OPINIÓN: Mexicano por elección, así lo decidió el escritor Carlos Fuentes

Su relación con México implicó la elección de la carrera de escritor, de la lengua española, pero sobre todo de la nacionalidad mexicana
Carlos Fuentes en París
Carlos Fuentes en París  Carlos Fuentes en París
Autor: Georgina García Gutiérrez-Vélez | Otra fuente: 1

Nota del Editor: Georgina García Gutiérrez Vélez es investigadora del Instituto de Investigaciones Filológicas (IIF) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y profesora de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la misma casa de estudios. Es autora de artículos y libros sobre Carlos Fuentes, compiladora de volúmenes colectivos sobre el autor y coordinó el Congreso "La región más transparente, 50 años después", organizado por la UNAM en el 2008.

(CNN) – Carlos Fuentes, uno de los habitantes de este país que más pueden enorgullecer a México, ganó su nacionalidad mexicana con una producción literaria integral, crítica e innovadora. En novelas, libros de cuentos, artículos y ensayos, Carlos Fuentes se ocupó de México, su tema central.

En la adolescencia, desde que regresó a México a los 16 años en 1944, vivió en una nación cuyos círculos intelectuales, artísticos y políticos, discutían sobre la identidad nacional. El marco de los debates era la polémica entre nacionalismo y cosmopolitismo. Mientras, él experimentaba inquietudes profundas acerca de su propio ser, de su relación con México, de su vocación literaria.

Después de crecer, como decía en Tiempo mexicano, en “las embajadas que la lotería diplomática fue asignando a mis padres: Río de Janeiro, Montevideo, Washington, Santiago de Chile, Lima, Buenos Aires”, el regreso a México le descubrió no solo a su país, sino también la necesidad de escribir sobre él.

En varios escritos, Carlos Fuentes reveló la importancia de haber seguido una vocación literaria para responder a las preguntas que México le proponía. Su relación con México, intensa, emocional, implicó la elección de la carrera de escritor, y para trascender, de la lengua española, pero sobre todo de la nacionalidad mexicana. La identidad mexicana en Carlos Fuentes es una convicción y una voluntad de ser.

Cada obra  renueva ese compromiso profundo, existencial. Por no haber nacido en México, sino en Panamá el 11 de noviembre de 1928, y por la infancia lejos de su patria, muy pronto recibió ataques, igual que sus cuentos con temas cosmopolitas o universales. Desde mi punto de vista, eso implicaba una especie de “nacionalismo” de sus críticos, por cierto, torpe, chovinista e intolerante, superficial, más bien producto de la envidia y la ignorancia.

Cuando regresó a México en 1944, Fuentes se enamoró de México con una pasión intensa que en ocasiones demandaba distancia, para ver con la perspectiva adecuada al objeto amado. Desde entonces, cada regreso reavivaba la relación y la escritura, sobre todo a partir de La región más transparente (1958), publicada cuando tenía 29 años, y con la que renovó el género novelístico y empezó una especie de examen de México, tanto del país como de la capital.

En sus últimas obras, que mostraban su enorme preocupación por lo que sucedía en México, La silla del águila (2003), La voluntad y la fortuna  (2008) y Adán en Edén (2009), completó ese retrato con una nueva estética del horror acorde a lo que vive el país en el siglo XXI. La juventud desperdiciada, sin empleo o educación, era una de las preocupaciones más importantes de Carlos Fuentes. Si el sistema no toma en cuenta a los jóvenes, nos dice su obra, México sacrifica su futuro. En 1994, en un homenaje póstumo del Ayuntamiento de Xalapa a Rafael Fuentes, padre del escritor, oriundo de esa ciudad, Carlos Fuentes fue declarado “Hijo predilecto de Xalapa y ciudadano veracruzano por nacimiento”. En un conmovedor discurso, "Mi casa veracruzana. Oración filial en Jalapa", Carlos Fuentes agradeció a la ciudad el homenaje a su padre.

Pocos mexicanos habrán elegido serlo o habrán ganado su nacionalidad a pulso con un legado como la producción literaria de Carlos Fuentes. Al margen de la desgastada polémica entre nacionalismo y cosmopolitismo, de las fronteras entre países y literaturas, contra lo que combatió Carlos Fuentes, hay que reconocer que con su obra, universal y mexicana a la vez, el escritor ganó un lugar destacado en la literatura mundial.

Es de los mejores novelistas, de los mejores cuentistas y ensayistas, de los mejores escritores de literatura fantástica de todo el mundo. Traducido muy pronto a numerosas lenguas, reconocido en México y fuera de México, Carlos Fuentes es un escritor mexicano, hispanoamericano, universal.

Murió en la Ciudad de México que tanto amó y retrató. Pero queda viva su obra. Hay que leer a Carlos Fuentes para entender lo que es un compromiso con México.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Georgina García Gutiérrez Vélez.

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