OPINIÓN: Etiquetar los berrinches como enfermedad mental sería un error

Diagnosticar los problemas de temperamento como un trastorno mental afecta el tratamiento de los niños, afirma una experta
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Por: Claudia Gold
Autor: Claudia Gold
(CNN) -

Nota del editor: La doctora Claudia M. Gold es pediatra y autora de Keeping Your Child in Mind: Overcoming Defiance, Tantrums and Other Everyday Behavior Problems by Seeing the World Through Your Child's Eyes (Tener en cuenta a tu hijo: superar los desafíos, berrinches y otros problemas de conducta viendo el mundo desde los ojos de tu niño).

(CNN) — En el invierno de 2010 hubo mucho alboroto noticioso acerca de una nueva propuesta de diagnóstico infantil, entonces llamada trastorno de desregulación del temperamento con disforia, o TDD, por sus siglas en inglés. El comité que tiene la tarea de crear el nuevo DSM-V (Manual de diagnóstico para la salud mental), recibió muchas críticas, así que ahora ha cambiado el nombre a trastorno de desregulación disruptiva del humor (o DMDD, por sus siglas en inglés).

Muchos pensaron que la inclusión de la palabra “humor” convertiría a los berrinches, una parte normal y saludable del desarrollo, en un trastorno. Entonces ¿la nueva etiqueta significa una mejora? Creo que toda la discusión es un error. Desvía nuestras energías para encarar el problema real, que es que no hay suficiente atención de salud mental o apoyo a la comunidad para los padres que están luchando por criar a las próximas generaciones.

La Asociación Americana de Psiquiatría afirma que un niño debe tener 6 años para recibir el diagnóstico de este padecimiento. Espero que los médicos respeten este aspecto del diagnóstico, sin embargo, ese no ha sido el caso con el trastorno bipolar pediátrico.

A menudo, los padres de niños de apenas 18 meses vienen a mi consultorio de pediatría con la pregunta: “¿Tiene trastorno bipolar?”. Un estudio de la Universidad de Columbia demostró que la prescripción de antipsicóticos atípicos, comúnmente utilizados para tratar este trastorno, a niños de entre dos y cinco años de edad, se duplicó de 2000 a 2007.

El DMDD fue creado para detener la creciente ola de diagnósticos de trastorno bipolar en los niños. Pero me temo que esta etiqueta tendrá la misma suerte, ya que los médicos se sienten impotentes frente a estas familias jóvenes con problemas.

Para la mayoría de los niños diagnosticados con alguna variación de desregulación del temperamento (que en realidad no importa cómo lo llames: ése es el problema de fondo), el problema comenzó mucho antes de los 6 años.

Por esta razón, en lugar de dedicar enormes cantidades de tiempo a decidir cómo llamar esto tenemos que mirar de cerca el origen de estos problemas y enfocar nuestra atención y recursos en la intervención temprana.

Éste es un caso típico de “desregulación disruptiva del temperamento” que he visto en mi práctica de pediatría del comportamiento en edades de seis o superiores. A menudo, el embarazo fue muy estresante. Puede que haya habido ansiedad, depresión, abuso o abandono. Existe evidencia de que el estrés durante el embarazo tiene efectos sobre la capacidad del bebé para la autoregulación y se asocia con problemas de conducta durante la infancia.

La infancia es similarmente descrita como estresante. Las madres me cuentan de bebés que lloran todo el tiempo y son difíciles de alimentar. Hablan de una terrible depresión y sentimientos de estar completamente solas. Tener un bebé muy difícil de cuidar puede provocar sentimientos de insuficiencia y privación severa de sueño, los cuales pueden exacerbar una depresión preexistente.

Entrar a la niñez temprana, una etapa que en circunstancias normales es desafiante ya que los niños se esfuerzan por hacer valer sus identidades emergentes, puede ser una pesadilla cuando el niño ya tiene dificultades con la autoregulación. Estos niños a menudo tienen mayor sensibilidad sensorial. Se descompensan en el supermercado, cuando están abrumados por todos los sonidos y las imágenes. Ponerles ropa puede ser un calvario cuando no soportan la sensación de las mangas de la camisa, las etiquetas o las arrugas de los calcetines.

La educación preescolar es igualmente tensa. Puede que los niños tengan una ansiedad de separación grave, que se asocia comúnmente con años de conflicto y lucha entre padres e hijos. Los niños a menudo tienen dificultades con el espacio personal, otra manifestación de las dificultades de procesamiento sensorial. El comportamiento explosivo visto en el hogar puede aumentar en el salón de clases.

Puede que los padres describan un conflicto marital terrible. O que las madres estén criando a un niño por su cuenta. No es raro que las madres y los padres hayan experimentado traumas significativos en su propia infancia.

Una discusión más amplia de lo que es llamado “desregulación del temperamento” a los seis años o más está completamente fuera de lugar. Estos niños ciertamente no son “normales”, como se menciona a menudo como la alternativa para darles un diagnóstico. Ellos y sus familias están sufriendo terriblemente. Pero ponerles una etiqueta no logrará nada. Sólo facilita cobrar por los servicios de salud y, peor aún, justificar el uso de potentes medicamentos psiquiátricos en lugar de tratar la causa subyacente.

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