OPINIÓN: ¿Puede la exploración de los océanos reemplazar la era espacial?

Después de que las costosas misiones al espacio han llegado a su fin, descubrir los océanos puede generar la misma fascinación
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Philippe Cousteau
Autor: Philippe Cousteau | Otra fuente: 1
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Nota del Editor: Philippe Cousteau, corresponsal especial de CNN, continúa el legado de exploración del océano de su familia, incluido su difunto abuelo Jacques Cousteau, a través de su trabajo en EarthEcho International. La organización no lucrativa, que fundó junto con su madre y su hermana, impulsa a los jóvenes a involucrarse en causas del medio ambiente. Puedes seguirlo en su cuenta de twitter @pcousteau

(CNN) — “El espacio… la última frontera”. Esta frase no solo encantó a los muchos millones de fanáticos de saga de Star Treck. Muchos dirían que ha definido gran parte de los ideales americanos de los últimos 50 años. La década de 1960 fue dominada por la carrera a la luna y los americanos estuvieron orgullosos de haber sido la primera nación en conseguirlo.

Sin embargo, hubo otro gran evento en esa década del que ya nos olvidamos. El 23 de enero de 1960 dos hombres, el teniente Don Walsh y Jacques Picard, descendieron hacia la parte más profunda del océano por primera vez en la historia, el fondo del Challenger Deep, en la Fosa de las Islas Marianas, la parte más profunda del mar ubicada al oeste del Océano Pacífico. Mientras que esta hazaña fue destacada en las noticias internacionales, fue rápidamente opacada por la carrera a la luna, y eso que nadie ha ido más profundo desde entonces.

Y desde hace 50 años hemos seguido viendo hacia arriba, pero esa tendencia puede estar cambiando.

En julio del 2011, el programa del transporte aéreo que prometía revolucionar el viaje al espacio haciéndolo relativamente accesible, terminó después de 30 años. De esas tres décadas resultaron varios avances tecnológicos, científicos y diplomáticos. Con un costo estimado de cerca de 200,000 millones de dólares, el programa tuvo sus éxitos y fracasos. Sin embargo era una cuestión de orgullo para los Estados Unidos, capturaba el espíritu de innovación y el liderazgo americano.

Habiéndose acabado el icónico programa espacial, mucha gente se ha preguntado, “¿Qué sigue, cual es el siguiente gran paso para la innovación científica y tecnológica?”

Hoy puede haber una respuesta a esa pregunta, y no involucra torcernos el cuello para ver hacia el espacio. Finalmente, cada vez se reconoce más que algunos de los descubrimientos y oportunidades para innovación más importantes pueden estar dentro de lo que cubre más del 70% de nuestro planeta: el océano.

Podrías pensar que estoy haciendo menos el trabajo de mi abuelo Jaques Cousteau y de mi padre Philippe cuando digo que tan solo nos hemos mojado los dedos de los pies en cuanto a exploración del océano se refiere. Después de todo, mi abuelo coinventó el sistema de buceo moderno y el programa El mundo submarino de Jacques Cousteau le presentó el océano a varias generaciones.

Después de una década sólo hemos explorado el 10% del océano, un recurso esencial y un medio ambiente complejo que literalmente carga con la vida como la conocemos, la vida en la tierra.

Nosotros tenemos una oportunidad de oro y una necesidad para volver a capturar ese espíritu pionero. Una nueva era de exploración del océano puede rendir descubrimientos que ayudarían a revolucionar todo, desde avances médicos importantes hasta formas de energía sustentable. Toma en cuenta que el AZT, un tratamiento temprano para el SIDA, se deriva de la esponja de coral del Caribe, o que mucha de la energía, desde el viento mar adentro, a la geotérmica, aún no se han aprovechado.

Como regalos sin abrir debajo del árbol de navidad, el océano es como un tesoro escondido de conocimiento. Además, esos descubrimientos tendrán un impacto tremendo en el crecimiento de la economía, creando empleos al igual que tecnología y bienes.

Aparte de nuevos descubrimientos, también tenemos la oportunidad de corregir el camino cuando se trata de la administración de nuestros océanos. La investigación y la exploración pueden ir de la mano con el manejo de los recursos y la conservación.

Mientras que los Estados Unidos han estado explorando el espacio desde hace varias décadas, hemos explotado y contaminado nuestros océanos con una rapidez alarmante sin dedicarle el tiempo o los recursos necesarios para entender realmente el papel tan importante que tienen en el futuro del planeta. No es trivial decir que los océanos son el sistema que soporta la vida de este planeta, proporcionándonos el 70% de nuestro oxígeno, al igual que es una fuente principal de proteína para billones de personas, sin mencionar la regulación de nuestro clima.

A pesar de este papel de proveedor de vida, el mundo ha pescado, minado y traficado los recursos del océano hasta el punto en que ahora estamos viendo impactos dramáticos que están afectando las vidas de las generaciones de hoy. Y ese impacto continuará mientras la población se acerque a los 7,000 millones de personas, añadiendo estrés a los recursos del mundo como nadie ha tenido que enfrentar jamás.

A la larga, destruir nuestros recursos oceánicos es un mal negocio con consecuencias devastadoras para la economía global, y la salud y la sustentabilidad de las criaturas, incluyendo a los humanos. La planeación del territorio marino, los santuarios marinos, la conservación de las especies, estrategias de pesca sustentables y más, deben de ser parte de cualquier programa de exploración y conservación del océano para darnos una esperanza de restaurarle la salud a nuestro océanos.

Si bien hay muchas cosas por aprender y descubrir a través de la exploración del espacio, también tenemos que ponerle atención a nuestro mundo sin explorar aquí en la tierra. Nuestro siguiente gran salto hacia lo desconocido puede ser tan emocionante y atrevido como nuestro pionero trabajo en el espacio.

Esta misión posee la misma habilidad para sorprendernos: mundos extraterrestres, hazañas tecnológicas encantadoras y el misterio de lo desconocido. Los Estados Unidos tienen el músculo científico, el know-how diplomático y el espíritu empresarial para guiar al mundo a explorar y proteger nuestra frontera oceánica.

Para que los océanos sigan dándole vida a futuras generaciones, ahora necesitamos el llamado del público, el deseo político y valentía para sumergirnos.

Hoy podemos dar un gran paso en esa dirección y espero que sea sólo el principio.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Philippe Cousteau.

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