México, rehén de su mandato monetario

La Constitución podría convertir el recorte de tasas en sólo buenos deseos, señala Alfredo Coutiño; el experto afirma que el Banco Central se ha convertido en rehén de su propio mandato uniobjetivo.
Agustín Carstens Carstens  (Foto: CNN)
Alfredo Coutiño*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Los participantes del mercado han aumentado sus apuestas con respecto a un recorte de tasas antes del cierre del año, bajo el pretexto de apoyar a la economía ante el eventual deterioro en las condiciones externas. Sin embargo, el mandato constitucional antiinflacionario impuesto al Banco Central se ha convertido en un obstáculo contra el recorte de tasas, a menos que la inflación se sitúe por debajo de su objetivo. Limitación constitucional

En 1994 se le otorgó la autonomía al Banco de México y consecuentemente se le asignó un mandato monetario único: la estabilidad de precios. Este mandato antiinflacionario fue bastante exitoso en reducir la inflación a tasas congruentes con la estructura de la economía. Sin embargo, también limitó las posibilidades de poder utilizar la herramienta monetaria en tiempos de desaceleración económica, ya que la política monetaria no se puede usar para ningún otro propósito que no sea luchar contra la inflación.

Sin embargo, en los últimos meses el Banco Central, bajo el mando de su nuevo gobernador, ha abierto la puerta a la posibilidad de recortes en las tasas de interés en caso de que un mayor deterioro en las condiciones globales se convierta en una amenaza al desempeño económico de México. Desde entonces, el número de participantes del mercado que apuesta a un recorte de tasas ha aumentado de manera significativa. Recientemente, el banco también dejó entrever que las tasas podrían moverse en cualquier dirección, cosa que los mercados han ignorado.

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Los mercados parecen haber olvidado la acusación que ellos mismos hicieron en 2008, cuando el presidente mexicano sugirió un recorte de tasas para ayudar a que la economía evitara una recesión. Ahora, los mercados mexicanos parecen ignorar que existe un mandato constitucional que impide que el banco central disminuya la tasa de interés para apoyar el crecimiento.

El Banco Central se ha convertido en rehén de su propio mandato uniobjetivo y los mercados podrían quedarse esperando el tan ansiado recorte de tasas. Ya que las tasas de interés no solo no podrían reducirse, sino incluso aumentar el año entrante si la volatilidad financiera obliga al banco central a restringir las condiciones para restablecer la estabilidad de los mercados.

A final, el Banco de México podría decidir recortar la tasa de fondeo, que se encuentra actualmente en 4.5%. Sin embargo, la única manera en la que el instituto central podría justificar una disminución de tasas es si la inflación resulta ser inferior a su objetivo de 3% en los próximos meses. Así, el Banco de México podría argumentar que existe un proceso de desinflación en marcha y entonces justificar el recorte monetario. De otro modo, la autoridad monetaria podría ser acusada de violar su mandato constitucional antiinflacionario en aras de apoyar el crecimiento.

Modernización del instrumento monetario

Para evitar este tipo de acusaciones contra el mandato constitucional, existe una solución más permanente. México podría seguir el ejemplo de Brasil, donde los políticos están trabajando a marchas forzadas para otorgar un objetivo dual a la política monetaria del Banco Central, haciendo así al crecimiento económico parte del mandato constitucional junto al objetivo inflacionario.

El mandato dual no implica perder independencia monetaria, sino más bien representa la modernización del instrumento monetario para responder de mejor manera a eventos y condiciones inesperadas. Bajo el mandato dual, el Banco Central debe encontrar el balance de política para lograr el máximo crecimiento posible con un mínimo de inflación.

Los políticos mexicanos tendrían que otorgar al Banco de México el doble mandato monetario, dando la misma prioridad al crecimiento económico que a la inflación. Es cierto que los cambios estructurales son un tema apremiante en México, no sólo en términos de reformas económicas y a las instituciones, sino también en términos de modernización de la política económica. Darle mayor flexibilidad a las políticas fiscal y monetaria permitiría que las autoridades puedan respondan con oportunidad y en la medida adecuada a cambios repentinos en las condiciones internas y externas.

No obstante, dada la falta de flexibilidad de la política y la ausencia de un mandato monetario dual, la probabilidad de que se presenten recortes de tasas depende sobre todo de la inflación. Debido a que la inflación normalmente repunta a fines del año, básicamente como resultado de la tradicional realineación de los precios y tarifas públicos y dado que el peso seguirá bajo presión depreciatoria debido a la volatilidad financiera global, no se vislumbra una inflación por debajo de 3% en los próximos seis meses. Por el contrario, si la inflación aumenta, como resultado de la depreciación cambiaria y la realineación generalizada de precios, el Banco Central necesitará aumentar las tasas hacia una postura más neutral, ya que todavía se encuentran en territorio expansivo.

Cuando el crecimiento económico deje de ser un objetivo "implícito" para convertirse en un mandato constitucional, entonces la política monetaria estará verdaderamente al servicio de los mexicanos y del bienestar social.

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*El autor es Director para América Latina de Moody’s Analytics.

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