El Docente-Líder: reto de la educación

El educador, más que sólo impartir conocimiento, debe ser un guía, dice Leticia Magaña; los jóvenes invierten tiempo adquiriendo sus conocimientos, mientras se forman como individuos.
maestro alumno universidad profesor  (Foto: Photos to Go)
Leticia Magaña de los Ríos*
CIUDAD DE MÉXICO -

A nivel educativo, no podemos concebir un dirigente agresivo y seguidores pasivos, o un profesor sabelotodo y unos estudiantes ignorantes, sino líderes y seguidores comprometidos en una relación dinámica, de mutuo influjo, donde existe una retroalimentación entre el profesor y los estudiantes. El auténtico líder-docente debe ser al mismo tiempo visionario y pragmático; alguien que ejerce el liderazgo como un proceso de cambio y crecimiento continuos, a través de los medios idóneos para su consecución.

Un líder puede tener un ideal o un sueño; sin embargo, debe contar con los medios para cristalizarlo; si se cuenta con circunstancias y recursos creativos, hay mayores probabilidades de que surjan grandes líderes.

El líder pedagógico circunscribiría al nuevo paradigma un énfasis en la libertad para toda actividad creativa, para toda forma de autoexpresión y de autoconocimiento. Sus metas debe magnificarlas, pues un auténtico líder piensa en grande; es un visionario que está firmemente convencido de que la única manera de construir una sociedad nueva consiste en cambiar la educación de las generaciones venideras. No obstante, el liderazgo educativo está llamado, dentro de la misma sociedad, a ser la fuerza necesaria para introducir ese cambio.

Los objetivos del líder también deben ser a largo plazo; un líder educativo tiene visión de futuro al plantear propuestas sobre la formación del 'hombre del mañana' y no ser un simple 'apaga fuegos' del momento; sin embargo, podemos apreciar que la educación mexicana, en términos generales, no está planificada a largo plazo y no se tiene claro un concepto ideal de ser humano y de sociedad. Sin una base filosófica de estos temas, la educación, lejos de ser una formación integral, puede transformarse en instrucción, adoctrinamiento, amaestramiento o una práctica meramente artesanal.

El líder pedagógico debe buscar resaltar las sorprendentes capacidades humanas, las nuevas fuentes de conocimiento y aprendizaje, proporcionar una orientación hacia la creatividad y la trascendencia; es alguien que intenta siempre despertar el aprendiz que se lleva adentro y que está aguardando a ser liberado. Tanto la educación intelectual, emocional y moral hacen indispensable la participación activa del educando, para que sea capaz de analizar e inventar, o de expresar abiertamente sus afectos y no de repetir unas verdades ya acabadas. Ello exige que el estudiante aprenda a reconstruir las verdades y no simplemente a recibirlas por transmisión unidireccional del maestro.

En nuestro tiempo, en un mundo sometido a profundas y rápidas transformaciones, en el que el cambio es la constante y, por lo tanto, los acontecimientos adquiridos hoy se tornan caducos en la generación siguiente, resulta cada vez más urgente capacitar al estudiante para el autoaprendizaje, la proactividad y el emprendedurismo para la resolución de problemas, pero esto no se logrará sin tener líderes en las aulas.

*La autora  tiene 15 años como docente a nivel medio superior y superior, impartiendo asignaturas en las áreas de valores, trabajo en equipo, comportamiento organizacional, capital humano y desarrollo de habilidades, en la Universidad del Valle de México y otras instituciones.

   

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