Ira y adaptación en el proceso de duelo

El duelo involucra un proceso de adaptación al asumirse una nueva situación, dice Vanessa Nahoul; mediante los elementos de la pintura como símbolos y color se puede interpretar el proceso de duelo.
estres  (Foto: Jupiter Images)
Vanessa Nahoul Serio*
CIUDAD DE MÉXICO -

La psicología psicoanalítica permite utilizar sus conocimientos para aplicarlos al entendimiento de la obra de arte. Así, se puede observar cómo en la obra del artista pictórico se logra la adaptación a los duelos personales y sociales a través de los elementos de su obra de arte.  Por duelo se entiende un proceso incesante que recorre toda nuestra existencia y que es tanto una experiencia individual como una realidad colectiva y cultural. Se entiende que es la demostración de pena o abatimiento que se siente ante la muerte de alguien aunque duelo también se entiende ante las separaciones y pérdidas que no necesariamente son por muerte. El duelo involucra un proceso de adaptación en tanto que el doliente ha de conformar su mundo interno y sus relaciones externas a una nueva situación, la de vivir sin el ser querido perdido. Es necesario superar los afectos negativos tales como la tristeza, los celos, la envidia, el coraje y la ira para poder superar un duelo, de lo contrario el proceso de elaboración se detiene.

Se llevó a cabo una investigación acerca de cómo al artista pictórico Rodolfo Morales se adaptó a sus pérdidas personales y sociales a través de su obra. Se buscaron los elementos de su pintura, tales como símbolos, personajes y el uso del color, que muestran la transformación de los afectos así como la adaptación al duelo.

Como instrumentos de la investigación se empleó:

•1.      Una entrevista videograbada realizada por la Dra. Vanessa Nahoul Serio a Rodolfo Morales (en Julio de 1998) en Oaxaca. Se siguió el modelo de entrevista con base en la identificación (González Núñez, 1996). Se llevó a cabo el análisis de contenido de la misma.

•2.      Una muestra de 218 cuadros contenidos en el libro Rodolfo Morales, editado por el Instituto Veracruzano de Cultura. Análisis de contenido del 11% de esos cuadros, es decir, 22 de ellos.

Los resultados mostraron que Rodolfo Morales (n. 8 de mayo 1925 - 31 de enero de 2001) oriundo de Ocotlán, Oaxaca, hijo de Ángel Morales, carpintero y de Rufina López, una de las primeras maestras de primaria de su pueblo, sufrió varias pérdidas en su vida, siendo significativas la de sus abuelos, él recordaba particularmente a su abuelo paterno quien perdió la memoria y siempre iba a la estación a esperar a su hija quien ya había muerto. También la pérdida de salud mental de la madre a los 40 años, siendo él aun muy pequeño, quien sufrió demencia senil que la llevaba a desconfiar de todo el mundo. Y la pérdida de paisaje cuando él salió de Ocotlán para venirse a la Ciudad de México a estudiar  a los 22 años de edad. También se incluyen las pérdidas de personas queridas de su pueblo aunque nada más fueran conocidos.

A estas pérdidas sociales él se refería cuando hablaba de que en su pueblo tranquilo, la rutina lenta se rompía dos veces por semana cuando había un asesinato y entonces el pueblo cobraba vida porque todo el mundo salía a ver al muerto. Él como niño era el primero en llegar.

Del análisis realizado a los 22 cuadros con motivo de duelo tomando en cuenta las categorías de color -se hace el análisis por los colores en sí pero también tomando en cuenta el contexto del cuadro en el que se presentan-  las de personajes y de contenido.

En suma, el amarillo muestra el torbellino de afectos en el mundo interno de Rodolfo Morales, el azul muestra el logro de su personalidad de controlarlos y  plasmarlos mediante su habilidad artística en su obra para expresarlos en sus cuadros (González Núñez y Nahoul, 2008). Además logra elaborar la prohibición de la ira ante la muerte hasta lograr una tesitura espiritual muy marcada en el azul. El azul así se vuelve simbólicamente transformador de los celos y de la ira que obstruyen la elaboración del duelo. El negro aparece con menor frecuencia e indica el intento de adaptación a sus duelos tanto personales como sociales.

Los personajes incluidos en sus cuadros muestran el mundo real y cotidiano en que vivió. Fue un niño que quedó fuertemente impactado por los muertos del pueblo y los de su propia familia y gozaba de sus grandes compañeros: los perros. La recurrencia del símbolo de manos es una alegoría de su propia destreza pictórica y símbolo de trabajo y productividad.

Las mujeres que aparecen con frecuencia en sus cuadros jugaban en su vida un escalón amoroso hacia la música, hacia el canto y metafóricamente podríamos decir, hacia el coro celestial. Los fantasmas y las sombras de los difuntos, tan frecuentes en sus cuadros, o ánimas, siempre van acompañadas hacia el cielo con la música angelical de un coro fantasmal de mujeres. Estas a su vez cumplen la función de ver y admirar lo que el artista pinta. Pueden ser plañideras, que rezan para calmar su dolor pero en realidad son compañía permanente de los difuntos como en su niñez su amada tía materna, a quien describía como muy conversadora, fue compañía para él cuando su madre se iba a trabajar, es decir que la conversación de la tía se convirtió en canto en los cuadros.

Otro de los elementos que aparece en los cuadros son los arcos. En el 73% de los cuadros existen arcos, al igual que en su casa en Ocotlán. El arco es un puente, es un sostén, en este caso, es una expresión de afecto. Por lo tanto, se infiere que el arco fue un símbolo del puente que tendió entre Ocotlán y la Ciudad de México para elaborar el duelo de haberse ido, es un puente entre las plañideras terrenales que se convierten en coros celestiales, se convierten en sombras que ascienden hacia el cielo, son un puente entre la vida y la muerte; son un puente entre el amor y el odio.

Aunque no son significativas en frecuencia, hay figuras que aparecen volando que también son un puente entre el cadáver y el espíritu, entre la muerte y la ascensión al cielo.

La pistolas también poco significativas en cuanto a número, ilustran claramente el medio ambiente hostil y de asesinatos en que vivió. Si bien pueden mostrar una tendencia agresiva inconsciente suya, en realidad es un desenmascaramiento de los asesinos, con la muda protesta de los asesinados y sus familiares. O sea, es la denuncia de la impunidad.

Los ángeles y figuras aladas son una alegoría de lo que el alma se convierte para llegar al cielo para así lograr la transformación del afecto doloroso en una cristalización espiritual.

Entre los personajes de los 22 cuadros aparece por lo menos una persona muerta, que en su mayoría son mujeres. Es decir que a la muerte que más se tuvo que adaptar fue a la de su madre. Las adaptaciones encontradas son el control de emociones personales como en el amarillo, el rojo y el azul, en la combinación de los tres colores y en la socialización. Así se logra transformar la ira en amor a través de las mujeres que acompañan al muerto hasta el cielo y al deudo hasta la resignación. Existe a la vez un pensamiento mágico que se ve a través de las sombras y de los ángeles que no es más que un símbolo católico de resignación. Incluso el nombre de los cuadros es el de Piedad que se asemeja mucho al rezo de "Señor, ten piedad de nosotros", lo cual muestra que la religión juega para este pintor un papel importante en la adaptación al duelo.

En forma aislada pero importante  Rodolfo Morales utiliza en algunos cuadros el simbolismo de la línea de la vida que no es otra cosa que señalar una línea de algún color que cruza el cuadro o bien dos manos extendidas que señalan el límite entre la vida y la muerte.

Un dato adicional es de que los 218 cuadros en 13 de ellos hay en forma clara colores y motivos patrios. Esto indica el fuerte patriotismo de Morales.

La autora es Doctora en Psicología Psicoanalítica y Psicoanalista por el Instituto de Investigación en Psicología Clínica y Social (IIPCS). Además es Psicoterapeuta de Grupos. Es docente a nivel licenciatura y posgrado en el IIPCS. Es catedrática de la Universidad del Valle de México, Plantel Chapultepec. Fue profesora y sinodal de tesis en la Universidad Iberoamericana. Ha sido supervisora de prácticas en la licenciatura del IIPCS en donde coordina los talleres de Mejoramiento Personal a través del Arte con adolescentes y Acompañamiento con adolescentes. Es coautora y compiladora de varios libros de psicología de lo masculino y autora de diversos artículos de la Revista Alêtheia. Ha escrito el libro Psicología Psicoanalítica del Arte junto con el Dr. José de Jesús González Núñez, editado por Manual Moderno. También es coautora y compiladora del libro Psicopatología de la Adolescencia y Relaciones Interpersonales, ambos publicados por Manual Moderno. Trabaja las líneas de investigación de la adolescencia y la del psicoanálisis aplicado al arte. En el IIPCS es Coordinadora de la Comisión de Desarrollo Científico y Editorial. Ejerce como psicoterapeuta y psicoanalista de adolescentes y de adultos, individual y de grupo.

Ahora ve
Uber pagó 100,000 dólares a hackers para que destruyeran información robada
No te pierdas
×