OPINIÓN: La lección de Iowa: los republicanos quieren un ganador

Los habitantes de Iowa son directos y buscan un candidato que les ayude a recuperar la confianza estadounidense sin duscursos vacíos
gobernador de texas da un discurso
rick-perry  gobernador de texas da un discurso  (Foto: )
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Por: Alex Castellanos
Autor: Alex Castellanos | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Alex Castellanos es un socio fundador de National Media Inc., la cual se especializa en publicidad política republicana. Se ha desempeñado como consultor de medios de las campañas presidenciales de Bob Dole, George H.W. Bush, George W. Bush, Phil Gramm y Mitt Romney.

(CNN)  Iowa te da la bienvenida honestamente. Cuando vuelas a Des Moines, el estado te recibe, plano y directo, con campos verdes delimitados por rejillas.

Las personas son directas también. La retórica y la ostentación urbana no sólo no impresiona, se ven ridículamente fuera de lugar. Los habitantes de Iowa se visten para trabajar, no para impresionar.

Las joyas se guardan para los viernes en la noche en la feria estatal, en los pantalones de las mujeres. Estas personas sin disfraces se reunieron para el sondeo de opinión republicanos 2011, para expresar sus preocupaciones. Más de una familia en Iowa economizó para hacer el viaje. Están preocupados por su país. Temen que esté en decadencia. La certidumbre con la que marcaron su futuro –con rectángulos y líneas rectas- está desapareciendo. Su confianza se está desvaneciendo junto con ella.

La elección pasada pudo ser por la esperanza y el cambio. Ésta, en Iowa y donde sea, será por la fuerza y la certidumbre. El presidente ha perdido el control, lanza discursos contra fuegos venideros. Las llamas se expanden. No puede unir a nuestra nación ni a sus líderes para extinguirlas.

Los habitantes de Iowa vieron a los candidatos que pudieran mandar a Washington para recuperar el control. Después de la degradación, los estándares son más altos.

Esta es una batalla que no pueden perder. La derrota significa perder su país. La elegibilidad importa: no nominarán a un candidato cuya imagen le dé al presidente Barack Obama cuatro años más.

En el debate previo al sondeo de opinión, vieron tambalearse a Tim Pawlenty. Su respaldo se colapsó. En esta elección, se tolerarán errores. Las divisiones se repararán. Pero la debilidad no se perdonará.

Michele Bachmann la hizo de Margaret Thatcher y ganó. Ahora, Bachmann no necesitará la médula de Thatcher, necesitará su visión. Tendrá que explicar cómo
renovaría a la economía. Tendrá que demostrar que puede ganarse a las mamás futbolistas de los suburbios y a los independientes de Ohio.

Sin embargo, Bachmann se inclina más a ser Pat Buchanan que Ronald Reagan. El sondeo de opinión puede representar más el final de su campaña que su comienzo.

Eso dejaría a dos candidatos, impulsados desde Iowa. En una esquina, el gobernador populista e inspirador de empleos de uno de los estados más republicanos. En la otra, el burgués empresario creador de empleos del estado más demócrata.

Se quedaría corto afirmar que no he sido un partidario de Rick Perry para presidente. Su estilo de hablar sin reparos transmite desconsideración.

Asimismo, los suburbios no pondrán a “Elmer Gantry” en la oficina presidencial: Perry no puede permitir que los votantes concluyan que vende su fe más que de lo que la vive.

Geográfica, ideológica y culturalmente, Perry también recuerda a George W. Bush, el oponente contra el que Obama lanzó su campaña y venció la última vez. ¿Por qué los republicanos harían una secuela de una película que nadie fue a ver?

Sin embargo, para mi sorpresa, tras ver el discurso de anuncio, debo darle crédito a Perry: la intensidad con la que recogió la antorcha caída de Reagan lo colocó cerca del corazón del Partido Republicano. Su férrea exposición de principios conservadores fundacionales fue una demostración de fuerza: presentó un hombre al país que no tiene que preguntarle a otros quién es o en qué creer.

La optimista declaración de Perry de que tiene fe en el pueblo estadounidense, no en Washington, es el camino a la elegibilidad: es exactamente lo que están buscando los votantes independientes desanimados.

Su campaña para reforzar su persona puede no llegar muy lejos, pero su ataque a Washington y a sus oponentes lo hará.

Durante meses, Mitt Romney se ha mantenido al margen. No se ha presentado al ruedo y no ha transmitido el porqué, él y nadie más, debería ocupar el cargo más importante de la nación. Ha permitido que este concurso se desarrolle entre el acero conservador texano y los logros emprendedores. Ahora, la carrera comienza.

Romney debería voltear la mirada. Se aproxima un tren de carga.

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