Economía mexicana ¿pulmonía o ‘catarro’?

Una recesión en EU o un impago griego podrían desatar una crisis en México, afirma Sergio Negrete; no obstante, el paquete económico 2012 prevé una desaceleración de la economía e inflación estable.
Agustín Carstens  (Foto: Archivo AP)
Sergio Negrete Cárdenas*

A principios de 2008, cuando lo que sería la crisis financiera global apenas mostraba un tímido inicio, Agustín Carstens dijo uno frase que quedó para la posteridad. La desaceleración de la economía estadounidense tendría un efecto relativamente menor sobre México, y consideró: "ahora le dará (a la economía mexicana) un catarrito y no una pulmonía, como antes".

El entonces titular de Hacienda, hoy al frente del Banco de México, debe estar harto de que le recuerden el dicho. Cuando se defiende al respecto, Carstens argumenta (y tiene razón) que en febrero de 2008 todo el mundo (incluyendo analistas del sector privado) concordaba con dicho pronóstico. Era imposible prever lo que ocurriría varios meses después, desatado por el colapso de Lehman Brothers.

Y en el caso mexicano, el esperado catarrito devino una feroz pulmonía. La economía nacional se contrajo durante el 2009 un escalofriante 6.1%, prácticamente el mismo nivel que en 1995. No deja de ser una paradoja que parte del colapso de hace dos años también se explica, realmente, por una gripe: la porcina, que desató el pánico sobre una posible epidemia entre abril y mayo.

Justo antes de renunciar a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y pasar a lo que puede suponerse será una vida mucho más tranquila (porque sus posibilidades de ganar la nominación presidencial panista son pequeñas y las de obtener la Presidencia realmente ínfimas), Ernesto Cordero entregó al Congreso el paquete económico 2012.

Las cifras de ese paquete, como en febrero de 2008, parecen realistas en este momento al pronosticar sólo un ‘catarrito': se espera una desaceleración de la economía (crecimiento de 3.5%, cuando en 2011 será de alrededor del 4%) y una inflación estable (3%).

La lección de 2008 no debe olvidarse: una 'pulmonía' es factible. La pueden desatar, por ejemplo, una recesión en los Estados Unidos o una moratoria griega seguida por un terremoto en la zona euro (el tsunami que llegaría a las costas mexicanas como secuela sería devastador). Y, por supuesto, ambos eventos pueden conjuntarse para convertir al 2012 en una pesadilla económica mundial y, en consecuencia, nacional. No tan grave como el fin del mundo que algunos pronostican para ese año, pero ciertamente tan problemático (o más) que lo ocurrido en 2008-09.

Y en el caso mexicano, el escenario se complica con la campaña presidencial, la elección de julio y la transición gubernamental en diciembre. En ese caso no se trataría de la clásica "crisis de fin de sexenio", aunque ciertamente sí sería una crisis en el último año del Gobierno calderonista. De por sí exiguas, al parecer con Josefina Vázquez Mota como abanderada, las posibilidades de Acción Nacional para ganar la presidencia serían todavía menores.

Es de esperar que José Antonio Meade en Hacienda y Carstens en Banxico estén trabajando en toda clase de mecanismos contingentes. Por ejemplo, tener a punto la activación de la línea flexible de crédito con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y un recorte en el gasto público, así como un posible aumento en ciertos impuestos, para paliar lo que implicaría un colapso en la recaudación fiscal en caso de una recesión. Y, por supuesto, que el Banco de México esté listo para intervenir de manera masiva en los mercados cambiarios para impedir un desplome del peso en el caso de que haya un "escape hacia la calidad" que representaría para muchos inversionistas el dólar estadounidense (aunque eso de "calidad", considerando el precario estado de las finanzas de dicho país, sea muy relativo).

Muchos de estos preparativos no deben ser abiertos (porque podrían desatar incertidumbre), pero al mismo tiempo se debe construir públicamente lo que Angel Gurría en el año 2000 llamó (con gran éxito) el ‘blindaje financiero'. Lo que no debe hacerse es caer en una especie de autocomplacencia y argumentar que la macroeconomía mexicana es sólida. No es probable que Carstens o Meade cometan ese error, pero deben en extremo cuidar sus palabras.

Por lo pronto, la depreciación que ha observado el peso en semanas recientes ha sido relativamente ordenada, y es de suponerse que muy bienvenida por los exportadores mexicanos. La inflación se encuentra firmemente bajo control y los déficits exteriores (tanto de la balanza comercial como de la cuenta corriente) son moderados. Esto además de que el déficit de las finanzas públicas también es pequeño.

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Evidentemente, el aspecto negativo de la macroeconomía nacional lo representa el crecimiento de largo plazo. Incluso el 3.5% proyectado para el 2012 es patético y se agregará a cuatro décadas de crecimiento mediocre e insuficiente. Pero los cambios necesarios para aumentar de manera importante ese crecimiento, las tan cacareadas reformas estructurales, no van a ocurrir, haya 'catarrito' o pulmonía. 

* El autor es doctor en economía por la Universidad de Essex. Actualmente es investigador asociado del Centro de Estudios Espinosa Yglesias y profesor de Tiempo Completo del ITESO. Entre 2004 y 2009 trabajó en el Fondo Monetario Internacional.

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