privado tanto en materia de inversiones y capacidad instalada como en la generación de energía eléctrica.

5) Eliminación de subsidios y ahorros para el Gobierno que no se trasladan en reducciones a las tarifas,  particularmente las de consumo industrial  y simultáneamente mayores pasivos contingentes en CFE derivados de las inversiones financiadas a través del esquema de Pidiregas

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5) Inconformidad en los usuarios, particularmente en las zonas recientemente incorporadas a la atención de CFE, no solamente medida en indicadores de operación sino en materia de cobros excesivos, calidad en la atención al público y mediana capacidad de respuesta ante los apagones.

*Carlos Canfield es Profesor-Investigador del centro de Investigación en Economía y negocios (CIEN) del Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México y su correo es carlos.canfield@itesm.mx

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