Los ojos sobre el WEF

Alberto Bello, director editorial de negocios de Grupo Expansión, platica el diario acontecer de la reunión del Foro Económico Mundial 2012 desde Davos, Suiza.
los ojos sobre el wef resulta

EUROPA PUSO LAS PIEZAS, SÓLO FALTA QUIÉN LAS MUEVA

Lunes 30 de enero de 2012, 08:50 horas

La indecisión europea y la revisión a la baja de las previsiones de crecimiento tienen a todos nerviosos. Pero las medidas ya tomadas dan motivos para el optimismo.

La eurozona lleva 18 meses en estado de implosión retardada. El dilema de sus líderes entre el ser y estar -entre ser globales y creer en el proyecto global o estar en campaña electoral preocupados por la política interna-, se cobrará un punto porcentual de crecimiento global en 2012. Las previsiones del Fondo Monetario Internacional echaron un jarro de agua fría en la cumbre de Davos, Suiza, con la previsión de 3.3% global, y la realidad de una recesión en Europa.

Pese a este panorama sombrío, las piezas están sobre la mesa, y sólo falta que uno de los jugadores dé el primer paso. "Tenemos la herramienta, ahora debemos hacer nuestra tarea", dijo en Davos la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, en cita prestada de Winston Churchill.

Lagarde mandó dos mensajes más: hay que hacerlo ahora, y "nadie es inmune" a la crisis del euro. Ni México, ni China; de ahí la urgencia de recorrer los últimos metros de acuerdos para retomar la recuperación.

Las piezas que están son los instrumentos financieros, los planes de ajuste, los fondos y mecanismos de estabilización, el reconocimiento de que Grecia no podrá pagarlo todo. Lo que falta es que alguien dé el primer paso. Más o menos, lo que dijo Calderón en Davos y lo que comentan los jefes de Hacienda y del Banco de México, que sin duda saben mucho de crisis de liquidez y solvencia.

Las razones de las parálisis hay que verlas en la competencia electoral de los países. Los proyectos de reelección del francés Nicolas Sarkozy, las elecciones locales alemanes que obligaron a Angela Merkel  presentar una faceta inflexible ante los griegos mientras el euro se desmoronaba, el ilusionismo previo de los socialistas españoles y la negación de Berlusconi en Italia provocaron que el mundo vaya a acumular cinco años de crisis no resuelta. No ayuda, obviamente, la guerra de desgaste de republicanos y demócratas en Estados Unidos mientras su sistema financiero sigue vulnerable, la deuda no se resuelve y los estados acumulan números rojos.

Ante estos hechos el Foro Económico Mundial habló de liderazgo, por pereza intelectual o por no llamar por su nombre a los errores institucionales que bloquean la toma de decisiones. Los mecanismos de decisión globales se han quedado claramente atrás, porque cada quien hizo lo que se le dio la gana mientras el barco se hundía, como Francesco Schettinos huyendo en la sombra del crucero encallado.

Davs termina con un tono más positivo del que se sentía al comienzo. Los ministros de Finanzas de España, Francia y Alemania comparten un lenguaje de competitividad, ajuste fiscal y reformas estructurales con una consistencia que no se veía en mucho tiempo. Los países emergentes, que habrán crecido en los últimos cinco años 35% frente al cero de Europa y Estados Unidos, han decidido tomar su nueva responsabilidad de locomotoras del mundo y presionar. La tranquilidad parece que llega, en lo que media Europa impone déficit cero y afronta dos años de recesión para retomar un crecimiento sostenible en el futuro.

Por los sufrimientos que veremos, más vale que de verdad esta vez vaya en serio. Los países emergentes, entre los que México cada vez pesa más, mientras tanto, darán el salto mortal de la convergencia con EU y Europa con una velocidad mayor a la que se esperaba.

¿CUÁNTOS EMPLEOS DESTRUYE Y CREA GOOGLE?

Sábado 28 de enero de 2012, 11:30 hrs

En los arranques de la revolución industrial inglesa el movimiento de los luditas reunió a los obreros que se oponían a los efectos del maquinismo sobre el trabajador manual. Inspirados por un tal Ned Ludd, que había volcado su furia destructora sobre un par de máquinas textiles en 1779, tuvieron su momento de gloria en la década de los 1810. Hoy, Ocupa Wall Street o los indignados europeos se enfrentan a algo parecido: una crisis de empleo que llegó para quedarse y cuyo origen está en un cambio tecnológico.

Un sistema financiero conectado todo el día y con una alta capacidad de computación fue responsable del colapso financiero y económico de 2008. Las librerías sucumben ante la multiplicación de los lectores digitales o las tabletas; las tiendas de discos ante iTunes y sus sucedáneos, y las agencias de viajes pierden su razón de ser cuando todos compramos los boletos en el portal de la aerolínea.

Bajo el nuevo paradigma tecnológico los empleos manufactureros difícilmente volverán a los países desarrollados "digan lo que digan algunos nombres prominentes", dijo maliciosamente Christopher A. Pissarides, premio Nobel de Economía de 2010, en alusión al mensaje a la nación de Barak Obama. Pese a la tasa de creación global de tres empleos por cada uno perdido en Europa o Estados Unidos, gracias a los bajos salarios de los países en desarrollos, la única salida para el desarrollo es generar una manufactura especialísima.  Es lo que se dice en México cuando se insiste en la necesidad de una mayor creación de valor.

En la guerra de culpas que ocasiona el desempleo generado por las eficiencias del cambio tecnológico,  Eric Schmidt, presidente de Google, que tiene 30,000 empleados de alto perfil -cada uno pasa al menos cinco entrevistas y aun así, su contratación es revisada personalmente por el cofundador de la empresa Larry Page- contó en Davos una parte de la historia que no se cuenta: "Faltan trabajadores altamente cualificados".  Google busca trabajadores acostumbrados a trabajar en equipo, preocupados por la sociedad y ante todo "busca la inteligencia creativa que resuelve un problema no anticipado", dijo Schmidt.

Este tipo de empleos, que representan entre 3% y 5% de la masa laboral, son escasos pero son los que generan el valor y el crecimiento del PIB. Pissarides pintó un panorama para el resto de nosotros: "Urgen empleos de servicio, enfermeras, cuidado a la tercera edad; esos son los empleos que crecerán". 

¿Dónde queda México? El fracaso de su sistema educativo lo dice todo: la mitad de los estudiantes de 15 años que siguen en la escuela obtuvieron un cero o uno en matemáticas. Sólo 2% obtuvo grados de excelencia. Lo opuesto a Corea, donde 54% de los estudiantes de Corea excedió, con una calificación de cinco o seis, según se analizó en la cena latinoamericana en Davos, ante la presencia del presidente Felipe Calderón y el presidente de Perú Ollanta Humala.

Un país así difícilmente va a poder anticipar el cambio tecnológico. Los empleos manufactureros crecerán durante un tiempo, en lo que los precios del petróleo encarezcan los fletes desde Asia y la crisis mantenga los salarios bajos. Cuando esto pase, empezaremos a lamentar la parálisis en que vive el tema que todos los candidatos presidenciales traen en su agenda.

"Si los hombres tienen el talento para inventar nuevas máquinas que dejan a los hombres sin trabajo, tienen el talento para volver a poner a trabajar a esos hombres", dijo alguna vez John F. Kennedy. Lo malo es cuando no tienen ese talento porque estudiaron en un sistema educativo que los condena al fracaso, al desempleo y a pelear por la supervivencia sin herramienta alguna. 

CALDERÓN EXIGE A EUROPA SOLUCIONES

Viernes 27 de enero de 2012, 6:00 hrs

Hay gestos que tienen mucho de simbólico, de cambio de era. Por ejemplo, que un presidente mexicano le lea la cartilla a Europa sobre sus desastrosas finanzas públicas y su incapacidad de resolver la crisis. El presidente Felipe Calderón fue aún más allá y ante un auditorio repleto en Davos le sugirió a Alemania que ponga más dinero sobre la mesa para detener el contagio de la crisis a Italia y España. Si Italia tiene apoyo de un país, digamos (pausa), Alemania, se recuperaría muy rápido, dijo.

Entre el público estaban el candidato del Partido Revolucionario Institucional a la presidencia, Enrique Peña Nieto, y empresarios mexicanos como José Antonio Fernández, director general de Femsa; Agustín Coppel, de Coppel; los fundadores de Compartamos, Carlos Labarthe y Carlos Danel, o el vicepresidente de Grupo Salinas Pedro Padilla.

La reunión prometía poco: una protocolaria presentación de la agenda esencial planteada por México para la reunión del G20 que se celebrará los días 18 y 19 de junio en Los Cabos, y un diálogo con el fundador de Microsoft Bill Gates.

Calderón prefirió tener un gesto que, según fuentes de su equipo, planteara el debate sustancial en términos en que los actores actuales no pueden hacerlo. Hay que crear un nuevo ambiente y crear confianza. "Hay que cambiar el círculo vicioso de incertidumbre, que eleva más las tasas, crea más incertidumbre, que las eleva aún más", advirtió Calderón.

El día previo en Davos, la canciller alemana Angela Merkel había puesto en su discurso del miércoles un límite a la solidaridad en Europa en que la solvencia de Alemania no se debilitara. Pero lo cierto es que el Mecanismo de Estabilización Financiera europeo (MEDE) que arrancó este enero  con un capital de 700,000 millones de euros, no ha logrado detener la crisis especulativa de la deuda europea.

Ante esta realidad, Calderón recordó varias lecciones aprendidas por Latinoamérica: la necesidad de la ayuda internacional, la distinción entre la crisis de solvencia (la de quienes como Grecia de ningún modo podrán pagar las deudas) y las de liquidez, creadas por el encarecimiento de las tasas ante la pérdida de confianza, como la que se da en Italia; la importancia de renegociar en las primeras (el prestamista debe tomar responsabilidad por actuar sin cuidado, dijo) y de una "muralla" en las segundas que impida la extensión de la crisis, a la que calificó de "bazooka" financiera antes de que se seque la pólvora. 

"Cuando más dinero comprometes para solucionar la crisis, menos gastas; cuanto menos comprometes, más te cuesta", afirmó.

Para llegar a estos puntos el presidente Calderón, que encabeza la presidencia del grupo de los 20 países más poderosos del mundo, hizo un recorrido sobre la historia de las crisis en Latinoamérica. Arrancó con los despilfarros fiscales de los 80 y la crisis de solvencia que generaron, que exigió una reestructura de la deuda de dos maneras: ordenada, con los bonos Brady; y desordenada.

Calderón repasó la crisis de 1995, una crisis de liquidez que se resolvió con el respaldo de Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional, y la crisis argentina originada por la defensa a ultranza durante tres años del tipo de cambio fijo del peso argentino con el dólar. "Estalló, con la pérdida de los ahorros de vidas, varios cambios de gobierno. Argentina creció 10 años después, ¿es esta la mejor alternativa para Grecia? No".

La ironía fue evidente desde que Calderón explicó el origen de la crisis europea como fruto de los excesos en el gasto. Incumplieron sus propios compromisos de no superar el déficit fiscal de 3%”.

Bill Gates le recordó a Calderón que los países de la zona euro no cuentan con una de las herramientas claves para la resolución de crisis: la depreciación de la divisa. "Si un país no puede cambiar su tipo de cambio, su proyecto debe ser de reformas estructurales que promuevan la competitividad y el crecimiento".

Por si reclamarles el despilfarro y sus medidas tibias fuera poco, Calderón sugirió que se puede compatibilizar medidas de ajuste, que tienen costos sociales de corto plazo, con freno a la pobreza, como el programa mexicano Oportunidades. Con él evitamos que una recesión de 6.5%, la de 2008-2009, trajera incremento de la pobreza".

Una vez concluida la presentación sobre Europa, Calderón presentó el programa planteado por México para la reunión del G20: la solución de los desequilibrios globales y el movimiento global hacia tipos de cambio más flexibles; el reforzamiento de los sistemas financieros y la protección de los usuarios de productos financieros; la inclusión financiera, la seguridad HACIA UN NUEVO CAPITALISMO, PERO ¿CUÁL?

Jueves 26 de enero de 2012, 06:00 hrs

Las reformas pendientes, quedó claro, no son sólo cosas de México. Europa presume en sus discursos desde los 1990 que será el continente más competitivo del mundo y el de mayor crecimiento, pero es incapaz de detonar ninguna de las dos cosas bajo la parálisis de su proceso de toma de decisiones.

La crisis está cambiando la situación, anunció al mundo ayer la canciller alemana Angela Merkel en Davos en una defensa y crítica del proyecto de ingeniería social europeo; la unión de 27 países multilingues y multiculturales bajo una sola bandera. Su intervención en el discurso inaugural del Foro Económico Mundial, precedido por unos bailes tradicionales suizos que dejaron a los asistentes un tanto desconcertados, mostró a la nueva dama de hierro de Europa, dispuesta a salvar el proyecto después de siglos de guerras  bajo principios de democracia, mercado y red social sostenible pero también en una disciplina fiscal férrea y mucha más competitividad.

Una Europa que no emplea a sus jóvenes, vino a decir Merkel, no puede pedirles que la apoyen. Una seguridad social que los deja sin futuro, agregó, no es sostenible.

No todos están de acuerdo. El contrapunto lo puso el financiero George Soros, quien reprochó en una comida con periodistas a Alemania que su énfasis en las medidas de contención del déficit puede hacer estallar a la unión. Unos países del sur con déficits fiscales superiores a 10% embarcados en subidas de impuestos y recortes del gasto social, vino a decir Soros, sólo pueden generar tensiones que romperán el euro y la Unión.

En el fondo la crisis del empleo que vive Europa y su crisis fiscal se interpretan en Davos como consecuencia de una dualidad de modelos económicos: el capitalismo de estado del este, que en estos momentos logra crecimientos consecutivos insólitos, y el capitalismo occidental.  Pero los economistas advierten también una crisis en los modelos que dibujan en sus pizarrones.

Una  mesa de discusión sobre la disciplina económica abordó la crisis existencial en que caen los economistas con las crisis. ¿Por qué no lo vieron venir?

El siempre polémico Nobel Joseph Stiglitz y el caza-burbujas Robert Schiller, quien predice burbujas financieras, discutieron cómo en los momentos de ruptura como el provocado por las nuevas tecnologías, los modelos económicos necesitan incorporar nuevas variables, y son necesarios unos años para lograr la estabilidad. Por ejemplo, los modelos económicos no incorporan algo tan esencial como es la banca -¿cómo opera? ¿cuáles son sus incentivos?-, responsable de última instancia de la crisis presente.

Los economistas deben acercarse a la neurociencia, aprender de los modelos que explican el comportamiento humano a nivel micro, más allá incluso de la llamada economista conductista (behavioural economics) que bien conocen los lectores del Nobel Daniel Kahneman (Thinking fast and slow).

Pero Davos es mucho más que este mapa de abstracciones. El arquitecto mexicano Enrique Norten presentó ayer su proyecto para rescatar Xochimilco, la zona de canales y plantíos al sur del Distrito Federal, y llenó su sala con el diálogo sobre la economía sostenible, la arquitectura al servicio del individuo y la política del urbanismo.

En un pueblito suizo en la ladera de los Alpes, lejos del rudo día a día, el grupo de los líderes globales entienden al fin que hay que dedicar unos minutos de reflexión a las individuos, jóvenes, como hizo Merkel, enojados, como hizo Soros o como alertó Paul Polman, presidente ejecutivo de Unilever, sobre los 1,000 millones de personas que cada día se meten en la cama con hambre. "Así, no es posible un mundo en paz".

UN MUNDO EN CAOS

Martes 24 de enero de 2012, 18:00 hrs

Son pésimos momentos para ser un líder político en el mundo. Hace 42 años, en la primera cita de Davos, los temas tratados por los empresarios, los académicos y políticos reunidos en este aldea de esquí suiza, a 1,560 metros de altura, fueron la guerra fría; la ruptura de los consensos de post guerra en la reunión de Bretton Woods, los desequilibrios norte-sur y las relaciones entre sindicatos y empresas.

Cinco temas solamente, recordaba ayer el fundador del encuentro de Davos en un ejercicio que invitaba a la nostalgia. 

Hoy la realidad es demasiada compleja. El Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) evalúa este año 50 variables que están dando forma a nuestro mundo. Y es obvio que nadie puede controlar tantas variables a la vez. 

¿Cuál es la consecuencia de que Alemania y Francia se acerquen hacia el mismo sistema fiscal? ¿Qué pasa si Grecia abandona el euro? ¿Y si China compra a Irán el petróleo que dejará de comprar Europa? Nadie tiene la respuesta definitiva.

Este año, Klaus Schwab, fundador del WEF, acuñó por eso un nuevo síndrome, el del líder político ‘burnt out', quemado, extenuado por la complejidad del mundo y la pequeñez y lo impredecible de las consecuencias de cuanto decide.

¿Cómo se van a poner de acuerdo Nicolas Sarkozy y Angela Merkel; Barack Obama y los republicanos? La globalización y la interconectividad hicieron el mundo más pequeño y plano, pero también crearon una complejidad inédita e hicieron cada vez más irrelevante al individuo y a su capacidad de incidir en la realidad. 

La teoría del caos y los modelos matemáticos creados para explicarlo tienen un lugar privilegiado entre los debates financieros y políticos.

Se entiende la preocupación porque igual de pequeño se siente el recién llegado a Davos. Hay diez eventos diferentes sucediendo a la misma hora; hay demasiada gente que conocer; se le ocurren demasiadas cosas que decir para las veces que le dan el micrófono. La interacción de tanto caos hace que se multipliquen los hallazgos creativos. 

Uno de los síntomas de la complejidad cae en forma de copos. Nunca había nevado tanto en Davos. ¿Es el cambio climático? La nieve cae y cae. El contingente de 5,000 militares que se ocupa de la seguridad vio ayer desfilar sobre la nieve apelmazada y el hielo traicionero a tambaleantes y muy abrigados visitantes de Tokio, Shanghai, Dubai o Santiago de Chile, llenos de entusiasmo y decisión. ¡A cambiar el mundo!, dicen sus caras.

¡A domar el caos!

El pabellón mexicano hace su particular esfuerzo. Las construcciones con las que el Gobierno quiere atraer a los inversionistas internacionales tenían su techito blanco de casa suiza. Los locutores de televisión buscaban locaciones repletas de blanco mullido mientras se celebraba el coctel de bienvenida y los hambrientos componían su particular teoría del caos acerca de si entregarse en el coctel a los quesos, la trucha o el tartar, mientras pasaban de un banquero peruano a una fundación multinacional, o a un emprendedor socarrón.

Schwab, pulcro y en su inglés de acento alemán, insistió en la imparcialidad, no ideología, apertura a todos y a todo, su apuesta por los nuevos líderes, los que tienen menos de 30 años, emprendedores, comprometidos, con capacidad de impacto.

Ante un mundo caótico, ante unos políticos desbordados, parece ser el mensaje, nada como un puñado de emprendedores con ganas de hacer algo en grande. Los grandes transformadores. Esos de los que no se queman aunque todo esté muy complicado.

EL AÑO DE LA GRAN TRANSFORMACIÓN

Martes 24 de enero de 2012, 06:00 hrs 

Este 2012 el Foro Económico Mundial anuncia que el mundo ya no será lo que era. ¿Oyó hablar de las profecías mayas? Quizá es el momento de abandonar todo escepticismo y creer en las profecías mayas. Los códices, nos dicen los que saben, anuncian un cambio de era o, de plano, el fin del mundo en este 2012.

La cumbre del Foro Económico Mundial que se celebra en Davos, Suiza, esta semana, sin darle el debido crédito a nuestros ancestros, por cierto, advierte de la ‘La gran transformación'.

Es el fin del mundo como lo conocíamos, y la reunión anual de montaña de los empresarios, los intelectuales y los políticos más poderosos del mundo aspira a poner un poco de orden en el caos -bajo el riesgo siempre de enredarlo un poco más.

La complejidad de un planeta que llegó a los 7,000 millones de habitantes lleva en su interior las semillas de la distopía, lo contrario de la utopía, dice Klaus Schwab, fundador e ideólogo del Fondo en su Informe sobre los Riesgos Globales para 2012.

Estados Unidos y Europa, asfixiados por déficits fiscales y serios problemas de empleo, ceden el paso a las economías emergentes -China, India, Latinoamérica-, quienes tienen el reto de tirar del carro del crecimiento global.

En el proceso abundan las amenazas inflacionarias y deflacionarias; las crisis medioambientales y demográficas; profundas diferencias de ingreso que podrían arrastrarnos a una época de deriva y, como están aprendiendo los ciudadanos de Grecia, de sufrimiento.

Por si esto no fuera poco, las consecuencias no deseadas de la regulación (en finanzas globales, el clima y la biodiversidad, las redes de transporte o las nuevas tecnologías) y el lado oscuro de la conectividad -la permanente amenaza de ciberataques-, acecharán como nubarrones de tormenta sobre Davos del 25 al 29 de enero. 

¿Le parece terrible? Tranquilo. Precisamente para eso se concibió el Foro Económico Mundial en 1971, según el entonces treintañero Schwab: para mejorar el estado del mundo. Ni más ni menos. Y son los años de crisis los que logran lo mejor de este encuentro.

Davos era a principio del siglo XX una aldea saturada de sanatorios para tuberculosos en los Alpes suizos. Su visitante más ilustre fue un personaje literario: el joven Hans Castorp, protagonista de La Montaña Mágica de Thomas Mann.

El pueblito se convirtió posteriormente en estación de esquí, pero su fama mundial arranca en 1971, cuando Schwab, un ingeniero y economista, diseñó un encuentro de académicos, empresarios y políticos para afrontar los graves problemas mundiales.

Era aquel un momento parecido al actual: en ese año de desequilibrios el presidente estadounidense Richard Nixon anunciaba el fin del patrón oro y el mundo adoptaba el dólar como moneda global.

Hoy, Schwab es un septuagenario lúcido, encantador y, sin duda, hábil combinación de político, académico y empresario. El Foro Económico Mundial no sólo celebra su cumbre anual en el frío enero, sino que además cuenta con sedes y eventos por todo el mundo.

Hoy China tiene trillones de dólares en sus reservas y el déficit fiscal de Estados Unidos supera el 10%, y al igual que en 1971, muchas decisiones están pendientes para restablecer los equilibrios globales.

Este año el presidente y CEO de Cinépolis, Alejandro Ramírez, es copresidente del comité organizador. El presidente Felipe Calderón explicará en un tête à tête con el fundador de Microsoft, Bill Gates, la agenda de la reunión del G20 que se celebrará en México el 18 y 19 de junio de 2012.

El candidato del PRI a la presidencia, Enrique Peña Nieto, participará en un panel sobre los modelos de crecimiento, y el ex presidente Ernesto Zedillo será figura en el panel que se abrirá a los riesgos de la ‘Distopía'.

La secretaría de Economía y ProMéxico apostaron por divulgar las bondades del país para la inversión extranjera, por lo que se contará con pabellón propio, con gran fiesta mexicana anunciada para la noche del viernes y varios autobuses decorados con publicidad del país.

Entre todo esto, habrá tiempo para debatir sobre la recomposición de los bancos y la teoría del caos, la importancia del cine como sistema, los riesgos de una bomba nuclear en Irán o cómo el arte puede inspirarnos.

El management también tiene su hueco y uno de los ejes principales de conferencias será el nuevo liderazgo para tiempos difíciles en las empresas.

Uno siempre se queda con la duda de si entre tanta saturación de contenido existe la posibilidad de que ocurra algo realmente relevante. Algo habrá cuando año con año los poderosos del mundo no faltan a la cita.

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Cuentan los habituales que los grandes momentos suceden tras bambalinas, en encuentros privados donde tal concentración de poder y dinero logra aterrizar agendas, planchar algunos acuerdos, cambiar percepciones.

En esta columna el periodista tratará de rascar bajo la superficie y contar día tras día lo más relevante que pase en este Davos 2012. Si los mayas anunciaban una nueva era o el fin del mundo que conocemos para finales de año, cuanto antes lo tengamos claro, mejor.

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